Comunicado C.C.Base de Murcia sobre el genocidio palestino

La criminal agresión de Israel contra el pueblo palestino, particularmente los bombardeos y consiguiente arrasamiento de la Franja de Gaza, las Comunidades Cristianas de Base de la Región de Murcia manifiestan su indignación y su más enérgica condena, expresando:
1. Que el pueblo palestino es el legítimo dueño de esta tierra que la habita con pleno derecho desde varios milenios, hundiendo sus raíces en los antiguos pueblos cananeos. Desde 1967 Palestina vive bajo la ocupación israelí, pese a que Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales lo consideran ilegal. El 78 por ciento del territorio palestino está totalmente ocupado por Israel, quien no cesa de construir nuevos asentamientos judíos, usurpando por la fuerza la tierra y el agua de las comunidades palestinas, e incluso expulsando de sus casas a sus legítimos dueños. Quien se opone a ello es asesinado. Alrededor de seis millones de palestinos sobreviven como refugiados en su propia tierra. Y para colmo, el estado de Israel ha levantado un gigantesco muro, llamado el muro de la vergüenza, para aislar al pueblo palestino. Precisamente, el pasado 9 de julio se cumplió diez años desde que la Corte Internacional de Justicia declaraba ilegal este muro. El Papa Francisco insistió en su viaje a Tierra Santa que el muro es una verguenza para la humanidad, que no son muro sino puentes lo que hay que construir. Pero Israel hace caso omiso de las voces que buscan la paz. 2. La crisis que estos días estamos viviendo se inició con el secuestro y asesinato de tres jóvenes colonos judíos cerca de Hebrón, que según el gobierno de Netanyahu fue autoría de Hamas, aunque esta organización lo niega. En verdad no hay pruebas. Incluso, hay quienes especulan sobre una posible operación encubierta de las fuerzas de seguridad de Israel para justificar una intervención en la Franja de Gaza. Este acontecimiento generó que un adolescente palestino fuera quemado vivo por extremistas judíos, lo que provocó una indignación generalizada en el pueblo palestino. Se sospecha que es, precisamente, lo que esperaba el gobierno de Netanhayu para desatar una escalada represiva sobre las principales ciudades de Cisjordania, particularmente en Jerusalén, Nablus y Hebrón, poniéndolas bajo toque de queda. Más de 500 personas fueron arrestadas en menos de cuatro días, entre ellas académicos, funcionarios de ONGs, políticos… Seguidamente el ejército israelí asesinó a 11 personas incluyendo a dos niños de 7 y 13 años. 3. Ante esta situación, los militantes de Hamás, acorralados en Gaza, disparan cohetes caseros con mala puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelí usurpó. La desesperación es la madre de las acciones violentas, gritos sin ninguna eficacia. Mientras Israel responde con ataques aéreos de alta potencia sobre la Franja de Gaza, un territorio de 350 km2 con casi dos millones de habitantes, considerada la cárcel a cielo abierto más grande del mundo. Los bombardeos israelíes y artillería pesada desde
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las cañoneras de los barcos de guerra contra las costas de Gaza, se han cobrado, hasta el presente alrededor de 650 vidas, de las cuales una tercera parte son niños, y 2.780 personas heridas, muchas de gravedad. Los hospitales están colapsados y desabastecidos y uno de ellos completamente destruido; escuelas, comercios, plazas públicas, centros oficiales, mezquitas, e incluso la iglesia católica han sido parcial o totalmente arrasados. Mil doscientos hogares reducidos a escombros, dejando sin techo a familias enteras so pretexto de acabar con los militantes de Hamas. Un hecho que clama al cielo es el ametrallamiento, desde una embarcación israelí, de cuatro niños palestinos que jugaban en la playa de Gaza. 4. Se acusa a Hamas de terrorismo, pero ¿qué mayor terrorismo que la sucesión de bombardeos, destrucción y muerte que Israel está ocasionando en un pueblo ocupado, en donde la mayoría de los muertos son población civil indefensa? Naciones Unidas en la Resolución 3101 (diciembre de 1973), afirma el derecho legítimo de los pueblos bajo dominación colonial extranjera o bajo regímenes racistas, a luchar por su autodeterminación. Pablo VI, en la Populorum progressio afirma que en el caso de evidente y prolongada tiranía, que atentase gravemente a los derechos fundamentales de la persona y damnificase el bien común, estaría justificada la insurrección revolucionaria (nº 31). Esta es la situación del pueblo palestino. Un pueblo que tiene derecho a la vida y a una vida libre y digna. Las masacres de la población civil en Gaza son un auténtico genocidio que hiere la conciencia de la humanidad. Para Israel los Derechos Humanos parece que no existen. Una vez más suenan las palabras del Monseñor Romero, que desde el corazón de los pueblos oprimidos y ensangrentados de la tierra, clama: “En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, ¡les ordeno! ¡Cese la represión!”