ADELA JIMÉNEZ VILLAREJO

Por José Jiménez Villarejo

 La   pregunta ¿es posible otro socialismo? parece que da por supuesto que ya existe en nuestro país un socialismo o, mejor dicho, que se están dando pasos hacia una forma de socialismo desde el triunfo del PSOE en 2004. ¿Estás de acuerdo en esto?

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 El socialismo, como anhelo de libertad real, de justicia construida como diálogo, es hoy por hoy una “utopía”. Porque si entendemos el socialismo como una sociedad sin diferencias ni desigualdades, una sociedad de personas libres que puedan escoger su destino, difícilmente llamaremos “socialismo” a lo que tenemos en la actualidad, es más bien una social-democracia.

Creo que no vivimos en ninguna forma de socialismo, estaríamos ante la posibilidad, y todavía remota, de hacer del capitalismo un sistema más justo, más igualitario y con más libertad real para todos. Lo que la Constitución llama una Democracia avanzada. En lo importante, las cosas han cambiado poco a lo largo de estos años, en lo que se refiere a la igualdad de oportunidades, y a una justa distribución de la riqueza, a las condiciones laborales, a las pensiones, a las diferencias sociales, al derecho a la vivienda y al trabajo, a la defensa del medio ambiente, etc.

En general, las políticas del gobierno han sido en lo económico bastante conservadoras y en la profundización de los derechos y libertades bastante tímidas.

No me resisto a  hacerme la misma pregunta que se hacía la editorial de la anterior revista UTOPIA, ¿Será capaz la humanidad de avanzar hacia un socialismo auténtico en el que los valores revolucionarios de libertad, igualdad y fraternidad dejen de ser un eslogan, y empiecen a ponerse en práctica?

Creo que para que se dé realmente un socialismo, los gobiernos y sus políticas deben estar al servicio de los intereses de la mayoría de la población.

 El otro socialismo sobre cuya posibilidad preguntamos, ¿consiste en la radicalización y aceleración de la acción política que en cierto modo ya se realiza, orientada a la construcción de una sociedad más libre, igualitaria y solidaria o, por el contrario, consiste en cambiar la dirección política para llegar  a esa meta?

 Para que una sociedad sea más libre e igualitaria, es decir, más socialista es imprescindible efectuar cambios en la dirección política para conseguir los retos del socialismo que son la igualdad y la solidaridad. Es difícil cambiar esta sociedad basada en una economía de mercado brutal, en un capitalismo agresivo, que fomenta las diferencias sociales, en la que los bancos obtienen altísimos beneficios mientras la inmensa mayoría de la población no alcanza salarios dignos. Es difícil cambiar esta sociedad porque se le ha inculcado los valores del consumo, de la competencia y del individualismo, olvidando los valores auténticos del socialismo, como el reparto equitativo, el compartir, la solidaridad entre los pueblos y la igualdad.

  Si el otro socialismo consiste en esto último,  ¿en qué sectores de nuestra realidad socio-política tendría que incidir especialmente la acción transformadora que se pusiese en marcha?  O lo que es igual, ¿podría afectar a las líneas fundamentales trazadas por la Constitución para ordenar la convivencia? Pienso por ejemplo, en la monarquía parlamentaria, las autonomías, la expresión del pluralismo político y la participación política a través de los partidos, el encauzamiento de los conflictos sociales mediante los sindicatos y asociaciones empresariales, la garantía efectiva de los derechos y libertades, las elecciones libres y periódicas que pueden dar lugar a la alternancia en el gobierno, el control parlamentario, la división de poderes, la justicia independiente, etc. ¿De qué manera afectaría el otro socialismo a estas líneas fundamentales de convivencia?

No creo que garantizar los derechos básicos de los ciudadanos y ciudadanas pueda afectar a las líneas fundamentales trazadas por la Constitución. Más bien pienso que desarrollaría mejor lo que nos dice la Constitución en su preámbulo: Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos.

Precisamente la Constitución recoge los derechos fundamentales de todos los españoles, derecho a una vivienda digna, al trabajo, a la educación. Si son derechos ¿qué medios se ponen para acceder a ellos?

Se trataría, creo yo, de realizar una política social  para hacer reales los derechos de ciudadanía.

La expresión del pluralismo político se realiza con la reforma de una ley electoral injusta,  que favorece a los dos grandes partidos y perjudica a los demás, como hemos dicho anteriormente.

El encauzamiento de los conflictos sociales, se realiza con una política social y económica que busque no limitar derechos sino ampliarlos. No desregular el mercado, ni flexibilizar el trabajo, sino regular y crear puestos de trabajo.

