Reflexión: Propuestas positivas al servicio de la vida

Luis Pernía Ibáñez

(CCP de Antequera)

En un mundo loco y desnortado poner la vida en el centro significa construir políticas, culturas y comunidades que tengan como prioridad garantizar una vida decente

Fue curioso que en la última campaña electoral, en nuestro país, varias mujeres candidatas pusieron el énfasis en una afortunada expresión de lo que debería ser la política, la economía y la cultura: poner la vida en el centro. Se trata de un eslogan que expresa algo que debería ser obvio, pero que resulta chocante en este mundo loco y desnortado que nos ha tocado vivir.

Sorprende, porque objetivamente la mayoría de las opciones políticas que se presentaron en aquellos comicios eran opciones neoliberales. El neoliberalismo es la ideología que antepone el beneficio empresarial a todo, incluida la propia vida. Un modelo de desarrollo (o como dice Vandana Shiva, de “mal desarrollo”) que genera  desigualdades sociales cada vez más grandes dentro de los países, pero sobre todo entre los países enriquecidos del Norte y los países empobrecidos del Sur.

Significado de “poner la vida en el centro”

Dicho esto, ¿qué significa poner la vida en el centro?  Yayo Herrero  lo explica así: “poner la vida en el centro es construir políticas, culturas, economías y comunidades que tengan como prioridad garantizar una vida decente, una vida que merezca la pena vivirse para el conjunto de las personas”.

Explicitándolo un poco más, poner la vida en el centro implica preocuparse por generar empleo y que sea de calidad. Esto significa, entre otras cosas, acabar con las reformas laborales y  plantearse mecanismos para una renta básica universal, no tanto una renta mínima.

Sanidad y vivienda

Poner la vida en el centro supone también atender al estado de la sanidad pública, a la que se estima que se le han recortado entre 15.000 y 21.000 millones de euros desde 2009. Recuperar la universalidad, paralizar las privatizaciones y racionalizar el gasto farmacéutico como propone la Cumbre Social.

Poner la vida en el centro implica una política de vivienda que permita cobijarse sin dejarse la vida en ello. Regular los precios de los alquileres, impidiendo la rapiña de rentistas y, sobre todo, de fondos buitre que, como su nombre indica, se nutren de la desgracia ajena. Supone generar políticas de vivienda pública y, por supuesto, combatir esa inhumanidad de los desahucios.

Pensiones, Educación y Cuidados

Consiste asimismo en estar dispuestas a defender las pensiones públicas. Investigar el saqueo al que se ha sometido la hucha destinada a tal efecto e impedir que los intereses bancarios acaben con este importante mecanismo de estabilidad social.

Poner la vida en el centro es, qué duda cabe, cuidar de la Educación Pública, asegurar que no haya niños y niñas de primera y de segunda. Una educación basada en el talento natural de cada niño y niña, y que tire abajo ese monumento al neoliberalismo que ha sido la LOMCE, donde se coloca por delante la perspectiva empresarial y no la formación.

Poner la vida en el centro significa, por supuesto, atender políticamente al hecho de que somos seres interdependientes y vulnerables, necesitados de cuidados. España invierte la mitad que la media de la OCDE en cuidados: un 0,7% del PIB, alejado del 1,4% de media de los países de la OCDE.

Ecología

Poner la vida en el centro implica atender seriamente al calentamiento global y a la sexta extinción masiva de especies que estamos viviendo, y generar una economía verde en la que es imprescindible cambiar nuestro modo de vida insostenible, esto es, decrecer.

Poner la vida en el centro es, asimismo, considerar inaceptable la muerte que asola el Mediterráneo, el goteo incesante y atronador de vidas que se quedan en el fondo del mar, las multitudes hacinadas en campos de concentración en las fronteras europeas… y cuidar de quienes se dedican al rescate, en vez de criminalizarlos. Es entender  también que los MENA son niños y niñas.

Feminismo

Poner la vida en el centro es también un feminismo consecuente, cuidadoso con todas las mujeres. Considerando prioritaria la lucha contra el suelo de barro de las cuidadoras y las Kellys,  la situación de las trabajadoras de la fresa o las porteadoras del comercio atípico marroquíes. Es considerar que la violencia de género no son solo los dramáticos asesinatos de mujeres por sus parejas, sino también la que sufren las víctimas de trata, muchas de ellas migrantes, las ahogadas en la Frontera Sur o los asesinatos de mujeres indígenas en países latinoamericanos por defender su tierra ante empresas multinacionales, como Iberdrola o Repsol.

Defender la vida, ponerla en el centro, es mucho más, pero con esto hemos dado algunas pistas. “Quizá el futuro del ser humano debe ser construido artesanalmente, en ciudades donde las urgencias no nos derriben, en tierras donde los árboles nos ayuden a respirar, en tiempos y lugares donde podamos al fin morir tranquilos, sabedores de que la vida es posible y sólo sale adelante si la cuidamos”   (Mario Benedetti).

1 comentario

    • Ana Mora el 6 noviembre, 2021 a las 22:08
    • Responder

    Artículos como éste encienden de nuevo la vela de la esperanza en mi corazón.
    Gracias Luís. Salud!

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