TODA UNA SUERTE

Emiliano de Tapia

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En los días finales del mes de febrero del año 2001 comenzábamos a tocar de cerca la realidad de la inmigración y su problemática más dolorosa, que solamente se es consciente de ella verdaderamente cuanto se toca y se comparte de cerca, cuando se convive con ella.

Quince personas ya maduras, aunque jóvenes, algunos de ellos padres de familia, habían sufrido el engaño de un supuesto empresario que les iba a contratar.

No podían volver a Bolivia. ¿ Cómo dar marcha atrás en esta aventura? ¡ Imposible!. Para las personas que conocíamos a algunos de los inmigrantes, para la Parroquia de Sta. Mª de Nazaret, en Salamanca y para la Asociación de Desarrollo Comunitario, este encuentro casual, mirado en la perspectiva del tiempo, fue toda una suerte. No hemos tenido que hablar de solidaridad, hemos podido vivir de cerca la solidaridad. No hemos tenido que hablar de justicia, hemos podido exigir y exigirnos justicia para un mundo más fraterno.

A esta realidad de quince, fue con el paso del tiempo añadiéndose la presencia de otras muchas más personas que demandan de  nuestro mundo rico un  trocito en el justo reparto de la tarta en bienes y servicios de todo tipo ( acogida, información, trabajo, cercanía, formación, organización, etc.) y que con obligación debemos hacerles  partícipes, o al menos así lo creemos muchos de nosotros.

Ha sido y está siendo un tiempo de gracia. Nuestra casa e infraestructuras, nuestros programas y recursos, nuestras acciones y organización hasta este tiempo puestos al servicio de los de aquí, se convierten también, por “obligación y justicia”, en recursos, acciones  e infraestructuras al servicio de los que vienen de allá, convencidos de encontrar un lugar en esta tierra de todos y para todos.

A día de hoy, de aquellas quince personas durante estos seis años, la población solamente boliviana con la que mantenemos contacto y apoyo en Salamanca es de más de 700 hombres y mujeres, jóvenes y niños.

La Parroquia, la Asociación o la Universidad Popular, han sido medios en los que nos hemos apoyado y  seguimos haciéndolo, para que toda persona o familia inmigrante (con papeles o sin ellos) que se acerque, pueda encontrar acogida y orientación para que se sienta protagonista del futuro que busca y, si así lo requieren, ser con ellos voz e instrumento de denuncia y reivindicación.

En medio de este acompañamiento a personas inmigrantes, la realidad de la cárcel 63 Vivir 6

nos ha acercado e implicado con otra de las caras de las múltiples situaciones donde esta sociedad tan injusta nos sitúa: los que  desde la cárcel carecen, como los inmigrantes, del apoyo familiar, de los papeles de la acogida, de lo mínimo que necesitan para encontrar aquello que un día vinieron buscando.

El encuentro con ellos dentro de la cárcel, la acogida en  los permisos, o el inicio de la condicional o de la libertad definitiva, se han convertido para las personas que, como equipo trabajamos desde el espacio de la Parroquia o desde la Asociación, en el reto y en una tarea, muchas veces difícil, pero siempre ilusionante, creativo y esperanzador.

El inmigrante que pasa por la cárcel, en muchos casos sin actitud delicuencial alguna, como muchos de los presos que solamente su pobreza les ha llevado hasta ella, es doblemente víctima:  por una parte de la sociedad globalmente considerada, y de la misma estancia en la cárcel que, debido a distintas razones, se convierte en un espacio deshumanizador de consecuencias muy dolorosas.

La acogida, el acompañamiento y la inserción socio-económica e integral nos empuja a poner los distintos instrumentos y las infraestructuras más adecuadas para llevar a cabo dignamente esta tarea.

Junto con la situación de otros colectivos, droga-inmigrantes-cárcel, son motivos permanentes de provocación y denuncia desde la praxis diaria a la sociedad y en especial a las instituciones públicas, que de manera concreta están siendo correo de transmisión  intolerable ante los ciudadanos.

Apuestas arriesgadas, “ilegales” y significativas, por su carga profunda de humanidad, están siendo camino irrenunciable y gozoso de nuestro quehacer.

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