Entrevista: Luis Fernando Villegas

Luis Fernando Villegas es ecuatoriano, de la provincia de Tunguragua. Campesino, siempre cercano a las Juntas de riego de las que ha sido presidente, apoyando siempre los procesos de formación y de capacitación. Actualmente es profesor en la Universidad Central de Quito y escritor, con temas tan sugestivos como La radicalidad de la teoría en América Latina, o también, La irracionalidad de lo racionalizado. Una mirada crítica desde América Latina.

La entrevista con Luis Fernando, realizada por Evaristo Villar, tuvo lugar en Quito durante el Encuentro Internacional celebrado en la Universidad Andina Simón Bolívar entre el 22 y el 24 de agosto de 2018,  con motivo del 30 aniversario de la muerte/resurrección de Mons. Proaño y a los 50 años de la II Conferencia de Medellín. El Encuentro llevaba por título La justicia y la paz se besan.  

¿Cuál es tu relación con la Fundación Pueblo Indio del Ecuador, organizadora de este encuentro?

No tengo especial relación con la Fundación,  he sido invitado por mi cercanía a los procesos de liberación emprendidos por Mons. Proaño. Yo siempre he mantenido una relación estrecha con los movimientos, Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) y la Teología de la Liberación. Durante algún tiempo, participé como dirigente social e investigador invitado en el DEI (Departamento Ecuménico de Investigaciones)  de Costa Rica.

¿Qué imagen guardas de Mons. Proaño?

Conservo, principalmente, su capacidad para recuperar la palabra de los pueblos negados y su pedagogía  para visibilizar sus  problemas. Después de su muerte, empezamos a descubrir en AL (América Latina) los límites del pensamiento crítico para dar razón de nuestras raíces culturales e históricas frente al discurso dominante. Mons. Proaño puso la semilla y nos dio el impulso para seguir descolonizando  nuestras prácticas, configuradas bajo la lógica colonial.

En Mons. Proaño se encontró con el Evangelio lo que ya venían impulsado los movimientos indígenas y las organizaciones campesinas,  de mujeres y afrodescendientes. Se puso en valor el Sumah Kawsay del que se han descubierto, además de la indígena, otras siete raíces y,  entre ellas, la cristiana. [La primera traducción de la Biblia al quichua, hecha aquí en Ecuador por Verbo Divino en los años 40, traduce la expresión Sumah Kausay por Reino de Dios]. Esto es importante por la carga simbólica que encierra.

Es llamativa la precisión de conceptos que manifiestan las chicas jóvenes en este encuentro. ¿Cómo está siendo la emergencia de la mujer en Ecuador, en  LA?

En la identidad latinoamericana podemos distinguir dos planos de subjetividad. Uno, formado durante la conquista, es violento, machista y patriarcal; trata de apropiarse del otro y de lo otro en todas sus dimensiones. En este plano,  todo se cosifica y, en consecuencia,  se convierte a la mujer en simple objeto de apropiación y placer.

La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo.

Pero en los movimientos feministas está surgiendo con fuerza otro plano  que nos descubre la dimensión femenina del ser humano y de la vida. Se trata de una subjetividad más vinculada a la Madre Tierra y a los procesos de cuidado y reproducción de la vida.

Mirando a la historia, esto resulta muy claro. La conquista y espoliación obligan al varón a emigrar y desvincularse  de la tierra, mientras que es la mujer la que se queda al cuidado de las semillas, de la reproducción de la vida. Mi experiencia a este respecto es elocuente: de las 150 personas que somos en mi módulo de riego, las que acuden a las reuniones de programación y evaluación son mayoritariamente las mujeres, los hombres no superan los 10 o 15. Las mujeres están siendo hoy más decisivas en los cambios sociales que los varones en AL.

También me ha llamado la atención la crítica acerva que se está haciendo a Rafael Correa…

Para entender lo que está pasando ahora con Correa, es necesario tener en cuenta algunos datos.

En primer lugar, en Ecuador hemos tenido que hacer frente al liberalismo,  introducido en la década de los 80 por la Democracia Cristiana de la mano del presidente Hurtado. Frente a esta línea política fue creciendo una oposición integrada fundamentalmente por el movimiento sindical público cuyos líderes fueron terriblemente desacreditados por el poder hegemónico.

Previamente, y en los entornos de Mons. Proaño, se fue cohesionando un movimiento indígena y popular cuyos levantamientos en el 90, 92 y 94 —a los que se unieron campesinos, mujeres, trabajadores y estudiantes— fueron decisivos para  frenar el salvajismo de las políticas neoliberales.

