Situaciones más dolorosas de la cárcel

Emiliano de Tapia.

 Imposibilidad de conseguir uno de los objetivos prioritarios y esenciales de las cárceles, la reinserción, como consecuencia de la masificación, de la falta de medios y sobre todo de ser víctimas de un sistema judicial y penitenciario más punitivo que reinsertivo.

Despersonalización, a pesar de que la entrada en la cárcel no debiera suponer más que la pérdida de un derecho fundamental, el de la libertad, y así lo reconoce el derecho penitenciario, la realidad es muy distinta: el sistema carcelario actual convierte al interno en un ser sumiso, sin opinión ni parte, con pérdida de autoestima, dependiente y por todo ello deshumanizado.

En estos últimos años, muy especialmente, se ha vivido una situación muy preocupante y dolorosa. Porque la cárcel está en la sociedad y es reflejo de lo que acontece en la sociedad sufre las presiones de esta misma sociedad y de políticas represivas.

Cada vez que situaciones de difícil solución crean problemas en el seno de esta sociedad (emigración, actos delictivos más sensibles), la cárcel y su sistema, sin ir a la raíz de los problemas, sufre una “vuelta de tuerca” en medidas represivas.   En los últimos diez años así ha sucedido de manera reiterada en los cambios más duros del sistema penal y penitenciario.

Aún siendo las leyes en ciertos casos instrumento y posibilidad de camino para la reinserción, la aplicación de éstas se convierte en algo tan subjetivo y sujetas a tantas interpretaciones (políticas del gobierno, cargos ministeriales en interior, director del centro, jueces, subdirector de tratamiento y equipo, jefes de servicio y otros profesionales), que resulta real y contradictorio el hecho de que estas leyes se apliquen con menos generosidad que las mismas posibilidades que dan en sí mismas. Estas leyes, tan sometidas a interpretación, que dan derechos pero que a quienes las tienen que llevarlas a cabo no les obligan, suponen permanentemente un ejercicio de ansiedad no satisfecho y, en la mayoría de los casos, un motivo de desilusión, desesperanza y desconfianza en la persona presa. (Tengo derecho a permisos o a tercer grado, pero no obligación de concederlos. Actuaciones con ciertas personas presas en aplicaciones de las leyes cuando menos de agravio comparativo).

A pesar de lo ordenado y planteado por la ley, uno de los más graves motivos de dolor en personas presas es el hecho de no favorecer desde el sistema penitenciario las relaciones entre el interno y la familia. Del desarraigo familiar y social, derivado de la lejanía de la persona presa y su medio más cercano, lamentablemente hace que nadie gane y perdamos todos. El sistema de comunicaciones (días, horarios, espacios físicos), no posibilita que se planifiquen los encuentros con las familias para favorecer esta dimensión tan necesaria e imprescindible en cualquier persona.  Las comunicaciones telefónicas son deficitarias como consecuencia de la masificación y esto deriva en enfrentamientos, en soportar la ley del más fuerte y en definitiva en un gran malestar general.

Una verdadera apuesta por la reinserción necesita de medios suficientes en servicios sanitarios, en atención psicológica, en servicios sociales, en atención formativa o en posibilidades laborales; pero no es el caso. Medios limitados, materiales y personales, hacen que no se pueda llegar en muchas personas presas al equilibrio personal, social y cultural necesario.  Cuántos presos viven en un desequilibrio personal sin afrontar y que se va a manifestar sobre todo cuando salga de la cárcel y se vuelva a reencontrar con la sociedad.

El reconocimiento y arrepentimiento de la culpa, la posible reparación con la víctima en muchos casos no puede producirse como consecuencia de estos desequilibrios no evaluados y atendidos.

Siendo la prisión una estructura de violencia y un mecanismo de castigo, podemos explicarnos el dolor en tantas personas y familias, en la misma sociedad. No olvidemos que una persona en la cárcel es toda su familia en la cárcel, en la mayoría de los casos. Muchas vidas en prisión se olvidan de su culpabilidad de haber ocasionado víctimas y son ellos mismos quienes se convierten en víctimas como consecuencia de la rebelión y el odio que la misma cárcel encierra en ellos.

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