JEROMO AGUADO

Emiliano de Tapia

Con la necesidad de situarnos. ¿Quién es Jeromo Aguado?

Soy un campesino que intenta todos los días hacer del acto de producir alimentos una práctica política; es decir, producir sin contaminar los suelos, el agua; producir a la vez que cuido de mi entorno natural y mantengo la biodiversidad; producir con los menos costes energéticos posibles; y producir para que los alimentos no sean una mercancía, sino un derecho al que tienen que acceder todas las personas, vivan donde vivan.

Este acto ético y político (no mercantilista) me permite a su vez vivir en mi comarca (Tierra de Campos) y legitimar los proyectos y las pequeñas utopías que desde hace unas décadas intento compartir con diversos grupos de gente y las organizaciones sociales donde participo.

¿Qué significa Amayuelas?

Amayuelas de Abajo es el nombre de un pequeño pueblo de la provincia de Palencia que, como fruto de los procesos de abandono del campo, estuvo a punto de desaparecer. Amayuelas es uno de los cientos de pueblos de Tierra de Campos que ha vivido los procesos de industrialización de la agricultura; del desmantelamiento de los servicios públicos porque éstos no eran rentables (desde la perspectiva economicista); del maltrato de lo que han significado y significan en muchas partes del mundo las culturas campesinas, las identidades rurales, los conocimientos de los hombres y las mujeres del campo, esas personas que fueron capaces de gestionar los territorios rurales con verdaderos criterios de sostenibilidad. Pero además, Amayuelas es un espacio donde hemos podido poner en práctica la idea de otros modelos de desarrollo, frente al modelo del desarrollismo globalizado neoliberal, más acorde con las posibilidades que te ofrece la naturaleza y dando respuestas a las verdaderas necesidades de las personas. Amayuelas es punto de encuentro de organizaciones sociales, personas que anhelan un mundo más humano, proyectos alternativos, utopías, sueños realizados y un puñado de esperanzas en las que entra la idea de que otro mundo es posible.

¿Qué es Plataforma Rural?

Plataforma Rural es una red-alianza de organizaciones sociales que creemos y apostamos por un mundo rural vivo. Organizaciones también que no estamos de acuerdo con una sociedad que tenga los pueblos abandonados, abandonando con ello sus culturas, sus prácticas agroecológicas, sus sistemas locales de gestionar los recursos naturales, sus agricultores y agricultoras, sus sistemas de organización social, etcétera. Estamos convencidos de que el futuro del planeta no puede construirse de espaldas al campo, de los campesinos y las campesinas, más cuando éstos son imprescindibles para mantener un mundo rural vivo y para alimentar a la población mundial.

¿Y… la Universidad Rural Paulo Freire?

La Universidad Rural Paulo Freire -URPF- es una herramienta de formación para los ciudadanos y ciudadanas del siglo XXI y en especial para las personas que optan por vivir con orgullo en los pueblos. La sociedad actual tiene que dar un cambio de rumbo si no queremos encontrarnos en un callejón sin salida. El cambio significa volver a la tierra, volver a los pueblos, reencontrarse con la naturaleza. El desarrollo sustentable del que tanto se habla tampoco se puede construir de espaldas al campo. La URPF propone una alternativa formativa a partir del conocimiento y la sabiduría campesina, para que desde ella facilitemos estos procesos. A su vez desde la red de Universidades Rurales podemos demostrar con nuestras prácticas territoriales que es posible construir otros modelos de desarrollo, donde las energías y los recursos sean puestos en función de las necesidades de las personas y de los ecosistemas que mantienen los equilibrios vitales para la vida.

Situados en el medio rural. ¿Por qué el medio rural sigue siendo hoy necesario?

Primero porque es ahí donde están los recursos básicos e imprescindibles para poder vivir. La tierra, los bosques, el agua, las semillas, están mayoritariamente disponibles en los espacios rurales para que con la interacción de los campesinos y las campesinas se produzcan los alimentos, recurso vital para la supervivencia humana.

 Pero además, la gran oportunidad que nos ofrece el medio rural es que desde él es más fácil construir modelos de desarrollo a escala humana, o asegurar la sostenibilidad ecológica como base de la reproducción de la vida y la armonía entre todos los seres vivos. El medio rural también es el ámbito idóneo para entender que la diversidad y la interculturalidad no son ningún problema, sino todo un valor que no podemos dejar escapar de las manos. También desde él, y teniendo como referencia muchos de los conocimientos campesinos minusvalorados por la sociedad de la opulencia, podemos construir nuevos proyectos, donde la economía la pongamos al servicio de las personas, donde se creen estructuras sociales que permitan una verdadera democracia expresada en la soberanía y en la participación vecinal, donde se contemple la solidaridad como antropología de la ternura y el sentido comunitario, y donde los hombres y mujeres transitemos juntos a partir de unas relaciones igualitarias y armoniosas.

Mantener un medio rural vivo. Esta parece ser la tarea. Pero, ¿cuáles han de ser los pilares fundamentales para que sea así?

