Reflexión: Convertíos y creed en la Buena Nueva

Antonio Zugasti

Antonio Zugasti

En un mundo sombrío sólo el mensaje de Jesús nos sigue ofreciendo una Buena Noticia, pero tiene una exigencia: la conversión.

Pocas son las buenas noticias que recibimos en la sociedad actual: guerras, crisis, desgracias de todo tipo…;  parece que las buenas noticias están reservadas a la publicidad (nos ofrece paraísos idílicos por unos centenares de euros y salud en pastillas) y a la propaganda de los partidos políticos (la crisis está superada, iremos cada vez mejor, votándonos a nosotros tendremos un “Nuevo País”). Está tan crudo lo de las buenas noticias que mucha gente se lanza a buscarlas en el mundo del futbol, esperando al menos la buena noticia del triunfo de su equipo.

Un panorama sombrío

El panorama es todavía más sombrío si miramos hacia el futuro. Está, por supuesto, la clamorosa mentira de los defensores del sistema, que nos aseguran un progreso  económico indefinido gracias a una tecnología asombrosa y una eficiente economía de mercado. Nos invitan a todo lo contrario que el Evangelio: Seguid como estáis, y creed en la tecnología y el mercado. Pero no podemos seguir como estamos. El sistema capitalista lleva a seguir profundizando las desigualdades y esquilmando nuestro planeta. Como nos dicen los más solventes estudios científicos, nuestra civilización se está precipitando en caída libre hacia un mañana estremecedor.

El atontamiento de los medios

Pero, en medio de esa algarabía que forman los medios de atontamiento del sistema, se puede seguir  escuchando la voz de Jesús,  una voz serena y firme que asegura: “El Reino de Dios está cerca. Convertíos y creed en la Buena Noticia”. Y eso lo dijo cuando el rey Herodes Antipas acababa de encarcelar a Juan el Bautista y las legiones del César aplastaban implacables cualquier intento de libertad en todo el Imperio Romano. Pues en medio de esas circunstancias, Jesús nos da la Buena Noticia: “El Reino de Dios está cerca: ¡Convertíos!”

En nuestro mundo también el Reino de Dios está cerca y podemos creer en la Buena Noticia. La condición está clara: ¡Convertíos! Es una llamada a toda la humanidad, el colapso no es inevitable. Podemos aspirar a un mundo mucho más humano, más amable, más pacífico y acogedor. Pero tenemos que convertirnos. Convertirnos a actitudes básicas del mensaje de Jesús: “No podéis servir a Dios y a la riqueza”; “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Olvidar la vieja teología

Supondría un cambio radical. El sistema capitalista se rige por dos principios diametralmente opuestos: Busca el beneficio económico por encima de todo y Compite, lucha contra todos para alcanzar la riqueza.  Una lucha en la que no hay normas, todo vale para alcanzar el triunfo. Estos principios están inscritos en el imaginario colectivo de una sociedad capitalista. En estos momentos la tarea de los seguidores de Jesús no puede estar más clara: dejarnos de viejas teologías y nuevos paradigmas, y proclamar alto y claro que la salvación de la humanidad está en los principios evangélicos: “No podéis servir a Dios y a la riqueza”; “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

No parece tarea fácil: el capitalismo ha logrado extender por toda la humanidad el culto a la riqueza y dispone de formidables medios para fomentar la adoración al ídolo. ¡Pero es un ídolo tan falso y tan cruel! Para todo el que no cierre los ojos ¡es tan fácil ver que ese ídolo no trae la salvación para nadie! Ni siquiera para los grandes triunfadores. El viejo dicho de que la riqueza no da la felicidad sigue siendo cierto por mucho que el sistema se esfuerce en negarlo y ridiculizarlo. Y al final de la vida el ídolo abandona a todos sus seguidores ante la angustia existencial, el sinsentido de su vida, el vacío y la nada.

Una humanidad convertida seguiría teniendo una gran tarea por delante: conseguir una vida digna para ocho mil millones de personas en un mundo sostenible. Pero si transformamos la competencia en colaboración y ponemos los formidables adelantos científicos y técnicos al servicio de la humanidad y no del beneficio de unas empresas, si ponemos el bienestar en  trabajar juntos por el bien de todos, en disfrutar de una naturaleza recuperada, en la admiración ante el asombroso panorama que la ciencia hoy nos descubre, entonces no construiremos el Reino de Dios porque esa tarea nos supera infinitamente, pero sí el reino de los seres humanos que se saben hijos de Dios. Y el Reino de Dios planeará sobre nosotros.

Pero al final, el Reino de Dios está cerca

Podemos fracasar en esa tarea, pero la Buena Noticia sigue ofrecida a cada uno de nosotros. Cada uno debemos escuchar lo que Dios nos pide como conversión. Es verdad que nunca llegaremos a ser perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto, pero el caminar hacia ello basta. La Buena Noticia nos dice que, por muchos fallos y fracasos en que estemos hundidos, el Reino de Dios lo tenemos cerca.

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