SOLIDARIDAD INTERNACIONAL CON AMINETU HAIDAR

Luis Pernía Ibáñez (CCP – Antequera)

 “ Para mejor arder, me apago” 

Enmarcada en su colorida melfa, el traje típico de las mujeres sahrauis, piel pálida y con gafas, que dejan traslucir unos grandes ojos, cuerpo frágil, pero con actitud firme, con la mano hace una uve, signo de la victoria y de la paz. Ésta es Aminetu Haidar, una saharaui de 42 años con dos hijos, cuyo currículum está marcado por una lucha constante por la independencia y los derechos humanos en el Sahara Occidental.

Haidar reside en la ciudad ocupada de El Aaiún y fue allí, en el año 1987, cuando se sumó a la trágica lista de saharauis víctimas de la policía marroquí. “Con 20 años sufrí el peor de los crímenes, relata ella misma. Me raptaron por la noche de la casa de mis padres y estuve 3 años y varios meses retenida en una mazmorra, en un lugar del que nadie tenía conocimiento”. En aquel lugar, y durante todo ese tiempo, ella y 63 personas más malvivieron con los ojos vendados y alimentándose de una comida plagada de basura e insectos. Durante tres semanas, aguantaron continuas torturas e interrogatorios.

Haidar ha participado en importantes iniciativas, como el Comité de coordinación de las víctimas de desapariciones forzadas y de detenidos del Sahara, en 1994; el Comité para la Liberación de Sidi Mohamed Daddach y todos los detenidos saharauis, en 2001; el Comité preparatorio de información sobre desaparecidos saharauis, en 2002; o el Comité por la liberación de Ali Salem Tamek y los detenidos saharauis, en 2003. En mayo de este año, Haidar participó en las manifestaciones para denunciar el aumento de la represión marroquí, que ha causado centenares de detenidos, encarcelamientos ilegales, torturas y al menos un asesinado. El 17 de junio de 2005 fue encarcelada tras ser apaleada brutalmente por la policía cuando organizaba una manifestación en la ciudad de Smara. El 13 de diciembre de ese año un tribunal marroquí la condenó a siete meses de prisión y a sus trece compañeros a penas de hasta tres años de presidio, en unos procesos claramente irregulares según los observadores internacionales presentes, como Amnistía Internacional y el Consejo General de la Abogacía Española.

Cuando ya se han cumplido tres décadas de la ocupación del Sahara Occidental y del exilio de buena parte de sus ciudadanos en la Hamada argelina, la concesión del V Premio Juan María Bandrés a Haidar en 2005 es un reconocimiento a la dignidad de su lucha. En noviembre de 2006 realizó un periplo por diferentes continentes, durante seis meses viajó por Suecia, España, Bélgica, Italia, Sudáfrica, EEUU, Francia, Suiza y Holanda, para dar a conocer la lucha del pueblo saharaui por su autodeterminación.

Esta mujer de aspecto frágil, pero de resistencia de acero ante las brutales muestras de violencia de Marruecos en su persona, no desfallece. Una muestra de su carácter es el detalle que protagonizó a su regreso al Sahara Occidental el 13 de noviembre de 2009, a bordo de un avión de la compañía Binter, a la ciudad ocupada del Aaiún a su regreso de un viaje a EE UU. En Nueva York fue galardonada, a finales de octubre, con el Premio Coraje Civil 2009 de la Fundación Train por su defensa de los derechos humanos en la antigua colonia española. Una vez aterrizado el avión, los pasajeros recibieron a través de los altavoces la orden de bajar del avión descendiendo en primer lugar los pasajeros con ciudadanía marroquí, solicitando a los de distinta nacionalidad permanecer en sus asientos hasta nuevo aviso. La señora Aminetu Haidar continuó sentada respondiendo a las azafatas que ella no era marroquí, por lo que debía permanecer sentada hasta que se permitiera descender a los pasajeros extranjeros. El piloto intervino ante la negativa de Aminetu a descender del avión con el resto de los pasajeros marroquíes, y ésta le respondió que ella era ciudadana saharaui con documentos elaborados por el colonialismo marroquí. El piloto contactó con los comisarios de la policía informándoles del caso, invitando a Haidar a descender del avión. Aminetu, sonriente y erguida, pasó todos los controles aeroportuarios y saludó a todos los saharauis que allí se encontraban con la uve de victoria. Pero después de cruzar la Terminal y esperar su turno en la fila, portando ya su pasaporte y tarjeta de llegada, es requerida por la policía marroquí y es llevada a dependencias policiales donde es interrogada largamente. Al día siguiente es conducida al avión de la compañía Top Fly El Aaiún a Canarias donde advierte al piloto que sus documentos habían sido requisados y que no quería viajar a territorio español. La policía marroquí presiona insistentemente al piloto, que mantiene su negativa a llevarla sin documentación,

