Voces de la mujer en la cultura

Con todo lo que nos ha caído encima el año pasado, hubo quien deseó y brindó por entrar directamente por el 2010, como si con ese gesto pudiera saltarse el año 2009 que acabamos de estrenar. Afortunadamente hay quienes mantienen vivo el espíritu contra-corriente-general y que se plantean la iniciativa de experimentarlo sin dejarse atrapar por el pavor de la incertidumbre o el discurso del miedo. Porque por muy malos agoreros que resulten los pronósticos, es sabido que de toda catarsis emergen alternativas creativas y replanteamientos de modelos de sociedad que abren nuevos caminos a explorar. Con este modo de proceder, que indudablemente es viento a favor, abre sus velas el número 69 de UTOPÍA con el título de “Voces de mujeres” con el objetivo de explorar la llamada era de la mujer, que podría enunciarse como fuerza, vida y liberación siguiendo el hilo conductor  del arquetipo Eva, Madre de Vida.

     Con ese número se cierra el ciclo de “Repensar la izquierda” donde UTOPÏA ha ido analizando ese espacio más cercano al mundo de los excluidos, para hacerse ahora toda  oídos a las voces de mujeres en la cultura, en la economía, en la sociedad y en la Iglesia.

      Dicen  que cada vez que una mujer da un paso, todas avanzamos  Por eso en un mundo en crisis, es necesario ver el mundo con ojos de mujer, como ya se decía en la IV Conferencia Internacional de la Mujer celebrada en Pekín en 1995. Incidiendo en la perspectiva de  género en la educación, como indican  Anna María Piussi y Ana Mareñu   en su libro “Educación, nombre común femenino”.  Incluso haciendo oír sus voces en el terreno  religioso como es el caso de Simone Weil,  que en el período final de su breve vida  encuentra el mensaje evangélico de Jesús de Nazareth,  un descubrimiento como el de San Pablo en el camino de Damasco o el de Blas Pascal la noche del Memorial, y hace ver la necesidad   de una fe que  no acepte lo compromisos de la Iglesia con la violencia y con el poder, menos patriarcal y con más ternura.

 

       Porque hay una historia que no está en la historia y que sólo se puede rescatar escuchando el susurro de las mujeres, como dice Rosa Montero, es necesaria otra vez la utopía.  «Esa utopía que continúa a pesar de los pesares, como indica la Agenda Latinoamericana 2009, escandalosamente desactualizada en esta hora de pragmatismos, de productividad a toda costa, de postmodernidad escarmentada. Utopía que compartimos con millones de personas que nos han precedido, dando incluso la sangre, y con millones que hoy viven y luchan y marchan y cantan. Esa Utopía  que está en construcción, y de la que somos  sus obreros.   Utopía que proclamamos como don de Dios y conquista nuestra. Con ella  queremos dar razón de nuestra esperanza, una esperanza coherente, creativa, subversivamente transformadora». Utopía que nos lleva de la mano a ese libro de Leonardo Boff «El rostro materno de Dios», y nos hace ver que, en   la Sagrada Escritura, Dios se nos ha revelado con símbolos masculinos y femeninos, padre-madre. Aquello que ya dijo el mismísimo Juan Pablo I, papa: «Dios es Padre, pero sobre todo, es Madre».

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