ARCADI OLIVERES, UN HOMBRE COHERENTE

Luis Ángel Aguilar

 Encontrar una persona que conociera bien los entresijos del consumo, con todas sus connotaciones económicas y en el seno de una sociedad injusta y neoliberal, que conociera de cerca el mundo de la solidaridad, por estar dentro y que tuviera un cierto talante y autoridad fruto de sus convicciones y de su coherencia, no fue dificil y enseguida pensamos en ARCADI OLIVERES. Lo dificil, claro está, era entrevistarlo. Pues pese a su rápida aceptación, su permanente disponibilidad, y sus múltiples compromisos por la construcción de un mundo más justo, lo hacen muchas veces inaccesible.

 Arcadi, barcelonés y cincuentón, es economista, presidente de Justicia y Paz de Barcelona, y vicepresidente, vocal, miembro y asesor de un puñado de organizaciones y entidades relacionadas con la paz y la solidaridad (Federación catalana de ONG por la paz, Financiación ética y solidaria, Universidad internacional de la Paz, ATTAC, etc).

Además de impartir sus clases en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde es profesor titular, participa en numerosos doctorados, master y postgrados, tanto nacionales como latinoamericanos.

También ha escrito sobre los distintos campos de investigación que relacionan la economía con las alternativas alter-globalizadoras como son las relaciones Norte-Sur, la Deuda Externa, el comercio internacional, la cooperación al desarrollo, comercio de armamentos, y tantos y tantos temas de actualidad como el petróleo como causante de guerras, el Prestige y sus tramas, la tasa Tobin sobre el dinero especulativo, el comercio justo …

Y aún le queda tiempo para dar charlas y conferencias, que con una pedagogía admirable, mantiene la atención de sus auditorios, sin más tecnología que su palabra, lo cual, tratándose de temas relacionados con la economía, no deja de asombrarnos.

Hace poco estuvo en Albacete, convocado por ATTAC, Justicia y Paz y las CCP para hablar de los miedos y esperanzas de la Globalización, y en una charla, antes de coger su tren, que después hemos tenido que completar por teléfono, pudimos sacarle estas reflexiones que vienen al pelo con el tema monográfico que abordamos en esta UTOPÍA, para la construcción de un mundo nuevo.

¿Qué relación se puede establecer entre globalización y consumo?

La globalización neoliberal es generadora de un consumo insostenible. Si pretendiéramos que todo el mundo consumiera como lo hacemos en el primer mundo, no tendríamos para todos.

Pero, según la FAO (la organización mundial de la alimentación) tenemos alimentos para satisfacer las necesidades de alimentación de todo el mundo y aún sobraría un 10%. ¿No es así?

Claro que lo es, y aún 840 millones de personas sufren hambre severa, y de ellas 1 00.000 mueren cada día (fijate que es el doble de los muertos en el gran terremoto de Irán del año pasado).

Si el problema no es la falta de alimentos, la cuestión estará en su injusta distribución ¿verdad?.

Por supuesto. Mientras que en Europa, Canadá o Japón hay excedentes, en África, Asia o América Latina hay déficit.

¿Una solución puede ser mandar alimentos?

Mandar nuestros excedentes no es la solución, primero porque romperíamos su dieta alimentaria y segundo porque si mandamos nuestros alimentos, los campesinos de allí no podrían vender los suyos, se arruinarían y al cabo de dos años, el hambre seria mayor.

¿Y enviar dinero, entonces?

Esa es la respuesta de la FAO en Roma, en junio del 2002, que decía: «denme dinero y yo organizaré la producción agraria en los países pobres y el hambre se terminará; para ello necesitamos 50.000 millones de dólares de los países ricos». Estos dijeron que sus presupuestos eran muy ajustados, pero 7 meses más tarde no encontraron los 50.000 millones sino, 200.000, para financiar la guerra de Irak. ¿Estamos o no frente a un mundo gobernado por delincuentes?

Con lo que se gasta en armamento ¿no habría para combatir el hambre o erradicar el SIDA?.

Para erradicar los 3 millones de personas que mueren de SIDA cada año, la ONU ha pedido 10.000 millones de dólares para las vacunas. Pues bien, esa cantidad es lo que supone el gasto militar de tres días. Y con respecto al hambre podemos asegurar que con el gasto militar de un solo año, habría suficiente para erradicar el hambre en el mundo durante 20 años.

Y volviendo a nosotros, ¿qué decir ante ese «usar y tirar» en el que basamos nuestro consumo?

Hombre te diría lo que los ecologistas. Las tres erres famosas del Reciclar, Recuperar y Reutilizar. Que tenemos que ir abandonando esas malas costumbres de los productos de usar y tirar, de las bolsas de plástico, de ir constantemente estrenando,…

Creo que fue en Johannesburgo en 2002 cuando se dijo aquello de que harían falta tres planetas si el tercer mundo consumiera lo que nosotros. ¿Cuál tendría que ser nuestro compromiso personal en este sentido?

Está claro que como no tenemos tres planetas, tenemos que reducir el consumo nosotros. Si el señor de la India sufre tanto frío como el de Albacete, la única solución es que deduzcamos un poco nuestro consumo para que el señor del Himalaya, que consume 8 veces menos energía que nosotros, tenga también ese derecho.

