Palestina o nuestra obligación moral de intervenir

Brigadistas en Palestina del colectivo de objeción y antimilitarismo de Zaragoza

(Alternativa Antimilitarista. MOC /Internacional de resistentes a la guerra) 

Recuerdo que improvisamos con mucha determinación una cadena humana tomándonos con fuerza por los brazos. Detrás de nosotras los niños de la intifada con sus pequeñas manos cargadas de piedras y delante una piara de soldados israelíes armados hasta los dientes y parapetados entre sus blindados.

Tratábamos de impedir una jornada más de caza del ejército israelí cruzándonos en su camino con nuestros cuerpos como única arma. Aquellos críos habían seguido nuestra manifestación desde el campo de refugiados de Ramallah hasta el chekpoint de Qalandiya, el mayor de Cisjordania y a pocos kilómetros de Jerusalem. Después de cruzar el puesto militar de control junto a un montón de gente palestina y desobedeciendo a la obligación de identificarnos, volvimos sobre nuestros pasos al escuchar una tormenta de disparos.

Aproximadamente una centena y pico de activistas internacionales, también de Palestina y de Israel, nos plantamos frente a los fusiles y las tanquetas militares de Sharon para evitar más indiferencia, más sufrimiento, más impotencia…

Con la acción directa noviolenta de Qalandiya, planeada para denunciar los más de 700 chekpoints o puestos de control militar israelí que cortan todos los caminos interiores de Palestina y restringen indiscriminadamente la libertad de movimiento de la población palestina en su propio territorio, dimos por terminada y con éxito la que llamamos Marcha Contra el Muro del Apartheid, Verano de la Libertad en Palestina. Durante el mes de agosto del año pasado brigadistas de todo el mundo nos reunimos en tierra Palestina para recorrer a pie180 km. de los 1.000 que podrían ser construidos de Muro. Gracias a la convocatoria de la Coalición por el Derecho a Retorno de Refugiados de Palestina (Sana´oud), el Movimiento de Solidaridad Internacional (ISM) y el Comité Nacional contra el Muro, entre otras organizaciones populares, conocimos de primera mano esta obra criminal, también conocida como “Muro del Apartheid” o “Muro de la Vergüenza”, y por supuesto la brutalidad militar israelí siempre presente en todos los rincones del West Bank, como le llaman a los territorios ocupados palestinos. El Muro está diseñado para incluir las colonias judías construidas dentro de Cisjordania -que son ilegales- y hacer que se conviertan de hecho en parte del Estado de Israel. El Muro se está construyendo dentro del contexto de la ocupación ilegal israelí de Cisjordania y Gaza de 1967 que ha incluido numerosas violaciones del Derecho Internacional. Israel ha exhibido continuamente su desprecio por los acuerdos internacionales, empezando con la violación por su parte del Plan de Partición de Palestina de NNUU (1947). Ahora también desoye las resoluciones de octubre de 2003 de la ONU y de 8 de julio de 2004 del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya que declaran ilegal el muro y ordenan derribar los tramos construidos, devolver la tierra confiscada e indemnizar a las personas afectadas.53 pg 11

El Muro del Apartheid marca unilateralmente más allá de la “línea verde” una nueva frontera entre Israel y el 22% de la Palestina Histórica que está, supuestamente, en manos de la población palestina (Cisjordania) y fuerza la anexión efectiva de hasta un 55% de la tierra. Otras graves violaciones de los Derechos Humanos que trae consigo el Muro son los castigos colectivos de la población civil (discriminación racial, incremento de la tortura, encarcelamiento de menores, ataques sobre ambulancias, hospitales, escuelas,etc), el decomiso de la propiedad privada, la demolición de casas y propiedades y la violación de derechos básicos como el derecho al trabajo y la libertad de movimiento. La construcción del Muro pretende en definitiva impedir el derecho legítimo a la autodeterminación del pueblo de Palestina impidiendo la continuidad territorial necesaria para el establecimiento de un estado independiente.

