Oct 03

NO SENTÍAMOS ARDER NUESTROS CORAZONES?

 Amparo MADRIGAL

 Suele suceder que pasen muchas cosas en poco tiempo, pero es menos usual que lo que suceda sorprenda a toda la población y genere tantas expectativas globales que nos lleven a pensar que las cosas están cambiando verdadera y positivamente, y esto es lo que ha sucedido en lo que llevamos del año 2011.

A finales del año 2010 nos enteramos de los entresijos de la política internacional a través de las filtraciones de los informes de diplomáticos estadounidenses sacados a la luz por la organización Wikileaks; revelaciones que indignaron a más de un pueblo al documentarse actuaciones nada éticas de diferentes gobiernos del mundo, en su relación con el Departamento de Estado de EEUU.

En el caso del gobierno español se evidenció un injusto doble rasero en el manejo de las relaciones diplomáticas, y atención a las víctimas (“efectos colaterales”) producidas durante la invasión a Irak. Un ejemplo claro de ello el trato dado al caso del asesinato del periodista José Couso y su familia. Cada país descubrió algún detalle de la actuación de sus gobiernos, y la indignación prendió en diferentes partes del mundo.

Al otro lado del Mediterráneo, un humilde joven tunecino decide inmolarse ante la injusticia y la angustia de buscarse a diario la vida de la manera más digna posible mientras la corrupta policía y clase política del país no terminaba de saciar sus apetitos financieros y de humillar a la población. La desesperación de Mohamed Bouazizi infundió indignación y valor a la población tunecina, y luego a través de las nuevas tecnologías de la comunicación, contagió a la juventud egipcia, quienes también estaban cansados de soportar un régimen autoritario y corrupto que no mostraba respeto ni interés alguno por las libertades y progreso de su población. La indignación colectiva prendió cual llama purificadora y lograron derribar a los políticos e iniciar una nueva etapa en su historia, la cual también forma parte de nuestra historia.

Muchas otras poblaciones cansadas de tanta injusticia también han optado por el cambio, y han asumido el reto de frenar el imparable aumento de las desigualdades sociales, la injusticia y la corrupción. A algunas les ha ido mejor que a otras, y cada caso ha tenido su particular evolución. No resultó igual el proceso de Túnez y el de Egipto, a pesar de que ambos lograron derrotar sus dictaduras disfrazadas de democracia, pero esto no ha sido igual en Yemen, Bahréin, Siria ni Libia. No obstante, la mecha se ha encendido y más temprano que tarde la situación cambiará, confiamos en que será para el bien de la población.

Grecia, Portugal y España han vivido movilizaciones similares, con resultados aún por ver. El recrudecimiento de la crisis económica, el ejemplo victorioso de las sociedades tunecina y egipcia, la proximidad del período electoral, el llamado de ilustres octogenarios a la Indignación y Reacción frente a la paulatina pérdida de derechos sociales fueron entre otras muchas las causas y el contexto en el que surgió el movimiento Democracia Real Ya/Toma la Plaza, más conocido como el Movimiento 15 de mayo, y abreviado como 15M.

Para algunos analistas sociales, este contexto socio-cultural convulso que estamos experimentando se debe al “Espíritu de los tiempos”. Algunas disciplinas denominan “espíritu de los tiempos” a este tipo de contexto que proporciona un clima intelectual y cultural de una época, que trasciende las diferencias de género, edad, situación socio-económica y determina el devenir de la historia de la humanidad. Desde mi perspectiva de mujer creyente prefiero identificar este espíritu de los tiempos con la actuación benéfica de la Ruah; con la alegría compartida en Ain Karem, por dos mujeres preñadas de las promesas del amor de Dios; o con “el fuego en los corazones” que se enciende en una colectividad al anunciar y protagonizar la construcción del plan de Dios.

“Ruah, aliento de Dios en nosotr@s”

Ruah (“Ruaj”), término hebreo de género femenino que significa aire en movimiento, soplo, aliento, viento, tormenta. Ruaj es el espíritu de Dios que aleteaba sobre la superficie de las aguas en el inicio de los tiempos (Gén. 1; 1-2) Asimismo, la Ruaj es ese aliento sobrenatural que nos infunde Dios cuando nos “movemos en él” cuando orando pedimos su ayuda y nos envía el Espíritu Santo. Tal pareciera que la Ruaj ha actuado contundentemente y ha movilizado a todas las personas que entienden que este sistema salvaje de desigualdades no debe continuar agudizándose, y que algo contundente y pacífico podemos hacer para acabar con las injusticias y continuar construyendo el Reino de Dios.

Ain Karem

Este momento histórico sugiere que nuevamente la humanidad está preñada, como en aquel tiempo estaban preñadas Isabel y María. Mujeres que confiaron en las promesas de Dios y arriesgaron sus vidas por amor a sus hijos. De esta manera, sigue teniendo sentido y actualidad la alabanza que realiza María al declamar el cántico del Magníficat. Hoy, cuando se vuelve a padecer el desprecio que los poderosos muestran hacia la clase trabajadora, cuando unos pocos aumentan sus riquezas al mismo ritmo que muchos pierden su empleo y se hunden en un pozo sin futuro; cuando la hambruna asola países africanos, vuelven a ser de actualidad los versos del Magníficat, canto que celebra al Dios que hace justicia a los hombres y mujeres humildes: “Él hace proezas con su brazo; arruina a los soberbios; derriba del trono a los poderosos, y levanta a los humildes; a los hambrientos los colma de todo lo que es bueno, y a los ricos los despide vacíos” (Lc 1; 51-53).

