ESTA ES, ASÍ HA SIDO, MI VIDA DE MUJER CRISTIANA

Araceli Torres

STA. Madrid

 Pertenezco a una comunidad cristiana desde hace más de treinta años y mi trayectoria ha sido un paso de la fe sin preguntas y porque sí, en la que todo se limitaba al cumplimiento de unas normas, a una experiencia de fe que se cuestiona muchas cosas y que ha ido quitando tanto que a veces pienso que no tengo nada a que agarrarme y que necesito ir construyendo y aprendiendo cada día.

Mi proceso de cambio empezó en la parroquia universitaria Sto. Tomás de Aquino (STA) de Madrid donde a finales de los años 70 empecé a escuchar cosas que no se decían en las iglesias de mi barrio; aquello me atrapó y fue haciéndome cambiar de mentalidad, a liberarme de tabúes y a cambiar mis prioridades.

El primer cambio fue la corresponsabilidad. En aquellos años se inició lo que llamábamos parroquia-comunidad en la que participábamos en las decisiones tanto los sacerdotes como los laicos; por supuesto no había distinciones entre hombres y mujeres, la idea era arrimar el hombro y llevar adelante aquel sueño. Durante esta etapa participé en el consejo parroquial que era el que marcaba las directrices de la parroquia previamente aprobadas en asamblea, en la comisión de exteriores que tenía gran importancia por ser la expresión pública de la parroquia hacia fuera y por los actos culturales y de formación en la fe que se organizaban, en la comisión de liturgia que adquirió gran importancia para animar las celebraciones que habían empezado a ser más participadas y en las que las homilías se hacían dialogadas.

Unos años después, tras muchos problemas con la jerarquía, se cerró la parroquia y la comunidad de STA formada por unas 80 o 90 personas fue acogida por el MAS (Movimiento Apostólico Social) en cuyo local nos venimos reuniendo y trabajando desde hace más de 25 años. En este tiempo hemos ido perdiendo buenos amigos pero también hemos incorporado otros, lo cual nos anima a seguir siendo una comunidad abierta a aquellos que quieran acercarse.

En esta etapa  he pasado por distintos momentos de mayor o menor implicación, pero siempre trabajando y colaborando en la medida de lo posible. La comunidad siempre me ha dado fuerzas y motivos para continuar comprometiéndome con la causa de Jesús. Desde el primer momento la comunidad ha formado parte de Iglesia de Base de Madrid en la que yo he estado presente, unas veces como representante de mi comunidad y otras trabajando dentro de la coordinadora. Ahora participo siempre que puedo en las asambleas de Iglesia de Base, en los foros sociales de Madrid, en las asambleas de Redes Cristianas… porque creo que es una forma de conocer, participar y escuchar a otros que también están trabajando por el Reino.

Dentro de la comunidad he formado parte del consejo, de la comisión de catequesis, de los grupos de preparación de las eucaristías, de la comisión de acogida, grupos de reflexión, etc.

Un paso importante en la vida de la comunidad, y por supuesto para mí, fue asumir el sacerdocio comunitario tras un periodo de formación y de aclararnos qué significado tenían para nosotros las celebraciones de nuestra fe. Resultó de lo más natural que la idea de servicio no debía limitarse sólo a formar parte de la pequeña estructura que teníamos en la comunidad sino que nuestras celebraciones también debían ser una expresión de nuestras vivencias y compromisos puestos al servicio de todos; de esta forma se hacen más ricas y nos comprometen, animan e incluso conmueven, pues estamos celebrando la vida con sus momentos dulces pero también los amargos y dolorosos.

También formo parte de un grupo de reflexión de unas 14 personas que nos reunimos quincenalmente e intentamos reflexionar a la luz del evangelio sobre temas personales, sociales, teológicos, de actualidad, etc. En estos grupos más pequeños se favorece el diálogo, el conocimiento, la amistad y el compromiso tanto social como de comunicación de bienes.

En estos años la comunidad me ha ayudado a descubrir un Jesús más humano, con un mensaje muy claro a favor de los pobres y de la lucha por la justicia. He descubierto que Dios no está en las alturas sino encarnado en las personas que tenemos al lado y por tanto cualquiera que trabaje por un mundo mejor donde los valores que primen sean la justicia y la solidaridad es mi compañero de viaje. Me siento una privilegiada por poder compartir, celebrar y vivir mi fe con esta comunidad.

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