Si los cierres, sitios, toques de queda y controles militares que han sido utilizados para restringir gravemente la libertad de movimiento en toda Cisjordania ya han impedido el acceso a la sanidad, la educación y el trabajo, el Muro termina por institucionalizar el dominio israelí y establece de forma permanente la violación de los derechos humanos. Los soldados israelíes, individualmente, determinan a quién se le “permite” cruzar y si las puertas estarán abiertas. Qalqiliya, una ciudad con una población de 40.000 habitantes, está completamente rodeada por el Muro, cuenta con una torre de vigilancia cada 200 m y sus habitantes sólo pueden entrar o salir a través de un único control militar abierto desde las 7 de la mañana hasta las 7 de la tarde. Más de un 10% de la población de Qalquilia se 53 pg 12ha visto obligada a abandonar la ciudad en busca de empleo y /o subsistencia. En el distrito de Tulkarem la gente no puede salir a buscar trabajo, por lo que la tasa  de desempleo ha aumentado desde el 18% en el año 2000 hasta el 78% en la primavera de 2003. Sólo en la “primera fase” del Muro Campesinos y  familias de unos 65 pueblos en el norte de Cisjordania, han sido privados de sus tierras que han quedado aisladas por el Muro o han sido arrasadas por el trazado. Al menos 34 depósitos de agua y alrededor de unas 200 cisternas han quedado aisladas de los pueblos por el Muro, y unos 14 pozos más están  amenazados de demolición. Numerosos pueblos y casas en las zonas atravesadas por el Muro no son accesibles a los médicos y han quedado aisladas de los hospitales, centros médicos y de enseñanza. Las alumnas y alumnos que cruzan las “puertas” del Muro en lugares como Jubara o Wadi Rasha, tienen que esperar con frecuencia en las puertas, los soldados israelíes no se las abren de vuelta a casa hasta transcurridas varias horas para obligarles a esperar a la intemperie.

“El Muro del Apartheid intensifica la militarización diaria y el sufrimiento que viven las personas residentes de las comunidades esparcidas a lo largo de su vergonzante trazado. Día tras día, más y más testimonios dan cuenta de las medidas que las fuerzas de ocupación israelíes toman contra los palestinos a través de la convivencia con el Muro. Desde historias de pueblos enteros a quienes les han robado sus tierras para construir un campo de ocupación militar, a familias a quienes los soldados han disparado mientras estaban trabajando en sus tierras, hasta niños que han sido detenidos con el pretexto de haberse “saltado” el Muro. La verdad es la terrible certeza de que la expulsión es el inequívoco objetivo del Muro”.

53 pg 13Con el pretexto de la seguridad, de impermeabilizar el territorio de acciones armadas suicidas, Israel levanta con el Muro un régimen completo de Apartheid. La indigente población palestina (el 70% vive por debajo del umbral de la pobreza por culpa de la ocupación) está siendo oprimida en beneficio de las no-palestina. Los derechos humanos en Palestina se desintegran ante la apisonadora militar israelí, el robo militar de las tierras, la destrucción casa por casa, “la limpieza étnica”, que se ceba entre la infancia como estrategia de guerra sionista para frenar la creciente demografía palestina (la población palestina crece a un ritmo del 5% anual frente al 2,9% de la judía), generan cada vez más desesperación y odio que es bien aprovechado por el Estado de Israel para justificar y realimentar su violencia.

Urge exigir que se detenga el Muro, se deshaga lo construido y cese la ocupación militar de Palestina, la única “hoja de ruta” posible para finalizar los incontables crímenes. Y si nuestros gobiernos se empeñan en “mirar para otro lado” o distraernos con pequeños discursos mientras mantienen sus acuerdos comerciales preferentes con Israel o les venden armas (15,8 millones de euros en los últimos diez años), nosotras, nosotros tenemos la obligación moral de desobedecerles e intervenir.

Más información en: www.palsolidarity.org www.b´tselem.org www.stopthewall.org

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