Colaboración: Hacia una espiritualidad comprometida. (I)

A pesar de vivir en sociedades plenamente secularizadas como son las europeas, o justamente por ello, asistimos con frecuencias a extraños debates y polémicas en torno a este confuso campo de las nuevas espiritualidades. Ello nos ha inducido a proponer algunas reflexiones sobre el tema, desde nuestra óptica laicista, para subrayar que ni cabe apelar a una espiritualidad identificada con el Catolicismo tradicional, ni parece oportuno plantear una espiritualidad alternativa al Cristianismo decadente. Porque la cuestión es previa a cualquier planteamiento religioso.

Se trata de superar el pernicioso dualismo, heredado del pasado, según el cual lo espiritual es contrario a lo material.  En efecto, en la mentalidad más común, espíritu se opone a materia. Y, en ese sentido, será espiritual lo que no es material, lo que no tiene cuerpo. Y se dirá de una persona que es «espiritual» o «muy espiritual» si vive como sin preocuparse de lo material, ni siquiera de su propio cuerpo, tratando de vivir únicamente de realidades espirituales que suelen entenderse como religiosas y que tienen su mayor expresión en la vida monacal y las experiencias de los místicos.

 Cómo entender la espiritualidad?

Espiritualidad es un término que procede de “espíritu” y que ha llegado a nosotros después de un largo recorrido y con diversos acentos. En la tradición judeocristiana encontramos el término hebreo femenino, “la ruaj”, el aliento de vida; los griegos lo tradujeron como “to pneuma” (palabra neutra, que quiere decir “fuerza activa que da vida, sustenta, guía, gobierna todas las cosas”) y en la cultura latina se formuló como “spiritus” (forma masculina y patriarcal), que es cómo ha llegado a nosotros.

Referencia a un principio vital

Tomando lo más positivo de esas culturas, habrá que entender que “el espíritu” no es para otra vida; que alude a lo mejor de esta vida, lo que la hace ser lo que es, lo que ayuda al  compromiso sostenido dándole claridad y vigor, manteniendo e impulsando el vivir cotidiano. Y que espiritualidad hace referencia clara a un principio vital, al hálito que da vida, que da existencia a todo lo que existe. De modo que podemos llegar a esta definición: el espíritu es la fuerza, la energía que alienta, la que da consistencia a toda realidad, a cualquier realidad humana. Espiritualidad entonces es el arte de vivir, de respirar, de acoger y de infundir espíritu.

La idea de que ‘lo espiritual’ se opone a ‘lo material’ y a ‘lo corporal’ proviene de la cultura griega. Algunos filósofos griegos preferían siempre lo espiritual a lo material, el alma al cuerpo, el mundo de las ideas antes que el mundo de las realidades. De allí pasó a nuestros idiomas occidentales, haciendo que casi todo lo que puede llamarse «cultura occidental» esté contagiado por esta concepción griega de lo espiritual. No ocurre lo mismo, por ejemplo, en las lenguas indígenas.

Es preciso llamar la atención

Aplicando esa dialéctica a nuestra realidad cristiana, es preciso llamar la atención sobre el choque entre dos paradigmas: el tradicional y el emergente. El tradicional, propio del Nacional-catolicismo, que gira en torno a estos dos términos: “doctrina y culto”;  y el emergente, que se puede enunciar como “compromiso y espiritualidad”. Uno, el del papa Benedicto XVI y otro, el del papa Francisco. Uno,  rígido y doctrinario, lejos de la gente, y otro, dinámico y cercano a la realidad y al pueblo, en diálogo con la gente, con sus problemas y preocupaciones. Está pasando el tiempo de la religión que gira en torno al culto y la doctrina, y nos vamos acercando más a los problemas de nuestra realidad histórica y vital, con menos preocupación por los ritos y más acción comprometida.

Por ello, las comunidades y grupos eclesiales de base nos identificamos más con la acción liberadora, al estilo de Jesús de Nazaret, y menos por la pertenencia eclesial, en la que prima el culto y la doctrina.

En la próxima entrega completaremos esta Introducción puntualizando las relaciones de esta espiritualidad laica y comprometida: 1) con la religión, 2) con la política y 3) con la Ética.

 Comisión de Laicidad de Cristianas y Cristianos de Base de Madrid

                                                                                                                                        

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