Reflexión: El no-trabajo: quiénes se quedaron al margen

Salvemos la esperanza, pero con el mazo dando                                    Luis Ángel Aguilar   @luigiaguilar*

Los efectos de la post pandemia, más allá del nivel sanitario, de los miles y miles de fallecidos y de los efectos económicos de algunos sectores más castigados, muestran grandes debilidades en lo referente a las políticas laborales y sociales, así como en los mecanismos de solidaridad y de responsabilidad colectiva para evitar el drama del no-trabajo.

Ese terrible efecto del virus de lo inhumano que sufre -tan severa e injustamente- esa población que se está quedando al margen, la convierte en la más vulnerable. Y esas enormes brechas en la cobertura de protección social para los trabajadores, pese a la respuesta de un nuevo e insuficiente “escudo social” aprobado en esta crisis (no así en la de 2008 en la que se salvó a los bancos, autopistas y gran capital), hoy se convierten en un importante desafío para el mercado de trabajo en un contexto post-covid.

El novedoso e insuficiente escudo social del gobierno de coalición

Contrasta, y de qué manera, la práctica ausencia de medidas sociales puesta en marcha por el gobierno del PP en la crisis de 2008, que produjo muchos cierres, paro, suicidios y muertes, con las nuevas e importantes medidas sociales que, aglutinadas bajo el paraguas llamado “escudo social”, ha puesto en marcha el gobierno de coalición PSOE & Unidas Podemos.

Unas medidas jamás antes vistas, como la extraordinaria subida del SMI a 950 €, los ERTE, las moratorias antidesahucios, el IMV, las ayudas a autónomos, la prohibición de los cortes de suministros a las personas vulnerables… Medidas que, pese a su novedad y enorme cuantía, no han resultado suficientes y han seguido dejando una terrible estela de precarización, desempleo y desesperación.

Si las ayudas solicitadas por Rajoy a la Unión Europea en 2012 fueron utilizadas como ayuda financiera para sanear el sistema bancario, en esta crisis pandémica, las ayudas europeas han sido destinadas para políticas sociales y ayudas a las empresas y trabajadores autónomos.

El paro en la crisis financiera e inmobiliaria de 2008 y en la crisis sanitaria económica de la Covid-19

En 2008 la tasa de paro casi se duplicó en año y medio; al finalizar 2008 se situaba en el 13,79 %, pasando de los 1.773.200 parados de mediados del 2007 a los 3.206.800, que, al finalizar 2009, ya ascendía al 18,66 % , con 4.335.000, y así sin parar hasta ese casi 27 % de 2013 (más del 36 % en Andalucía y del 50 % entre la juventud), con aquella fatídica cifra de 6.278.200 personas desempleadas.

Según Adecco, con datos de finales de 2020, tenemos en España 527.900 personas paradas más que hace un año, y el número de parados de larga duración –más de 2 años buscando trabajo– era de 885.400 personas, lo que supone el 24 % del total.  

Si, según la OIT, el desempleo global se incrementó en 22 millones durante la crisis de 2008-2009, a mediados de marzo, la misma organización hablaba de una “elevada” cifra estimada de desempleo global de 24,7 millones a causa de la Covid-19 (aunque días más tarde reconocieron que la cifra final podría ser aún “mucho más elevada”). Y se espera que -a escala mundial- pueda haber hasta 35 millones más de trabajadores pobres que antes del pronóstico pre-Covid-19 para 2020.

Y los salarios, cayendo como no lo hacían desde hace 50 años

Según el último informe ya citado de Adecco, la pandemia de la Covid-19 ha impactado con fuerza en el mercado laboral. Además de los ERTE, los despidos y los cierres de empresas, la bajada de salarios ha golpeado tanto que ha mermado muchísimo la capacidad de compra de los y las trabajadoras. Una precariedad que, si bien no es nueva, siempre se ha cebado en los jóvenes y en las mujeres, lo que ahora ocurre nuevamente.

¿Cuál es la solución?

Para corregir mínimamente esta situación, miedo me da que sólo hablen los mercados o los políticos más conservadores de este país. Porque lo que habrá que hacer es proteger a los/las trabajadores/as de los efectos tan perversos de esta crisis, incrementando la protección para los empleos tradicionales, pero también habrá que tomar medidas para proteger mejor a quienes trabajan en precario y/o quedaron en los márgenes.

Hablamos de trabajadores precarios de sectores minoristas, como turismo, viajes, pequeños comercios…  y, sobre todo, de otros sectores tan afectados como autónomos, trabajadores por cuenta propia, dependientes en precario, trabajadores por horas, riders, taxistas, … y en general todos aquellos trabajador/as mal pagados y quienes ni llegan a las ayudas de emergencia.

Y, como no somos economistas ni es nuestra misión aportar las soluciones, creo que, en un contexto de muerte y sufrimiento, en el que la desigualdad y la injusticia se nos presentan como inevitables en un falso y capcioso determinismo histórico, propongo que “salvemos la esperanza y el buen humor, pero con el mazo dando”. Quizá sea esa nuestra mejor respuesta a la crisis.

Y decimos lo de “con el mazo dando”, porque no podemos olvidar que, como decía nuestro querido amigo Arcadi Oliveres, recientemente fallecido, se pone muy poco el foco en la violencia estructural, que es la que no permite que las personas tengan unas vidas mínimamente dignas.

Y uno, que se declara abiertamente “arcadista”, también aprendió que hay maneras de descubrir que el mundo funciona injustamente, que el mundo es global y que todas las injusticias y justicias están conectadas (…) El gasto militar mundial, por ejemplo, –decía él- es 40 veces superior al dinero necesario para erradicar el hambre en el mundo”.

Por todo ello, a ver qué votamos el 4M en Madrid, y después, cada quien en su lugar, porque, ni todos los partidos son iguales ni los manejan los mismos ni defienden a la misma gente. Piénsalo.

Para saber más: Así ha evolucionado el paro en España desde que estalló la crisis

El salario medio cae un 3’1 en 2020, el mayor descenso de los últimos 50 años

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