Lo pequeño es lo mas grande

La verdad es que Jesús era un poco raro. A veces, planteaba ecuaciones imposibles de resolver; por ejemplo, ésa en la que dice que “lo pequeño es lo más grande”. ¡Ininteligible! Vamos, que, como matemático, un desastre. Además, socialmente, un poco desfasado: lo que se lleva hoy y se ha llevado siempre es lo super, lo hiper, lo macro y lo extra, sin olvidar los megas, los gigas y los teras; o sea, lo grande. ¿Quién puede entender eso de que lo pequeño (y los pequeños y las pequeñas) es lo que ha de interesar a sus seguidores porque es lo que verdaderamente tiene valor? Pues muy poca gente.

Sin embargo, ése y no otro es el lenguaje y el mensaje de Jesús de Nazaret: lo pequeño, simbolizado por las niñas y los niños, es lo que abre la puerta al reino de Dios; dicho a lo laico: lo que abre la puerta a la sociedad alternativa, basada en otros valores diferentes de los de la mayoría.

Cuando Jesús invita a que nos hagamos niños, los evangelistas (p. ej., Mt 12,2-5) utilizan el término griego paidíon, que no significa sólo niño, en el sentido de persona de pocos años, sino también persona sometida, sirviente, o alguien que no se vale socialmente por sí mismo. En este número de Utopía tomamos el “hacerse niños” en todos esos sentidos y otros similares, porque es lo que quiso indicar Jesús. Por eso, en las páginas de reflexiones hablamos de quiénes son los niños, qué es educar niños y qué entiende Jesús por niños en el evangelio. Una comunidad en la que los niños no tienen un papel preponderante –en la práctica, no en la teoría– no es una comunidad cristiana.

Nadamos en una sociedad de apariencias y competitividad. Y en la misma estructura eclesiástica observamos la arrogancia y la ostentación de algunos de los autodenominados príncipes de la Iglesia, la exhibición de los viajes papales con baños de multitudes, el aferramiento al poder, a lo masculino, a las leyes canónicas más que a la libertad, o al mantenimiento de una masa sociológica y sacramentalmente cristiana más que a la provocación que representa la vida de Jesús.

Todos tenemos que reflexionar continuamente sobre la ecuación poco científica de que “lo pequeño es lo más grande”. Eso supone estar muy atentos a los valores que vivimos y a nuestros frecuentemente aburguesados modos de pensar (desde los religiosos a los políticos). Es decir, supone estar del lado de los pequeños, cualquiera que sea su forma de pequeñez, porque –con palabras de la teóloga brasileña María Clara Lucchetti– “sólo en la debilidad y los límites de la carne humana –carne de hombre y mujer– se puede experimentar, contemplar y adorar la grandeza inefable del Espíritu”. Pero no se trata sólo de estar del lado de, sino que, al mismo tiempo, implica hacernos pequeños o vivir como pequeños, porque sólo a los pequeños se les abre Dios (Mt 11,25).

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