Recuperar la diversidad de agriculturas para practicar una agricultura con agricultores/as, una agricultura unida al territorio y los recursos que éste ofrece, no despilfarradora de energía y de recursos externos no renovables. Una agricultura puesta al servicio de los seres humanos cubriendo con esta actividad las necesidades alimenticias básicas de todas las personas. Una agricultura que elabore, transforme los alimentos allí donde se producen y éstos se distribuyan mediante redes y mercados directos a los consumidores/as, evitando así toda actividad especulativa.

Sin lugar a dudas el otro pilar básico para mantener unos pueblos con vida consiste en recuperar y mantener los servicios públicos imprescindibles (sanidad, transporte, escuela, etc.) para poder desarrollar un vida digna. Nuestro eslogan, por decirlo de alguna forma, frente a la práctica abusiva e institucional de desmantelar todo servicio público que no es rentable desde la óptica rancia y miope del puro economicismo, es que hay que intentar abrir una escuela para que no se cierre un pueblo…, y no viceversa.

Las políticas agrarias comunitarias (PAC) están basadas en un sistema agroalimentario globalizado. ¿Es posible y necesaria otra alternativa? ¿Cuál?

La PAC siempre ha respondido a los dictados de los organismos multilaterales, y muy especialmente a los dictados de la OMC. Ello significa un apoyo incondicional del modelo de agricultura industrial, modelo controlado por las corporaciones agroalimentarias, obligando a los campesinos a ser sus siervos, dependientes tecnológica y económicamente, usándonos como mano de obra barata sin ningún tipo de relación contractual, o expulsándonos de nuestras tierras y territorios como fruto del acaparamiento de éstos para el control de los recursos naturales.

La PAC es una política sostenida con grandes costes financieros aportados del heraldo público (casi el 50% del presupuesto de la U.E.), su aplicación ha sido la puntilla final para acelerar el proceso de abandono del medio rural, consiguiendo poner en práctica esa idea perversa de una agricultura sin agricultores. Todas y cada una de las reformas habidas y por haber han ido encaminadas por estos derroteros, incluida la reforma que en estos momentos está encima de la mesa de los burócratas hasta que tomen la última decisión.

Tal y como venimos reclamando una y otra vez las organizaciones vinculadas a La Vía Campesina, a pesar de todos los pronunciamientos verdes, en todas las propuestas de la PAC se sigue sin afrontar la caída de la agricultura campesina y familiar, o las prácticas de dumping en los países pobres, que son una verdadera máquina de eliminación de campesinas y campesinos, creyendo a pies juntillas que la competitividad y los mercados (sin regulación alguna por parte de los Estados) lo van a solucionar todo.

Exclusión en los pueblos; exclusión en el medio urbano; ¿unas mismas causas?, ¿unos mismos enemigos?

Sin lugar a dudas, los causantes del fenómeno de la exclusión son los mismos enemigos en el medio rural que en el urbano, porque en el fondo es el modelo neoliberal el que lo controla y embulle todo, llegando a controlar las culturas, las conciencias y todos los recursos naturales, para seguir expoliándolos y extinguiéndolos. Perfectamente podríamos decir que dicho modelo es lo más parecido a una máquina especializada en producir pobres.

El medio rural, ¿ha perdido, sin remedio, su identidad?, donde así ha sido, ¿cómo recuperarla? ¿Es posible?

Estamos a punto de ello, todo dependerá de la capacidad de reacción de la gente, que tome conciencia de la importancia de mantener sus señas de identidad, sus culturas, piezas claves para construir el futuro de los pueblos. La identidad de éstos es como las raíces que alimentan a las plantas, cuando éstas se secan las plantas mueren. Evitar esta catástrofe nos corresponde un poco a todos, especialmente a los que vivimos en los pueblos.

Posibilidades del medio rural. Jeromo, ¿agroindustria o agricultura familiar?

Agricultura social, a pequeña escala, gestionada por familias campesinas. Agricultura con agricultores y agricultoras con conciencia del papel social que les corresponde desarrollar: producir alimentos para las personas.

La agroindustria tiene que desaparecer de la faz de la tierra, sus objetivos son perversos, inhumanos, sólo funciona si se imponen sus lógicas, las del máximo beneficio a costa de lo que sea y como sea, haciendo de la agricultura y la alimentación un puro negocio, que excluye y mantiene a millones de personas en la miseria y el hambre

¿Políticas agrarias basadas en la potenciación de las redes locales? o en tiempos de globalización social y económica, ¿continuamos globalizando también los productos agrícolas?

La potenciación de las redes locales desde las políticas agrarias sería la consecución de uno de nuestros anhelos, pero nos da la impresión de que ello va para largo. Las políticas agrarias actuales no sólo son la herramienta crucial para apoyar un modelo productivo desastroso en términos sociales y medioambientales, sino que también son el instrumento para hacer de la alimentación una mercancía. Desde ellas se abren las puertas a las multinacionales para mercadear con los alimentos, moviéndolos de una punta a otra del planeta simplemente con la única función y afán de especular con ellos. El control de los mercados se aleja del control público, el libre mercado ha pasado a ser una falacia para convertirse en un monopolio exclusivo de un grupúsculo de transnacionales que colocan alimentos allí donde les es más rentable, obviando las necesidades reales de las poblaciones y destruyendo las bases de una agricultura local para mercados cercanos. En el fondo lo que está en juego es la soberanía alimentaria de los pueblos.

