Reflexión: Conciencia y Religiosidad

Mª Ángeles Noblejas de la Flor

  • El más representativo de los fenómenos humanos es el deseo de sentido y cuenta con la conciencia personal como brújula que orienta su dinamismo de búsqueda y realización responsable.
  • La religión se revela como realización de la búsqueda del Sentido Último; nos aporta la posibilidad de dirigirnos a la Trascendencia, de relacionarnos con un Tú. Existe una religiosidad inconsciente en el núcleo más íntimo de cada persona.

El tema de esta pequeña reflexión nos sitúa en el marco de la dimensión noética o espiritual del ser humano, aquella en que se originan los fenómenos que son únicamente humanos. Entre ellos destaca el deseo de contar con sentido en nuestra vida, es decir, la necesidad que cada persona siente de hallar y realizar aquello que la vida  le pide en cada momento y situación. Es la conciencia personal la instancia que nos desvela cuál es ese sentido que nos es requerido poner en la historia; la que nos descubre nuestra singular responsabilidad. Diríamos que la conciencia es como una brújula que nos orienta en nuestro actuar al resaltar ante nuestra mirada el sentido del momento y los valores con los se vincula tal sentido. La conciencia es el recinto del encuentro del hombre con el misterio; en ella resuena la voz de la Trascendencia.

           Las preguntas sobre la totalidad

            Pero el ser humano, no ha experimentado solo la pregunta por el sentido en la vida cotidiana, sino que, a lo largo de toda su existencia sobre la tierra, se ha formulado también la pregunta por el sentido de la totalidad, ya sea de la propia vida como un todo ya sea del universo en general.

            Una vez que empezamos a tratar con el sentido global, nos encontramos con que cuánto más amplia es la pregunta por el sentido,  menos comprensible es para nuestra razón. Si es en relación con el sentido de la vida (el sentido de una vida individual), solo puede ser accesible, en su caso, si estamos en condiciones de captar una imagen del conjunto de nuestra propia vida (en la hora de la muerte) y/o si lo pueden hacer quienes nos sobreviven. Al considerar la pregunta por un sentido aún más amplio todavía, nos encontramos también con el hecho de que este interrogante se ha dado en todos tiempos, culturas e individuos y se han generado diferentes religiones (a similitud de diferentes lenguajes para expresar la experiencia de una comunidad específica). Esta es una pregunta religiosa vinculada a una voluntad de sentido último. La única posibilidad de respuesta estriba en una decisión: creer o no creen en la existencia de un Sentido Último

El hombre doliente

En el mundo que describe la ciencia, el planteamiento de un “sentido último” está ausente y, a veces, es directamente rechazado y tildado de contradecir lo científico. Sin embargo, que no sea “concebible” en términos puramente intelectuales o racionales (siempre queda un resto irracional), no tiene por qué significar que deje de ser creíble. Donde fracasan las respuestas racionales, tiene lugar una decisión. En esa decisión la persona pone en juego su propia existencia; es una decisión existencial en la que, como nos dice Viktor Frankl (El hombre doliente), el que decide pone en un platillo de la balanza el peso de su ser. No es el saber lo que determina esta decisión, sino la fe. Pero la fe no es un pensar que disminuye la realidad de lo pensado sino un pensar al que se ha añadido la realidad existencial del pensador.

Viktor Frankl, österr. Psychologe und Arzt. Photographie von Katharina Vesely. 1994.

Realidad de la religiosidad

De una forma más o menos consciente, el ser humano se pregunta, en diferentes planos, por el sentido de su existencia como fundamento de su ser y actuar. Esta búsqueda genuinamente humana de sentido se expresa en la religiosidad. Ésta no puede ser reducida a un sistema de creencias y prácticas adoptadas por alguien y que suelen estar representadas por las religiones. La religiosidad es una realidad íntima personal que siempre es relacional, comporta un encuentro con los valores, con el otro (o el Otro), independientemente de la comprensión de la persona o el grupo en que se ha socializado.

Una oferta única

En el dinamismo de la búsqueda de sentido en la vida, que puede hacerse –de alguna manera- extensivo al sentido de la vida (si consideramos el conjunto de los sentidos de la totalidad de situaciones vividas), la conciencia personal está llamada a escuchar el interrogante del momento que está viviendo y su singular responsabilidad en relación con la realización del sentido y los valores que contiene y que solo pueden incorporarse a la historia a través de su obrar concreto. Es la persona quien ha de responder a la vida. Esta oferta de sentido es única para cada persona y situación. Quienes se consideran a sí mismos como no religiosos no son menos capaces de encontrar sentido a sus vidas que aquellas que se consideran religiosas, como muestran investigaciones empíricas diversas dentro del ámbito de la logoterapia.

Referencias de Viktor Frankl

También en relación con el sentido último existe en todas las personas un anhelo enraizado en la profundidad inconsciente de todas y cada una, una religiosidad inconsciente (cfr. Frankl, El hombre en busca de sentido, La voluntad de sentido, La presencia ignorada de Dios). Este sentido último puede aparecer súbitamente, de lo inesperado, incluso dentro de la realidad de una situación límite:

– “En la solitaria oscuridad de la celda donde había sido abandonado por los hombres, Él estaba allí. Cuando ni siquiera sabía su Nombre, Él estaba allí. Dios estaba allí”.

– “A mis 54 años, me hallo en la ruina total, y encerrado en la cárcel”… al ser tratado por un psiquiatra como si yo fuera “alguien”, como un ser humano, “… me sucedió algo muy profundo e inexplicable. Me sentí reviviendo a la vida. Aquella noche, en el desvelo de mi pequeña celda, experimenté el sentimiento religioso más extraño que haya tenido nunca; fui capaz de rezar, y con suma sinceridad, acepté el Deseo Último ante el que cabía sublimar todo dolor y pesar en forma de algo profundo y cargado de sentido, sin necesitar más explicaciones. (…) he decidido rehacer mi vida…”

Una experiencia de Viktor Frankl en el campo de concentración : “En otra ocasión estábamos cavando una trinchera. (…) En una última y violenta protesta contra lo inexorable de mi muerte inminente, sentí como si mi espíritu traspasara la melancolía que nos envolvía, me sentí trascender aquel mundo desesperado, insensato, y desde alguna parte escuché un victorioso «sí» como contestación a mi pregunta sobre la existencia de una intencionalidad última. En aquel momento y en una franja lejana encendieron una luz, que se quedó allí fija en el horizonte como si alguien la hubiera pintado, en medio del gris miserable de aquel amanecer en Baviera. ‘Et lux in tenebris lucet, y la luz brilló en medio de la oscuridad’.”

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