UNA TIERRA PARA ADMIRAR, ORAR Y SOÑAR

Evaristo Villar y Antonio Zugasti

           En esta ocasión queremos ofrecer en este espacio más que la experiencia y pensamiento de un sola persona, la vivencia de muchas otras que han amado entrañablemente la Tierra. Todas ellas han sabido admirarla, hacer desde ella un lugar de oración, soñar con ese esperado momento  en que el Dios inmanente y trascendente se trasparenta desde ella.   

                                                                             Entrevista 68_1

I. UNA TIERRA PARA ADMIRAR

  La naturaleza y las leyes naturales yacían ocultas en la noche. Dijo Dios: “¡Hágase Newton!”. Y se hizo la luz”. 

       Para que estés ahora aquí, tuvieron que agruparse, de una forma compleja y extrañamente servicial, trillones de átomos errantes… Pero para que estés vivo aquí y ahora, en el siglo XXI, y seas tan listo como para saberlo, tuviste que ser también beneficiario de una secuencia excepcional  de buena suerte biológica. La supervivencia en la Tierra es asunto de asombrosa complejidad. De los miles y miles de millones de especies de cosas vivas que han existido desde el principio del tiempo, la mayoría (se ha llegado a decir que el 99,99%) ya no anda por ahí. Y es que la vida en este planeta no sólo es breve sino de una endeblez deprimente. Constituye un curioso rasgo de nuestra existencia que procedemos de un planeta al que se le da muy bien fomentar la vida, pero al que se le da aún mejor extinguirla”.

Bill Bryson, Una breve historia de casi todo, p. 16

 En el pasado reciente la gente se hallaba contagiada por el poderoso deseo de comprender la Tierra: determinar su antigüedad y su tamaño, su peso, de dónde colgaba en el espacio,  cómo había llegado a existir, a dónde se llega caminando ininterrumpidamente por su superficie,  dónde encontrar el borde…

La Tierra, un planeta espléndido, azul y blanco, se nos muestra en cuanto cuerpo celeste dentro de la inmensa cadena cósmica. Es el tercer planeta del sol, de un sol que es una estrella medina entre los otros 200.000 millones de soles  de nuestra galaxia, galaxia que a su vez es  una entre las 100.000 millones de otras galaxias… Desde la perspectiva de las naves espaciales, la Tierra y la humanidad forman una única entidad, es decir, un único ser, complejo, diverso, contradictorio y dotado de gran dinamismo, al que muchos denominan Gaia”

Leonardo Boff, Ecología: Grito de la tierra grito del hombre, p. 27

Me atrevo a sugerir que hay una ley fundamental de la Naturaleza que no tiene excepciones, a saber: que la Naturaleza produce lo suficiente para nuestras necesidades de cada día y que, si cada cual se conformara con lo que necesita, y nada más, no habría pobreza  y nadie moriría  de hambre en este mundo.

Mohandas Gandhi, Escritos esenciales, 269

 Dios nunca almacena para el día siguiente. Nunca crea más de lo que es estrictamente necesario para cada momento. Por tanto, si ponemos nuestra fe en Su providencia, hemos de tener la seguridad de que Él nos dará cada día lo que necesitamos. Los santos y los devotos,  que han vivido con esta fe, han comprobado siempre que su experiencia la justifica.

Mohandas Gandhi, Escritos esenciales, 271

 Pero hay aquí un punto sumamente importante: hemos sido elegidos por el destino, por la Providencia o como quieras llamarle. Somos, al parecer, lo mejor que hay. Y podemos ser todo lo que hay. Es una idea inquietante que podamos ser  el máximo logro del universo viviente y, a la vez, su peor pesadilla”.

Bill Bryson, Una breve historia de casi todo, p. 511

Entrevista 68_2

            ¿Cuál es la suprema ironía actual? Pues que la voluntad de dominarlo todo nos está convirtiendo en dominados y sometidos a los imperativos de una Tierra degradada. El sueño de un crecimiento ilimitado ha producido el subdesarrollo de dos tercios de la humanidad, la voluptuosidad de la utilización óptima  de los recursos de la Tierra ha llevado al agotamiento de los sistemas vitales y a la desintegración del equilibrio ambiental… Hoy en día la tierra se encuentra en fase avanzada de agotamiento y el trabajo y la creatividad, debido a la revolución tecnológica, la informatización y la robotización son dejados de lado y los trabajadores excluidos hasta del ejército de reserva del trabajo explotado.

