Mujeres dedicadas a otras mujeres. (COPIEM)

 Melilla Acoge

 Voy a hablaros de nuestro trabajo en Melilla, de nuestro centro dedicado a la mujer y de las experiencias personales adquiridas, pero antes de ello tengo que daros unas pinceladas sobre la ciudad y su realidad, ya que sin esas explicaciones, sin el contexto, no se captaría perfectamente nuestra labor.69pg5

 En la pequeña ciudad de Melilla, de 12 kilómetros cuadrados, se vive una realidad un tanto compleja. Primero por su situación geográfica, ya que se encuentra en el norte de África y hace frontera con Marruecos. Segundo por su diversidad cultural, seña de identidad de la ciudad en la que convivimos representantes de la comunidad cristiana (de origen peninsular), de la comunidad musulmana (de origen rifeño), de la comunidad judía y de la comunidad hindú.  Tercero por su diversidad lingüística, ya que la confluencia de distintas culturas hace que la lengua motor sea el español, pero que cada comunidad utilice su propia lengua en la comunicación personal y en muchas de las transacciones económicas. Estos tres factores hacen de Melilla una ciudad con un encanto especial, tanto para sus habitantes como para los turistas que se acercan a este lado del Mar Mediterráneo. Aunque la población de la ciudad se estima en unos setenta mil habitantes, debemos tener en cuenta, que alrededor de unos 30.000 marroquíes entran a diario por la frontera o por los pasos fronterizos habilitados a tal efecto, para desempeñar sus puestos como trabajadores trans-fronterizos, para trabajar en  el contrabando como porteadores (el 75 % son mujeres), para abastecerse en la ciudad, o simplemente para “buscarse la vida”[1]. Todo esto hace que en la ciudad se viva una doble realidad, por un lado las personas asentadas con mejores o peores condiciones de vida, pero que tienen a su alcance todos los recursos que  la ciudad ofrece, y por otro aquellos que viven de forma irregular o que deambulan por la ciudad diariamente.

 A este grupo de personas más desprotegidas es a las que se atiende desde la Asociación Melilla Acoge, y a un grupo muy concreto, el de mujeres, en nuestro centro dedicado a tal fin COPIEM (Centro de Orientación, Prevención e Información de Enfermedades Emergentes).

Es un centro que surge en el año 2003, como apoyo al grupo de mujeres que ejercen la prostitución en la ciudad y que hasta el momento no tenían ningún referente. Desde entonces, venimos desarrollando programas específicos de salud, ya que pensamos que no es suficiente con las campañas de sensibilización, sino que además es necesario informar, orientar y trabajar con la población para conseguir una prevención y detección precoz de las enfermedades a través de la educación.

Por eso desde hace cinco años compartimos nuestro espacio y nuestro tiempo con ellas, en unas infraestructuras muy sencillas, que se suplen con un equipo dedicado y concienciado, con mucho trabajo y ganas de mirar hacia delante. Pretendemos una atención integral a la mujer, colectivo muy desfavorecido social y culturalmente, y para ello abordamos distintas áreas de trabajo: social, formación, jurídica o sanitaria, para poder así cubrir sus necesidades y conseguir su plena autonomía. De estas áreas de trabajo, destacar el área sanitaria como uno de los pilares del centro, y es desde ahí, desde donde se detectan las necesidades socio-sanitarias, y se diagnostican y planifican actuaciones tanto a nivel individual como grupal. Entre dichas actuaciones debemos  destacar la realización de diversos talleres, como pueden ser: ETS, VIH, Higiene, Educación sexual, Embarazo, Preparación al parto, Anticoncepción, Prevención de la drogodependencia, Diagnóstico precoz de cáncer de mama, Métodos anticonceptivos en la adolescencia, Autoestima, Higiene y aseo personal.

 El equipo que lo realiza está siempre formado por las mismas personas, de ahí que las mujeres que acuden hayan adquirido confianza, y expresen con total libertad sus inquietudes, sus dudas y sus problemas.

 Como la educación es indispensable tanto para el desarrollo personal como para  la evolución de la familia, trabajamos con las mujeres en alfabetización y en clases de castellano; ya que ellas se encargan de la formación y el seguimiento educativo en los casos en los que tienen hijos, y en muchos casos la falta de conocimientos dificulta el progreso de los menores. El avance que están realizando aumenta las posibilidades de mejorar la situación sociolaboral de la familia.

 Queremos hacer un reconocimiento al esfuerzo de estas mujeres que acuden a nosotras y que en la mayoría de los casos no pueden expresarse en nuestra lengua; que tienen serias dificultades para llegar a la ciudad diariamente (debido a que viven en kábilas a las que a penas llega el autobús o no tienen medios para utilizarlo todos los días, colas exasperantes en la frontera, problemas familiares y documentales); que comparten con nosotras sus problemas, y los problemas del mundo y  sus desigualdades,  que llegan a nuestros oídos a través de sus palabras, pero también sus alegrías, sus esperanzas, la cotidianeidad; que lloran y ríen con nosotras como si fuésemos sus hermanas.

 A ellas que viven entre dos mundos, que luchan por sí mismas y en muchos casos por sus familias, que son juzgadas y en muy pocos casos escuchadas. 

 


[1] I. CEMBRERO, “ Ceuta y Melilla: contrabando, blanqueo y subvenciones” de su libro Vecinos alejados. Los secretos de la crisis entre España y Marruecos.

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