pero una llamada desde Madrid le fuerza a llevar a Aminetu a Canarias.

El día 14 de noviembre de 2009 llega al mediodía a Lanzarote donde se negó a desembarcar durante una hora hasta que la policía la convenció de que lo hiciera. Su deseo era coger cuanto antes un vuelo de regreso a la capital sahariana. Ante la imposibilidad inició en el propio aeropuerto de Lanzarote una huelga de hambre que duró 32 días y que generó como una piedra que se tira al estanque, círculos de solidaridad cada más amplios que transcendieron el hecho en sí de la huelga de hambre y pusieron sobre el tapete la ilegal ocupación del Sahara Occidental por Marruecos. La solidaridad con Aminetu llegó desde todos los rincones del mundo, particularmente desde las organizaciones prosociales, pero también de escritores (Saramago o Eduardo Galeano), artistas de cine, músicos, políticos y gente de a pie. Cabe destacar a la Asociación de Defensa de los Derechos Humanos del Colegio de Abogados de Nueva York “Bar of the City of New York”, que reúne a más de 23.000 miembros en 50 países, que consideró que la situación de Aminetu Haidar, en huelga de hambre en el aeropuerto de Lanzarote, violaba la legislación internacional, la marroquí y la española. En una carta dirigida al presidente José Luis Rodríguez Zapatero y al embajador de Marruecos en Washington, Abbas El Fassi, “Bar of the City of New York” pidió a España y a Marruecos adoptar las medidas necesarias para asegurar el regreso inmediato de Haidar a El Aaiún. La presidenta de “Bar of the City of New York”, Patricia M. Hynes, remitió copia de la carta a la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton; al Parlamento Europeo, a Amnistía Internacional y a Human Rights Advisory Council. Al principio ni siquiera las presiones de Estados Unidos, su gran aliado y protector, hicieron mella en Marruecos. Tampoco sirvieron para nada las de España, su generoso vecino y valedor ante la UE. La misma suerte estéril corrió la mediación de Naciones Unidas. Rabat dio calabazas sucesivamente a Miguel Ángel Moratinos, a Hillary Clinton y a Ban Ki-moon. Pero el Reino de Marruecos, acorralado internacionalmente, restituyó el pasaporte y el permiso a viajar a El Aaiún a Haidar.

En España la Plataforma de solidaridad con Aminetu Haidar y la Coordinadora estatal de Asociaciones solidarias con el Sahara (CEAS) gestionaron numerosas acciones de apoyo a Haidar en todo el territorio español. Muchas personas hemos hecho nuestra la causa de Aminetu. “Yo también soy Aminetu”, decíamos. Llamada La Pasionaria o la Gandhi saharaui, ante la torpeza enraizada en la prepotencia de los dictadores, se ha convertido en la imagen y la voz de todos aquellos hombres y mujeres que pelean, en tantos y tantos rincones de este planeta, por abrir espacios de libertad y de justicia universal. Desde la admiración y el respeto, Aminetu, sin miedo, sin dudas, me trae a la memoria los versos de Octavio Paz: “Para mejor arder, me apago”.

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