Utopía 120: ¿Necesitamos a Dios?

En este número de nuestra revista vamos a reflexionar sobre un tema que algunos pensarían que es innecesario plantear, ya que somos creyentes. Pero para reavivar nuestra fe debemos hacernos conscientes de la imagen que tenemos de Dios.

Es fundamental identificar a qué Dios seguimos y a dónde nos está llevando, como personas y como institución.

Además, debemos cuestionarnos si el Dios de nuestra familia es el Dios que tiene sentido en nuestra actual cultura, sin perder la esencia del Dios cristiano, el Dios de Jesús de Nazaret. Tenemos que actualizar ese Dios que ha perdido significado en los nuevos contextos. La disciplina teológica no puede vivir al margen de las otras disciplinas científicas.

Nuestras madres y padres se criaron y vivieron en una dictadura cuasiteocráctica, con un modelo de familia basado en la autoridad y la distribución de tareas por género, tanto en la casa como en la sociedad. El objetivo de la vida era el trabajo, “trabajar para comer” y “si no trabajas, no comes”. Ese modelo de familia reproduce un modelo jerárquico de poder y de funciones en la sociedad, un modelo patriarcal. Si no se cumplen las expectativas familiares de este modelo, comienzan los conflictos internos que posteriormente se expanden en el ámbito social. Y este modelo jerárquico patriarcal es el que existía y existe en la Iglesia Católica, en la mayoría de Iglesias Cristianas y en otras Religiones.

En nuestra sociedad, donde es inviable el pleno empleo y se tiende a un trabajo desarrollado por robots, no se puede vincular el trabajo con los derechos fundamentales. Las personas que no tienen trabajo se sitúan en el margen de la sociedad. Ese modelo de familia representa a un Dios varón, todopoderoso y jerárquico, que se sitúa por encima de las necesidades reales de las personas y de la vida cotidiana. Nos hemos quedado en una imagen de un Dios encerrado en una vasija vieja.

En muchas ocasiones, nos encontramos con un Dios Padre racional y cumplidor, que olvida lo emocional y lo sentimental. Este es el Dios Padre del Antiguo Testamento, que riñe, legisla y excluye. El camino para cambiar esa imagen de Dios ya está indicado: es el de la Madre/Padre del hijo pródigo del Nuevo Testamento que acoge, ama y posibilita la vida de sus hijas e hijos en toda su diversidad, que nos llama a vivir como hermanas y hermanos en fraternidad, donde unos hermanos no pueden permitir que otras de sus hermanas y hermanos pasen hambre, no tengan acceso a la salud, educación, etc.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*