Pentecostés

Esta buena nueva vuelve a proclamarse por las plazas de los pueblos, y los “muros del ciberespacio”. Muchos analistas señalan a las nuevas tecnologías de la comunicación como el factor determinante para el éxito de las movilizaciones en los distintos países del norte de África, Oriente Medio y Sur de Europa. Sin embargo, de poco pueden servir las herramientas si no hubiera una realidad a la que transformar, y especialmente una voluntad colectiva de actuar.

Infinidad de carteles expuestos por las plazas de las ciudades de España aludían al despertar de una población cansada de los abusos del capitalismo, de la insaciable codicia de banqueros y de la corrupción de la clase política. Miles de carteles con mensajes claramente anarquistas, republicanos, feministas, reformistas, democráticos, reivindicativos, creativos, artísticos, irónicos, graciosos, utópicos, que conectan con la diversidad que conforma la población. Ríos de tinta han corrido en artículos y carteles, infinidad de flashes que captan con fidelidad las imágenes en una sociedad preñada de confianza en sí misma y su futuro. Asambleas, diálogo, conflicto, palizas de la policía, defensa de inmigrantes perseguidos, danzas, música, comida y sueños compartidos que logran recuperar el sentimiento que tuvieron los seguidores de Jesús de Nazaret cuando en Jerusalén, durante la fiesta de la siega, sintieron arder sus corazones al iniciar la proclamación de la Buena Noticia.

Estaban reunidos muchos pueblos celebrando la fiesta de la recolección de la cosecha, venían de tierras lejanas, había gente que llegaban desde lo que hoy conocemos como los pueblos de Irak, Irán, Siria, Jordania, Turquía, Grecia, Libia, Egipto y Roma; y todos escuchaban y comprendían el mensaje de los seguidores de Jesús.

Lo mismo sucede hoy, veintiún siglos más tarde, el mensaje sigue encendiendo muchas naciones. El reino anunciado por Jesús, ese reino de paz, justicia y amor, ya está entre nosotros. Podemos ser felices y vivir en paz, pero para ello estamos invitados a participar en la construcción y crecimiento de esa sociedad alternativa. Es una Buena Noticia que debe llegar al último rincón del planeta y nos invita a anunciarlo y celebrarlo.

No obstante, y a pesar de saber que la historia avanza –con o sin nuestra colaboración–, Jesús nos recuerda a través de la parábola del Sembrador que la semilla ha sido sembrada en terrenos distintos, y algunas semillas crecerán y darán frutos, mientras otras no lo harán.

Un primer grupo de semillas cae a la orilla del camino, no penetra en la tierra y los pájaros se la comen. Esta es la actitud de quien es insensible, como un terreno impenetrable, ante los problemas y retos de la sociedad. El segundo grupo de semillas cae en terreno rocoso donde no hay mucha tierra y aunque llegue a brotar, la fuerza del sol les quema. Esta es la actitud de quienes logrando entusiasmarse en los proyectos del reino, no logran establecer un vínculo fuerte con la causa de la justicia, son inconstantes o superficiales, no hay verdadero compromiso y a la primera dificultad o desacuerdo deciden abandonar el proyecto. El tercer grupo de semillas es la que logra brotar entre espinos y zarzas que no les deja desarrollarse. Esta es la actitud de quienes logrando avanzar en los proyectos del reino son ahogados por el contexto, aquellos que llegan a coexistir y entenderse con el sistema injusto, impidiendo el progreso del proyecto de Dios. Y finalmente, está el grupo de semillas que cae en un terreno fértil, que es la actitud de quienes aceptan el reto, confían en su compromiso y en la acción del espíritu. Son éstos quienes darán frutos según su capacidad y compromiso, al treinta, al sesenta y hasta al cien por uno. Es la actitud de quienes cuidan su ser, reflexionando, actuando y confiando en la actuación del espíritu.

No hay certezas, nadie sabe cuáles serán las consecuencias de esta movilización de inicio de siglo. Son muchas las críticas realizadas al movimiento del 15M, que es un movimiento acéfalo, apolítico, desestructurado, sin experiencia de militancia, etc. Alguien han llegado a denunciar que se trata de una secta de diseño, un virus troyano instalado en el corazón de la resistencia anticapitalista; que los movimientos de “Toma la Plaza, Democracia Real Ya, No les votes, #Spanishrevolution, Juventud sin futuro, 15M”, etc., son producto de una operación encubierta de gran calado para neutralizar a los grupos de izquierda1.

Dos meses después de las concentraciones del 15M y de las últimas elecciones municipales y autonómicas, nos encontramos con una situación política muy definida. En España han ganado las elecciones los partidos más conservadores, y esto se debe en parte a la aplicación de la Ley D`Hondt y al descrédito de los partidos políticos mayoritarios. Sin embargo, la indignación ha seguido su marcha y es asombroso el efecto sobre quienes están implicados en impulsar un cambio y perciben que su actuación está dando buenos frutos en poco tiempo.

Cientos de indignados e indignadas han recorrido España pueblo a pueblo. Han salido desde los cuatro puntos cardinales para encontrarse nuevamente en Madrid. Seis marchas que han recorrido 3.000 kilómetros y más de 200 pueblos han sido visitados para llevar la denuncia y la esperanza de un mundo mejor, 52 desahucios han sido paralizados.

Una de las pancartas que encabezaba la marcha de la Ruta Este, desde Valencia hacia la Puerta del Sol, indicaba que la dimisión del ex presidente Camps era sólo la primera dimisión por causa de corrupción que logra este movimiento. No está claro que el 15M sea el artífice de este acontecimiento, sin embargo, así actúa el espíritu: “El viento sopla donde quiere y tú oyes su silbido; pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así le sucede al que ha nacido del Espíritu” (Jn. 3,8)


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