Reflexión: Religión y ética.

Aportaciones a la vida en el planeta

Evaristo Villar

Religión y ética han sido en la historia las dos vías de acceso en la  materialización de los sueños de convivencia y vinculación con la tierra de los humanos. Desde su compleja relación en el presente, cabe preguntar si su interrelación podría proporcionarnos unos mínimos compartidos que nos permitan dar cuerpo a un proyecto de Ética Mundial

Los sueños permanecen

En la vida se nos van cayendo muchos mitos y fantasías, desaparecen costumbres e ideologías, pero, como afirma reiteradamente Leonardo Boff, permanecen siempre nuestros sueños. Sueños que nos sacan de la rutina y abren “horizontes de esperanza” hacia otras formas de realidad. Sueños, en fin, especialmente necesarios en situaciones que, como la actual, se presentan cerradas, regresivas y amenazantes.

Quienquiera que se asome a la geopolítica mundial en estos días difícilmente podrá evitar la preocupación por lo que está acaeciendo: un mundo desarticulado y roto, desgobernado y atravesado por toda suerte de conflictos y protestas sociales y políticas; amenazado, además, por el posible desastre ecológico.

No voy a hacer un florilegio de los males que nos aquejan para no fomentar la depre. Simplemente quiero fijar un marco real para hacer espacio a nuestros sueños.

También hoy tenemos necesidad de soñar

Dar suelta a los sueños en este contexto, me lleva, por contraste, a dibujar una convivencia gratificante donde todos los humanos podamos vivir en familia, en armonía con la naturaleza y morando en la misma casa común; una convivencia en la que estén integradas, y vinculadas con la inmensa cadena de la vida, todas las razas y culturas, todas las etnias y formas de vida; una familia y una casa común donde se comparta la mesa y el cuidado mutuo sea espontáneo, alegre y gratuito como el aire y el sol. Este sueño me proyecta, además, hasta la Fuente originaria de donde todo emerge, en donde todo se religa y es atraído como último destino.

En la persecución de nuestros sueños, hemos emprendido muchos caminos y fracasado en tantos otros. Prometeo, robando el fuego a los dioses y entregándolo, contra la ira de Zeus, a los humanos, puede ser una brillante expresión de este esfuerzo.

Los dos caminos que han posibilitado nuestra andadura

Dos caminos se han venido afirmando sobre todos los demás en este empeño, la religión y la ética. Aunque limitados y habitualmente en paralelo y de espaldas, ambos, desde su campo respectivo, no han dejado de abrir cauces imaginativos y prácticos para la realización de los grandes sueños de la humanidad: la religión como horizonte de sentido y nicho de valores, y la ética proporcionado marcos compartidos y formas de convivencia entre los humanos y modos de religación con la naturaleza.

La religión, fuente de valores y de unión           

Frente a quienes quieren ver en la religión una fuente de desorientación, división y discriminación entre los humanos, cabe destacar que, junto al comercio (dinero) y los imperios, la religión ha sido “la tercera gran fuerza unificadora de la humanidad” (Harari, Sapiens, 2015). En muchas sociedades sigue siendo aún su principal fuente de valores y vehículos normativos.

Es cierto que no ha conseguido ser en el mundo actual una propuesta universal, pero, dada la fragilidad del ordenamiento jurídico e institucional de las sociedades, la religión, desde su “legitimación sobrehumana” (no dependiente de consensos, ni caprichos humanos), ha contribuido en gran manera a la estabilidad social y política de muchas sociedades.

La ética, productora de códigos universales

En paralelo, la ética (fruto de la razón crítica) está ocupando mayor espacio cada día en las sociedades abiertas, religiosamente laicas y socialmente multiétnicas y multiculturales. La convivencia entre la ciudadanía y la relación con la naturaleza ya no se establece políticamente por leyes religiosas.

Desde el Siglo de la Luces (y ya antes con el despertar de la filosofía en Grecia) la razón ha venido mostrando ser uno de los resortes más eficaces en la producción de códigos éticos universales, fundados en la experiencia.

Pero, con la presencia dominante del factor científico-técnico, la misma ética racional está hoy sumida en una crisis profunda. ¡Cómo alumbrar códigos morales compartidos y permanentes entre tanta diversidad! “¿Quién, se pregunta Leonardo Boff, tiene suficiente autoridad para decirnos lo que todavía es bueno o malo, lo que todavía vale?” (Introducción a Ética y Moral. La búsqueda de los fundamentos, 2004).

Hacia una ética mundial

Aunque limitadas y frecuentemente a la greña, la religión y la ética siguen siendo las dos vías que tenemos actualmente a mano para enfrentar los graves desafíos que nos presenta la deriva del mundo actual.

Es verdad que la relación entre ambas ha sido siempre, y más en nuestros días, “compleja y difícil” (Amelia Valcárcel, Ética y religiones, en Pensando la religión. Homenaje a Manuel Fraijó, 2013). No obstante, aun para los más acérrimos defensores de la vía exclusivamente racional y laica, hay algunos datos que podrían dar qué pensar, al menos.

Por ejemplo, la contundente afirmación de Samuel P. Huntington en El choque de las civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial: “En el mundo moderno, la religión es una fuerza fundamental… lo que en último análisis cuenta para las personas no es la ideología política, ni el interés económico… sino las convicciones religiosas” (Cfr. Leonardo Boff, www.servicioskoinoia.org).

Por su parte, Hans Küng ha intentado descubrir en las grandes religiones unos mínimos éticos compartidos capaces dar cuerpo a “una ética mundial”.  ¿Será este el camino a seguir en el futuro?

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