La garantía efectiva de los derechos y libertades, se da cuando se promueven los derechos humanos para todos y todas sabiendo que ningún ser humano es ilegal…

Creo que tengo que hacer aquí mención a la regulación restrictiva realizada al amparo del endurecimiento de las políticas de inmigración en toda la Unión Europea, que está generando que una parte creciente de nuestra sociedad se encuentre al margen del ejercicio de derechos humanos más elementales.

La justicia independiente se dará cuando haya una justicia eficaz, independiente e imparcial, que ofrezca a los ciudadanos un servicio próximo y de calidad…

Defender lo público sobre lo privado, especialmente en la educación y la sanidad,  una educación pública, laica y democrática, aportando los recursos necesarios.

Fomentar una política fiscal restrictiva, que paguen más los que tienen más. Y así promover políticas sociales.

La convivencia  solamente se verá afectada en positivo.

 Desde otro punto de vista el otro socialismo ¿sería compatible con la vigencia del principio de libertad de empresa en el marco de la economía de mercado que reconoce la Constitución?

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Creo que un párrafo de José Saramago, que leí en la revista Éxodo, define bien lo que consideramos libertad de empresa: “Los pueblos no eligieron sus gobiernos para que los llevasen al mercado, sino que es el mercado el que por todos los modos posibles condiciona a los gobiernos para que les “lleven” los pueblos. El mercado es hoy, más que nunca, el instrumento por excelencia de auténtico, único e incontrovertible poder, el poder económico y financiero multinacional, ése que no es democrático porque no fue elegido ni es regido por el pueblo ni apunta a su felicidad”

El  preámbulo de la Constitución garantiza la existencia de “un orden económico y social justo”. Pero desgraciadamente la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado supone la función social de la propiedad privada pero dentro de un sistema económico que continúa siendo capitalista.

La Constitución define un sistema social y económico y los poderes públicos deben promover, garantizar y asegurar los derechos de todos los ciudadanos y ciudadanas.

Por el contrario, se da a veces el abuso de poder económico, totalmente en contradicción con la Constitución.

Para corregir estos abusos, creo que es necesaria una reforma fiscal, un sistema de impuestos capaz de generar más riqueza para realizar una justa distribución de la misma entre los que tienen menos.

También es necesario transmitir valores de transparencia y honestidad, y luchar para combatir todo indicio de  corrupción.

En un plano más concreto, ¿Qué innovaciones tendría que determinar la legislación penal, en la política exterior y de defensa, en la legislación que regula la inmigración o en las relaciones del estado con las iglesias y confesiones religiosas?

 En cuanto a la política exterior se debe promover una política internacional de solidaridad, de cooperación y de paz. Y no eludir la exigencia del respeto a los derechos humanos cuando existan intereses económicos en juego. Los intereses de las grandes empresas españolas no deben ser siempre los intereses de nuestros gobiernos.

En cuanto a la legislación que regula la inmigración, habría que cambiar la Ley de Extranjería, que niega y recorta los derechos y somete a un trato discriminatorio a las personas en función de su origen. Y por supuesto habría que eliminar los Centros de Internamiento para extranjeros, que son verdaderas cárceles, en donde se conculcan los más elementales derechos de los inmigrantes.

En cuanto a las relaciones del Estado con las distintas confesiones religiosas y con las iglesias, creo que estamos muy lejos de esta sociedad laica que promulga nuestra Constitución. Habría que denunciar los acuerdos con el Vaticano exigiendo que se superen los privilegios a la jerarquía católica. No pueden mantenerse por más tiempo acuerdos como el de 1976, que chocan con nuestra Constitución. La separación de la iglesia y el estado son  la base de una sociedad laica y de un socialismo actual. Manteniéndose sin embargo unas relaciones de respeto y diálogo, siempre desde una estado laico y aconfesional.

 ¿Cómo se resolverían las dificultades, si surgieran, en el caso de que algunas de las acciones transformadoras no fuesen fácilmente compatibles con nuestra inserción en la Unión Europea?

 Todas las acciones transformadoras que he apuntado, creo que son totalmente compatibles con la Unión Europea, porque son compatibles con nuestra Constitución.

El otro socialismo, del que hemos venido hablando, el de este siglo, la utopía a la que aspiramos no es más que la defensa de los derechos fundamentales de todos los ciudadanos y ciudadanas. ¿Puede esto convertirse en una dificultad?

La dificultad viene dada  cuando los gobiernos no aplican las medidas necesarias para que todos y todas nos sintamos iguales.

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