Desde este frente amplio fue cuajando la necesidad de una “Constituyente” con capacidad para reconocer la existencia de un Estado plurinacional y los derechos colectivos de la ciudadanía, entre los cuales, el derecho a vivir en un ambiente sano, los derechos de las mujeres, etc. Frente una política neoliberal estatal implacable que había consagrado la economía social de mercado —y que estaba empobreciendo al 80% de la población, obligando a emigrar a más de 3 millones de personas (España es testigo) —, la reacción popular exigió la apuesta por el Sumah Kawsay que,  más allá del desarrollo y el progreso, es una forma de estructuración de la sociedad.

En este contexto es donde aparece Rafael Correa, un economista que llega desde Estados Unidos y Bélgica con nuevos aires. Con una actitud distinta a la neoliberal, se muestra dispuesto a integrar en el proyecto político del Movimiento Alianza País, que él lidera,  las apuestas más fundamentales del movimiento indígena y popular, es decir, la defensa de la naturaleza, la participación ciudadana, el mandar obedeciendo, etc.

¿Qué pasó entonces?

Lo que ocurrió luego fue que Correa convirtió el Sumah Kawsay,  reivindicado por el pueblo, en “dispositivo de poder” y construyó un Proyecto Nacional del “Buen Vivir” carente de una política pública. Al supeditar el Buen Vivir al imperativo del desarrollo Correa funcionalizó el proyecto político y lo vació de contenido social y público. Porque su intencionalidad como gobernante  no era socializar el país sino modernizar el capitalismo. Lo dijo él expresamente: “estamos haciendo lo mismo que antes, pero de otra manera para mejorar”.

Y ¿por qué le condenan ahora?

Principalmente por su política extractivista. Ante la falta de apoyo internacional (intencionalmente buscado) para respetar el parque natural Yasuny, Correa emprende una desaforada política extractivista contraria a las propuestas del movimiento indígena y popular. Y comienza, como autodefensa, una persecución sistemática a toda la oposición, calificándola de  “ecologista infantil”. Esta falta de respeto a la sensibilidad popular y a la defensa de la tierra ha precipitado, entre otros motivos, su caída.

Volvamos al motivo del encuentro. A los 30 años de la muerte/resurrección de Mons. Proaño y 50 de Medellín 68, ¿cómo ves el cristianismo actual en Ecuador, en AL?

La realidad es siempre muy compleja. Pero, a mi juicio, el cristianismo visibilizado en la Iglesia institución del continente latinoamericano no acaba de tomarse en serio ni la opción por los pobres de Mons. Proaño y Medellín ni la defensa de la tierra. Se mantiene en esa situación intermedia que no es ni blanca ni negra. Diría más, no se deja afectar ni por los gestos evangélicos del papa Francisco ni por el importante documento laudato si.

No obstante, siempre hay excepciones,  y en estos días hemos sido testigos de  la presencia entre nosotrxs del obispo de Esmeraldas, Eugenio Arellano, actual Presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana. El obispo Arellano trabaja y mantiene  una actitud profética desde una diócesis irrelevante, llena de problemas sociales y de contaminación por la minería y las empresas madreras.  Con una población enormemente desequilibrada (son muchos más lo negros que los mestizos) y donde  el 80% es realmente pobre. Pero, como le pasó con Mons. Proaño, en tanto que profeta se encuentra solo en la Conferencia Episcopal para anunciar que la minería y el extractivismo no es la salvación.

¿Y cómo ves los movimientos de Base cristianos y las Comunidades Eclesiales de Base en el continente?

La presencia cristiana es determinante para mantener la justicia y la esperanza en el continente. Lo expresaba abiertamente el obispo Arellano en su conferencia de ayer: ¡Cómo deseo que las Comunidades Eclesiales de Base (CEB)  tengan una presencia dominante en mi diócesis!

Porque el cristianismo que actualmente domina en el continente no está impulsado por la fuerza y vitalidad que surgió del Vaticano II y Medellín y que se expresó en una hermosa floración de  CEBs y la Teología de la Libración, sino que se trata de un cristianismo intimista, alejado de los problemas reales que afectan a la gente. Es el cristianismo de los movimientos apostólicos, despolitizado y vacío de contenido profético.

A mi juicio, el profetismo cristiano se ha ido refugiando en torno a los Comités Mons. Romero. Sin duda hay más cristianismo que no conozco. Pero nosotros mismos tenemos que hacer autocrítica para hacer  que estos mismos grupos mantengan viva su capacidad profética.

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