Entrevista: Adela Jiménez Villarejo

Adela Jiménez Villarejo

Por Charo Rubio

CCP de Antequera, Málaga

El mundo de las migraciones es mi principal preocupación a esta altura de la vida.

Haz un pequeño esbozo de tu vida

La verdad es que me crie en un ambiente de cristianos comprometidos, aunque con la particular visión del cristianismo de aquellos tiempos. Quizá eso me hizo focalizar mi vida en América Latina, dedicada a la enseñanza, donde me especialicé en la rama de Psicopedagogía. Estuve en varios países, pero tengo especial recuerdo de Ecuador, donde, de la mano de Monseñor Proaño, llegué a un compromiso social más sólido. Recuerdo con particular cariño aquellas reuniones en la Casa Santa Cruz que fundamentaron ese compromiso y que significaron un cambio radical de mi vida.

Regresé a España en 1975, ya con esa visión nueva de mis convicciones religiosas: la de un cristianismo comprometido socialmente. Después de un tiempo de búsqueda, hacia 1977, ingresé en el Partido Comunista y unos años más tarde en las Comunidades Cristianas Populares. En 1985, en este contexto de CCP, me trasladé a vivir a Vallecas para participar de las entonces llamadas “Escuelas Populares” y en otras entidades sociales, como la Asociación de Vecinos.

Recuerdo con satisfacción mi militancia en el Partido Comunista y particularmente sentí también esa satisfacción en mi participación y compromiso en las CCP, sintiéndome parte de aquella mi pequeña comunidad en la parroquia de  Santo Tomás de Villanueva, donde Julio Lois animaba los grupos.

Recordando estas cosas, no puedo olvidar mis treinta años formando parte también de Cristianos por el Socialismo.

En 2004 vine a Málaga, donde a través de Antonio Zamora y sobre todo de Charo y Juan, me integré en las CCP de aquí, concretamente en la CCP de Antequera. En 2005 contacto con el fenómeno migratorio, primero dando clases de español en Málaga Acoge y luego como participante en su Junta Directiva y en la Plataforma de solidaridad con los inmigrantes de Málaga. Al día de hoy soy presidenta de Málaga Acoge. El mundo de las migraciones es mi principal preocupación a esta altura de la vida.

Desde tu jubilación, una jubilación, activa por lo que se ve, ¿crees que el mundo que nos ha tocado vivir está al servicio de la vida?

No. Yo creo que no. Y no por la pandemia, sino por los rescoldos de odio que se encienden en un lugar y otro, donde los perdedores son las personas migrantes o en situación de vulnerabilidad.

Por otro lado hay un individualismo atroz y una competitividad insultante que ahoga todo atisbo de vivir al servicio de la vida. Sin embargo, en este ambiente tan impropio surgen también propuestas por la vida y no puedo dejar de mencionar la encomiable labor de los voluntarios de Málaga Acoge durante la pandemia, que se han dejado la piel en la atención a los pisos donde residen los jóvenes ex-tutelados.

¿Consideras que la política ha perdido el sentido del bien común?

Depende de qué política y de qué políticos concretos. La política de por sí es buena y necesaria, pero en muchos casos, su puesta en práctica, que llevan a cabo las personas elegidas para ello, supedita y da mayor preferencia al propio partido que al servicio común y el bien de la comunidad.

Y la Iglesia, ¿también la ha perdido?

No cabe duda que la llamada Iglesia Oficial sí. Ha perdido el sentido del bien común. Quizá por su vinculación al dinero y al poder, quizá por olvidarse de sus orígenes y de la propuesta de bien común y de amor desinteresado de Jesús de Nazaret.

Hay ciertos servicios que ahora son vitales, como el sanitario, la educación o el cuidado ecológico. ¿Crees que realmente se les considera vitales?

A la pregunta yo respondería que todo consiste en poner el énfasis en lo público con todo el significado que esta palabra conlleva. Porque yo entiendo que lo público acoge a todas las personas, a lo igual y a lo diverso.

A esta altura de la vida, ¿consideras que los cuidados de la vida tienen más sentido que nunca?

No cabe duda. Al hacerte mayor sientes más la necesidad de los cuidados y a la vez te das cuenta de cómo otra gente, no solo mayor sino sometida a los mil avatares de vida, necesita también de esos cuidados.

La empatía, la compasión o el amor, en un mundo de máquinas, ¿tienen sitio?

Difícilmente. Las máquinas ahogan en muchos casos las relaciones humanas. Estemos en el mundo que estemos, necesitamos abrazarnos, besarnos, sentirnos. Esta falta de contacto a cuenta de lo vivido con la Covid-19 ha evidenciado las patologías que pueden surgir.

Te mueves en el ámbito de la solidaridad con las personas migrantes. ¿Cuáles son los retos que tienen actualmente las políticas migratorias?

Creo que las políticas migratorias europeas son regresivas y no se adaptan a sus propias constituciones, todas ellas focalizadas en el control de fronteras y en las expulsiones.  Es necesario un giro de 180 grados, teniendo claro que se necesitan vías legales, sí, vías legales para entrar en Europa, que no se puede criminalizar ni estigmatizar a ninguna  persona por una falta administrativa, como es no tener papeles, y porque no cabe duda de que necesitamos de las personas migrantes. La Vanguardia decía recientemente que Europa necesita a corto plazo 60 millones de inmigrantes.

¿Qué es lo más desgarrador de la vigencia de esas políticas?

Que están enfocadas negativamente, solo para reprimir. Cuando es una realidad incuestionable que necesitamos a las personas migrantes y que las vamos a necesitar más. Estas políticas solo se mantienen por el miedo que se tiene a la ultraderecha y su comparsa cavernícola.

¿Cuáles son las soluciones?

Reitero, ante todo deben existir vías legales de inmigración y por tanto que las migraciones no se gestionen desde puntos de mira excluyentes, militares y de control de fronteras. Ya sabemos cuál es el precio del peaje de este tipo de gestión: los miles de muertos en el Mediterráneo y Canarias.

En este cuadro de claroscuros, ¿dónde crees que se alimenta la esperanza?

Tengo claro aquello de Eduardo Galeano: “Pequeñas acciones, hechas por pequeñas personas, en pequeños lugares hacen cosas grandes”

No todo es negro. ¿Cómo podemos reorientar nuestro modo de vivir al servicio de la vida?

Es difícil hacer un recordatorio completo, pero para mí, en primer lugar, está el decrecimiento, luego la simplicidad de vida y, además, poner en valor lo público, frenar el consumismo y trabajar en equipo.

2 comentarios

  1. Enhorabuena por la entrevista. Adela es un referente en las CCP de toda Andalucía. Gracias Adela por tu testimonio.

  2. Gracias compañera. Necesito sentir que estemos donde estemos, yo en Galicia, nos une la fuerza de la Ruah. Seguiremos el compromiso de servicio con nuestrxs hermanxs migrantes y refugiadxs. La confianza de seguir haciendo camino con la buena voluntad de tener una guia de compromiso: el Evangelio de Xto el Mesias. Que la Paz y el Bien te sigan acompañando en tu.dia a dia. Gracias, de verdad

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*