Te hemos oído decir que consumir menos no reduce nuestra felicidad, ¿cierto?

Pues claro. La felicidad y el consumo no tienen nada que ver. Yo soy feliz el día que tengo una buena velada con mis amigos, el día que voy de excursión y veo una puesta de sol o cuando me enamoro,… y todo ello afortunadamente es gratis.

¿Ni tampoco tiene por qué afectar a nuestro nivel de vida?

Claro que no. La reducción del consumo no sólo no supone una pérdida en la calidad de vida, sino que en algunos casos la mejora sen Alemania, por ejemplo, ya hay muchas casas que no tienen lavadora; en su lugar tienen unas lavadoras industriales para todos los vecinos de cada bloque. Reducen pues el consumo total, sin reducir su calidad de vida porque las lavadoras industriales lavan y secan con mayor rapidez que las lavadoras domésticas.

¿Y cómo era eso de los desayunos en los aviones?

Bueno ahora ya no te dan ni eso, pero antes cuando tenía que coger el puente aéreo, sobrevolando Zaragoza, la señorita te traía una especie de bandeja -obviamente de porexpan-en la cual había una taza -obviamente de plástico-con tres dedos de café obviamente imbebibles-, acompañados de 4 galletas -estas recubiertas de celofán y todo ello junto a una cucharita de plástico, con una celulosa para que te lavaras las manos y una toallita con olor a limón para que te las volvieras a lavar. Y yo me preguntaba, ¿para tomarme tres dedos de café hace falta todo este gasto? He estado en aeropuertos en cuyas salas de espera y antes de embarcar te ofrecen unas jarras con zumo, unas teteras de café y unos bocadillos para que uno mismo se sirva, con lo que te subes al avión mejor alimentado y por menos dinero. Es decir, que reducir el consumo no significa en absoluto reducir nuestra calidad de vida, si las cosas se hacen bien.

Y la austeridad compartida, ¿también ayuda, o es algo para célibes y monjes?

Por supuesto que ayuda. El darle un carácter colectivo a la austeridad individual es algo que siempre nos refuerza y que nos incitará a mantenernos mucho más coherentes. Además, la eficacia será mayor y la reducción del consumo será también mucho mayor.

Cuando escribes sobre nuestras posibilidades como consumidores, insistes en lo que llamas selección de lo que consumimos. ¿Estás refiriéndote al Comercio Justo?

También, claro está, porque se trata de un instrumento muy útil. Es algo que está en nuestras manos. Si tenemos un cambio coherente de actitud, seleccionaremos nuestra cesta de la compra, escogiendo o rechazando tal producto, al preguntarnos de dónde viene, cómo se ha producido o en qué condiciones lo han fabricado. Si yo estoy en contra de la explotación infantil, no le compraré unas bambas «Nike» a mi hijo, y si estoy en contra de lo que hizo la Nestlé en África con la leche en polvo, no le compraré el Nescafé ni el chocolate cuando vaya al Supermercado.

Son nuestras opciones las que pueden hacer cambiar de prácticas a determinadas empresas y a veces no nos queda más remedio que los boicots, ¿verdad?

Claro, claro. Por eso tenemos que seleccionar, teniendo un buen criterio de qué consumimos. Al comprar un producto y no el de al lado, estamos haciendo una especie de «votación» y, al igual que con el político, debemos preguntarnos qué hay detrás de los productos que consumimos. Mirad, en Barcelona hay una revista que se llama precisamente «opciones» donde viene un listado de todas estas empresas relacionadas con la explotación de los países del Sur.

Y de lo que se trata es de que actuemos contra ellas.

Claro, pero sobre todo, siendo coherentes con lo que pensamos. Si yo el domingo estoy en una manifestación contra esta injusta globalización y por otro mundo posible, no puedo al día siguiente cobrar mi nómina por el BBV que es el banco que más inversión tiene en industria armamentística. He de ser coherente y saber el destino de las finanzas. Y ojito también con los fondos de pensiones, porque se puede dar la paradoja de tenerlos en Telefónica, Endesa o Repsol y que estas empresas reduzcan por ejemplo 1000 personas de su plantilla como que nuestro fondo aumentará, pero si además soy trabajador de ellas y me despiden para que mi fondo sea mayor, resulta que al final soy cómplice de las decisiones que se puedan tomar incluso contra mi mismo.

O sea que hay que invertir en la «banca ética» y los fondos éticos, aunque chirríe su significado.

Si chirría, es como eso del «fuego amigo» de la guerra de Irak. Los filólogos llaman a este juego de palabras «oxímoron», donde una palabra desmiente a la otra; pero sí que hay que afinar, porque la banca no es nada ética. Afortunadamente existen fondos de inversión que, sin perder rentabilidad, garantizan la inversión en empresas que se comprometen con buenas prácticas sociales y medioambientales.

¿Alguna frase para terminar, o mensaje para los creyentes en particular sobre estos temas que hemos estado charlando?

Hombre, quizá seria adecuada esa frase evangélica de Mateo: «No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miradlas aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas? (…) Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán».

Gracias Arcadi, ha sido un placer y espero que como cuando te escuchamos, nuestros lectores hayan disfrutado con tus respuestas y reflexiones.

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.

*