. 5. En medio de esta situación, manifestamos: -Nuestra condena al secuestro y asesinato de los tres jóvenes colonos judíos, la muerte del adolescente palestino quemado vivo por extremistas judíos y el ametrallamiento desde una embarcación israelí de cuatro niños que jugaban en la playa. Pero sobre todo, condenamos la matanza de población civil en Gaza, de la que una tercera parte son niños, bombardeada por las fuerzas militares israelíes. Ninguna muerte se justifica bajo ningún pretexto. La vida humana es sagrada. La voz de la sangre de los muertos grita desde la tierra hasta el corazón de Dios (Gn 4,10), quien tanto amó al mundo que le envió a su Hijo Jesucristo para que haya vida y vida en abundancia (Jn 10,10). -Nuestra solidaridad con el heroico y hermano pueblo palestino. Así como expresamos nuestra condena y solidaridad con el pueblo judío perseguido e inmolado por los nazis, hoy lo hacemos con el pueblo palestino. Nos unimos al dolor de las personas que han perdido a sus familiares, sobre todo de las madres que han visto morir a sus hijos. El drama humano golpea nuestra conciencia y sensibilidad. Nos unimos a su lucha por libertad, el derecho al territorio, la dignidad y la paz. Confesamos que el mundo no está clasificado entre orientales y occidentales, cristianos, judíos y musulmanes, creyentes y no creyentes, sino entre opresores y oprimidos. Nuestra opción, como seguidores de Jesús, son los
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pobres y oprimidos de la tierra. Caminamos juntos, como hermanos, luchando y soñando en otro mundo de justicia y libertad, signo de la presencia del reino de Dios. -Nuestra más enérgica condena del estado de Israel como violador del derecho Internacional, de las resoluciones de la ONU y de la Convención de Ginebra de manera sistemática, continuada y exigimos la imposición de sanciones económicas y políticas ante estos crímenes de lesa Humanidad. -Nuestro reconocimiento al derecho que tiene el estado de Israel a vivir seguro dentro de sus fronteras, lo cual no le autoriza a invadir el territorio palestino. -Nuestra indignación frente al silencio y pasividad de la mayoría de los gobiernos y organizaciones internacionales y denunciamos su complicidad con el genocidio israelí. 6. Por todo ello, -Hacemos un llamado a todas las organizaciones sociales y comunidades cristianas de América Latina y del mundo a manifestarse frente a las embajadas de Israel, exigiendo el alto al fuego y la retirada de los territorios ocupados por Israel. -Exigimos a nuestros gobiernos el cese de acuerdos comerciales, empresariales y culturales con Israel, en tanto no cumpla las resoluciones de la ONU y las leyes y el Derecho internacional. Nuestros gobiernos hablan de paz y aprueban resoluciones de la ONU, pero siguen contribuyendo a perpetuar la violencia negociando con países que violan los derechos humanos y el derecho internacional. -Hacemos un llamamiento al boicot de productos de Israel, hasta que este país derribe el muro y regrese a las fronteras anteriores a la guerra de los “seis días” . Para llevar a cabo este boicot habrá que identificar sus productos en los distintos centros comerciales. -Exigimos a las autoridades de Israel y de Palestina que reanuden el diálogo de paz, para buscar una salida negociada y digna al conflicto. La paz es fruto de la justicia (Sal 85). Con razón proclamaba Juan XXIII, en la Pacem in terris, que el camino para la paz es el reconocimiento de la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad. -Nos unimos en oración con todos los cristianos de las distintas confesiones y con los musulmanes y judíos amantes de la paz de todo el mundo, implorando la fuerza del Espíritu de Dios para no desfallecer en los sueños y en la lucha por otro mundo posible, en donde el derecho, la libertad y la paz que nacen de la justicia se establezcan en la tierra.

Comunidades Cristianas de Base de Murcia, Julio, de 2014

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