Reflexión: Alimentación, expolio y soledad en el mundo rural

Emiliano de Tapia Pérez

1. El expolio de los pueblos rurales: Soledad en clave histórica

En los años 60 y 80 del pasado siglo podemos situar la última etapa del principio de unos tiempos donde se van instalando políticas y maneras de hacer y de pensar en el mundo rural que parecen justificar apuestas engañosamente salvadoras por parte de grandes grupos económicos que van a instalarse y convertirse en “benefactores” del futuro de los pequeños pueblos rurales y su territorio, utilizando, en muchos casos, las buenas intenciones de las gentes del campo porque entienden que es su única “tabla de salvación”.

Pienso en ayuntamientos, pasando enormes dificultades para sostener los mejores servicios para sus vecinos y vecinas, y sin ver otros horizontes; o pienso en agricultores y ganaderos, que no encuentran ni ven otra forma de futuro, después de haber sufrido la pérdida de lo mejor de su estilo de ser y de vivir.

Pienso, sobre todo, en las personas con más edad, que se sienten empujadas a la más dura soledad e indefensión por la imposición aparentemente irremediable de intereses ajenos, extraños y agresivos con sus sentimientos, con su manera de ser y con sus propias vidas.

Salamanca rural, entre amenazas: uno más

Hablo desde Salamanca, lugar que está siendo protagonista, uno más, de amenazas instaladas o a punto de instalarse definitivamente y que están siendo y serán las culpables de que en el final de muchas vidas éstas tengan que sentirse ninguneadas y excluidas de una manera de ser de muchos siglos.

No todo desarrollo económico puede estar por encima del respeto a la vida y la manera de ser de las personas y de la tierra que tenemos obligación de cuidar y admirar. Cuántos esfuerzos de las gentes mayores del medio rural durante muchos siglos han ido entretejiendo una forma de vivir, de ser y de sentir que, nadie como ellos, ha sabido dar sentido y contenido desde el apoyo comunitario con todas sus limitaciones.

Falsas promesas de desarrollo

Pero, como en otros colectivos humanos que se encuentran en profunda transformación, viven una gran paradoja; quienes han sostenido y cuidado la historia rural, han sido y están siendo dejados de lado y sin el protagonismo que les debiera corresponder para construir el futuro.

Sus vidas y su tierra, costumbres y trabajos no pueden quedar a expensas del enriquecimiento de unos pocos, muy pocos; en la mayoría de los casos grupos económicos que se toman los pueblos y sus territorios como lugares donde, sin conciencia alguna ni respeto, se puede hacer casi todo, en aras de falsas promesas de desarrollo.

2. La dificultad de una alimentación digna y propia, consecuencia del expolio. Una dificultad desde el sin sentido

Nadie hubiera pensado que aquellos lugares y poblaciones que encontraron su sentido de ser y de vivir en producir alimentos estén pasando en el momento actual por el vacío de haber perdido y haber sido arrancados de su papel fundamental; y, en consecuencia, se vean en la absoluta indefensión y sin el justo y necesario apoyo de sentirse compensados y compensadas por los cuidados necesarios que vienen, entre otros, de una alimentación que vieron y vivieron siempre unida a la tierra que ellos y ellas mismas trabajaron.

¡Qué vacío y soledad! ¡Qué extraño todo! No puede ser que ni siquiera los mejores alimentos de nuestras tierras podamos intercambiarlos con los pueblos vecinos, entre los campesinos y campesinas del entorno.

Con este sinsentido, a muchas personas envejecidas del medio rural les está tocando vivir cada día desde mucha (demasiada) soledad. ¿Por qué no poder seguir disfrutando de lo mejor que en cercanía la tierra puede dar para continuar cuidándonos y acompañándonos?

Los señores de la agroindustria, ¡a su aire!

Los intrusos de la agroindustria más salvaje se han empeñado en hacer negocio de esta tierra. Ya no hace falta que los pueblos produzcan alimentos. Es mejor no contar con los protagonistas y a la vez víctimas de tan extraña pero suculenta estrategia económica. Y cuando todo esté vacío y sin sentido en el territorio, se buscará ocuparlo con otras alternativas que poco o nada tengan que ver con la sabiduría acumulada y expresada por quienes piedra a piedra, surco a surco y paso a paso fueron capaces de cuidarse, de sostenerse y de acompañarse haciendo posible las mejores lecciones de vida comunitaria.

 “Estos” aparecen, ¡a su aire!, con explotaciones mineras, con macrogranjas, con producciones agroindustriales diversas o con campos solares y de aerogeneradores. ¡Qué más da! Para cuanto “ellos” quieran y su negocio les permita.

3. Frente al expolio y soledad, ¡alimentación digna con alianzas mundo rural- medio urbano! Cumplir el papel más ético

Que el medio rural vuelva a cumplir con el papel ético que le corresponde, que es producir alimentos para la humanidad, es la apuesta que está acompañando y nos está interpelando cada día más a muchos colectivos, grupos y movimientos sociales rurales y urbanos para ser la guía y el aliento en los caminos del cuidado de la vida de muchas personas en soledad.

Sentimos que tenemos la obligación y el reto, y así lo estamos asumiendo, de apoyar y crear sistemas autosuficientes, saludables y no contaminantes que proporcionen alimentos y un entorno de trabajo seguro para agricultores y gentes del campo, así como para las comunidades rurales, peri-urbanas y urbanas que cada vez se van uniendo más en este objetivo.

Contribuir a dar un nuevo valor a las identidades campesinas y a fortalecer la confianza entre personas productoras y consumidoras. Potenciar e impulsar las economías locales y contribuir a eliminar el impacto negativo del comercio internacional en los medios de vida de los pequeños productores. Contribuir a proporcionar la tecnología apropiada. Defender la acción comunitaria y participativaque transfiere el centro de poder de los sistemas alimentarios de grandes entidades agrícolas e industriales a los pequeños productores de alimentos que suministran la mayor parte de los alimentos mundiales.

Estos caminos están siendo posibles enfrentando amenazas y poniendo en marcha pequeñas propuestas que, como David a Goliat, acertarán a cambiar el rumbo de la desesperación contenida con la que viven muchas de las gentes que quieren seguir haciendo historia viva sirviéndose justamente de aquello que descubrieron hace mucho tiempo con sus antepasados: ¡hacerse uno con la tierra, identificarse con ella!

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