¿Por qué producción y alimentación deben ir de la mano?

En nuestras propuestas de agricultura campesina producción y alimentación son compañeros de viaje. El acto de producir alimentos hemos de convertirlo en un acto ético y no mercantil, es un acto social porque aspira a cubrir una de las necesidades elementales del ser humano, y en estos momentos es un acto político, de rebeldía, de desobediencia civil al oponernos a las reglas del juego que nos impone la industria agroalimentaria con el beneplácito de los organismos multilaterales y de los Gobiernos que los justifican.

¿Es posible calidad de vida en el medio rural? ¿Es posible la mejora de los servicios públicos en los pueblos y zonas rurales? ¿Continuamos abandonando el medio rural? ¿Es un error?

No sólo es posible, sino que es necesario. Al medio rural le falta lo más importante, que son las personas. En los municipios menores de 2.000 habitantes tan sólo vivimos 2.000.000 de personas, pero estamos presentes en el 70% del territorio español. Con personas en los pueblos y construyendo otros modelos de desarrollo, que se alejen de la lógica de la competitividad, la insolidaridad, el crecimiento ilimitado, etc., es posible vivir con dignidad y con orgullo en los pueblos.

Aun así, como dato cargado de utopía y esperanza, yo siempre digo que el mundo rural no está en crisis, que lo que sí está en crisis es el modelo de producción y consumo capitalista impuesto a nivel planetario, sostenido a costa de las desigualdades entre personas, regiones y continentes. A pesar del drama que vivimos, como resultado del intento constante por despojarnos de nuestra cultura y de nuestros recursos, en el mundo rural está la esperanza, no sólo para los rurales, sino para la sociedad en general.

Retos desde el medio rural. ¿El medio rural y el medio urbano se necesitan? ¿Va por aquí una parte del futuro de los dos?

Se necesitan como el comer. Las alianzas campo-ciudad son imprescindibles en estos momentos. La construcción de la nueva ruralidad sólo es posible hacerla de la mano de la gente que vive en las ciudades, con ellas tenemos que iniciar el debate de la vuelta al campo, del reencuentro con la madre tierra y de forzar un equilibrio entre población y territorio. El ser humano debe de estar al lado de donde se producen los alimentos. Hemos de iniciar la urgente tarea de recampesinizar la sociedad, abrazando la tierra que es la madre que nos parió.

El futuro, ¿será más esperanzador para quienes apuesten por revalorizar la identidad del medio rural, estar en él y defender su territorio, o para quienes continúen desmantelando, huyendo y negociando con un medio rural que agote sus recursos naturales?

¿Cómo se pueden generar espacios de esperanza aniquilando los recursos que nos proporcionan la vida? Es imposible, el modelo neoliberal ha conseguido hacer del mundo una mercancía y el mundo no es una mercancía, el mundo es la casa común donde habitamos todos los seres vivos y donde el ser humano es uno más de esa cadena que sostiene la vida.

La Soberanía Alimentaria, ¿una utopía, una necesidad, una manera de vivir, de entender la vida, un modelo de desarrollo?

Es la alternativa global frente a la crisis al sistema capitalista, expresada hoy en la crisis alimentaria, climática, financiera, energética… Pero no sólo es una alternativa para los campesinos y las campesinas, sino para la sociedad en su conjunto. Solamente a través de la soberanía alimentaria el campesinado podrá continuar con sus prácticas sostenibles en la tierra en beneficio de toda la humanidad. En definitiva, la soberanía alimentaria es una propuesta política (no técnica) que trata del derecho de los pueblos a decidir el propio sistema de alimentación y producción, además de ofrecer una estrategia para resistir y desmantelar el comercio libre y empresarial, dando prioridad a las economías, los mercados locales y nacionales. La soberanía alimentaria es la única propuesta válida para desterrar el hambre de la faz de la tierra.

Jeromo, para finalizar. Leonardo Boff apunta en uno de sus libros que “entre las numerosas deudas de nuestra sociedad, la deuda ecológica es una de las más pesadas”. Brevemente, medio rural y ecología, ¿cómo saldar esta deuda?

Tenemos que parar la locura del consumo frenético practicado en los países desarrollados; dejar de extraer recursos de la naturaleza y de los países pobres para mantener nuestro nivel de confort. Hemos de equilibrar la balanza del bienestar (que por ahora sólo disfruta el 20% de la población mundial) mediante prácticas de decrecimiento por parte de la población con los estómagos saturados, para que los desnutridos alcancen los mínimos necesarios para una vida digna, devolviendo a los países pobres todo lo que les hemos robado: sus recursos, su soberanía y sus vidas.

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