Reflexión: Igualdad y compromiso masculino

Mª Teresa Ayllón

Feminista e Investigadora. Psicoterapeuta y escritora.

Los enormes avances hacia la igualdad que ha logrado el movimiento feminista contrastan con un pobre compromiso de los hombres quienes, sin embargo, también han recorrido este camino de cambios con una mezcla de euforia, incomodidad y otros sentimientos contrapuestos.

Hablamos de igualdad desde un sistema de desigualdades

La igualdad es el nombre que le damos a un sistema de desigualdades que imaginamos crear en el centro de un péndulo que no para de moverse. Nada es neutro en la sociedad y nada se queda permanentemente quieto. La inmanencia de un sistema, su dinámica continua y recursiva ha sido bien expresada con la imagen del péndulo complejo de Newton. No con el péndulo de Foucault cuya esfera se mueve libre de obstáculos, trazando recorridos disímiles aleatorios hasta frenar su movimiento. En el péndulo complejo (dos bolas suspendidas o cinco en “cuna de Newton”) la posibilidad de desplazamiento de un péndulo resulta frenada por la presencia y acción de la otra u otras esferas. Así cuando el recorrido de una esfera es más largo o intenso la reacción de la esfera opuesta se intensifica también. Esta imagen gráfica ayuda a entender como una dinámica social es respondida: un gran éxito social conlleva una gran energía para una respuesta similar. Pese a ello la suma-resta de energías produce desplazamientos sociales: la sociedad se reorganiza para absorber los impactos y se mueve en el sentido de las sinergias dominantes. Los sistemas se nutren del intercambio de impactos: integran, ¡se refuerzan!–los impactos no son antisistema– justamente un sistema muere si no tiene intercambios de energía: si no se produjeran cambios en uno y otros sentidos. Por eso en la dinámica sistémica las relaciones se re-crean, se re-significan y se re-producen recursivamente. También de tanto en tanto emerge algo nuevo que expande el sistema. Por eso el sistema es mayor que la suma de sus elementos.

Igualdad + diferencia= Diversidad en equidad

La desigualdad social construye jerarquías y limita el acceso al poder y a los recursos vitales y a los de todo tipo. La igualdad es innata pero la desigualdad también; no podemos avalarnos en la supuesta naturaleza de las cosas porque la “naturaleza humana” es hacer artificio, hacer sociedad, desnaturalizarlo todo. Lo más importante del asunto que nos trae es que la desigualdad ha puesto a las mujeres en la indigencia. Indigencia de legitimidad y de poder. Es algo que nos rodea –en política, arte, religión, construcción de la historia, difusión de la ciencia,…

A la hora de organizar un espacio social, económico, político, de justicia, es un velo que cae sobre nuestros ojos. Indigencia, escasez, que no ausencia de legitimidad o de poder: todas las criaturas han sido dotadas de poder de manera que es imposible quitar absolutamente todo su poder  a alguien (micropoderes). La legitimidad es otra cosa: se adquiere de la propia hegemonía. Decía Simone de Beauvoir que las mujeres no teníamos legitimidad ya que el canon lo fijaba el hombre y la mujer era más que o menos qué pero nunca era per se; nunca era adecuada, no tenía lugar (Beauvoir 1949 El segundo sexo). Indudablemente la posición de la aristocracia y clero o de la gran burguesía eleva a sus miembros sobre el resto de las clases sociales, pero en su interior la indigencia femenina se reproduce con ligeras variaciones.

En resumen, el sistema que venimos heredando desde la revolución industrial se ha beneficiado de la desigualdad y también de la deslegitimación de las mujeres y otros colectivos inferiorizados en cada tiempo y lugar.  La familia en el sistema industrial (mejor que burgués) ha recreado e intensificado la pérdida de poder y de legitimidad de las mujeres en todas las clases sociales, uniformando sus cuerpos, sus almas y su indigencia social. La utopía de la  igualdad feminista (equidad) no excluye la diferencia pero la desigualdad sí. En equidad caben las diferencias: son riqueza y patrimonio social, son diversidad. Ha sido una construcción, nada natural, transversal como todo lo social.

La alegría de la conquista frente a la decisión dura de duelar

Las mujeres se entregaron resuelta y valientemente a conquistar la igualdad ¡había mucho que ganar! Lenin lo dijo en la Internacional de Mujeres, presidida por Clara Zetkin: Vuestra lucha es justa pero no contéis con los hombres porque no están interesados objetivamente. Visión preclara: con su emancipación las mujeres ganan legitimidad, espacio, poder de decisión, autonomía personal, capacidades cívicas y derechos que antes estaban restringidos al varón.  Lo mismo que los hombres pierden pues eran depositarios de lo que no obtenían las mujeres.

¿Por qué habrían de apoyar la equidad los hombres? Por justicia, por amor, por desprenderse de privilegios que en el fondo incomodan y avergüenzan; para no estar del lado de quienes sobreexplotan, esclavizan, agreden, abusan, matan… Demasiado inmaterial. Los hombres que se comprometan con la equidad tienen que iniciar un duelo, un proceso consciente de desprendimiento, con la curva que conlleva todo proceso de duelo (E. Kubler Ross, 1993: Sobre la muerte y los moribundos): Fase de negación, ira, resentimiento, aceptación y compromiso, aprendizaje. Una difícil decisión pero un camino que conlleva enorme crecimiento personal, el abandono de pretender dirigir, gobernar, el mundo o una pequeñísima parte de él, la del propio hogar o el propio lugar. Compartir en una relación verdadera de ganar-ganar. Vivir en amor, en com-unidad, como cuando vivimos en pareja, en esa pareja que tanto gusto nos da. ¿Y luego? Un mundo entero espera para explorar cuando abandonamos el espejismo que nos construye en desigualdad.

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