Leonardo Boff, Ecología: Grito de la tierra grito del hombre, p. 21

                   Nuestra ignorancia o negligencia de la Ley divina –que da al hombre cada día su pan cotidiano, y nada más- ha dado origen a las desigualdades, con todas las miserias que las acompañan. Los ricos tienen una reserva superflua de cosas que no necesitan y que, por tanto, son olvidadas y derrochadas, mientras que millones de personas mueren de hambre porque carecen de sustento. Si cada cual poseyera tan solo lo que necesita, nadie pasaría necesidad  y todos vivirían satisfechos.

Mohandas Gandhi, Escritos esenciales, 271

      

     Suenan muy futuras ciertas voces del pasado americano muy pasado. Las antiguas voces, pongamos por caso, queEntrevista 68_3 todavía nos dicen que somos hijos de la tierra, y que la madre no se vende ni se alquila… También nos anuncian otro mundo posible las voces antiguas que nos hablan de comunidad. La comunidad, el modo comunitario de producción y de vida, es la más remota tradición de las Américas, la más americana de todas”

Eduardo Galeano, El libro de los Abrazos

            Si todas las personas asumieran la obligación de servir (como una ley moral eterna), considerarían que amasar riquezas es pecado, y entonces no habría ricos y pobres, y, por tanto, nadie pasaría hambre ni moriría por esta causa.

Mohandas Gandhi, Escritos esenciales, 270

 II. UNA TIERRA PARA ORAR

 Salmo de la tierra y del hombre

Donde muera la nieve sin la huella del hombre,

donde el viento no sepa lo que es un cuerpo en pie,

donde llueva la luna sin ojos que la beban,

donde canten los pájaros sin que los oiga nadie,

 donde el suelo está virgen de la pisada humana

y el aire aún no se sepa estar hecho para la voz,

¿presentirán las cosas que existimos nosotros,

por un íntimo hueco de angustia y orfandad?…

 Sin nosotros el mundo está disperso y vano.

sus torpes voces locas nos buscan al azar.

Los ocasos se queman en inútil derroche

ante un campo sin nadie que sustituya al sol.

 Latigazos del viento, voz obsesa del agua,

exclamación del trueno, por los vientos galopan

sin sentido, dementes, buscando unos oídos,

balando como ovejas en busca del pastor.

 ¿Para qué los sonidos si el hombre no los oye?

Surcan constantemente los llanos solitarios

sin palabras ni cantos, verdes escalofríos

de soledad,  de angustia  y de inutilidad.

 ¡Oh círculo cerrado del mundo sin nosotros!

Sólo el hombre lo rompe, disparado hacia arriba,

y arrastra en su entusiasmo la tierra revelada

con el bendito engaño de que puede también.

José María Valverde, Obras completas 1. Poesía, p. 132

 Canto a la tierra

No, ya no tendré miedo a al tierra, que es fuerte                                                     Entrevista 68_4

y maternal; y habrá de acoger mi miseria

cuando tengan que echarme…No, ya no tendré miedo

de la tierra más nunca. Cuando le pertenezca

he de identificarme con ella plenamente.

 ¡Cómo voy a sentir todas las primaveras

floreciendo en mi misma!… Con esta carne pálida

haré los lirios…¡Y las rosas, y las fresas,

y los árboles grandes y potentes y rudos!…

 En abril, la frescura del agua en las primeras

lluvias me anegará corriéndome… Y el rayo

que el sol filtra en el surco se trenzará en mis venas.

 ¡Y empaparme en las savias  calientes y profundas,

sentir en derredor la vibración intensa

de millones de vidas brotando en silencio,

fundirse en ese vaho vital que me renueva,

sentir la sombra, el fango, el hervor, la humedad!…

¡La rabia de los gérmenes palpitando!… ¡Y la buenas

semillas que se rompen y se abren camino

a la luz!… ¡Y el afán, la obsesión de las viejas

raíces alargándose, buscándome, empujándome!…

¡En todo late y late mi corazón de tierra!

Dulce María Loynaz, Poesía completa, p. 63

 Otro milagro de la primavera

Al olmo viejo, hendido por el rayo

y en su mitad podrido,

con las lluvias de abril y el sol de mayo,

algunas hojas verdes le han salido…

Antes que el río hasta la mar te empuje

por valles y barrancas,

olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracias de tu rama verdecida.

Mi corazón espera

también hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera.

Antonio Machado, Campos de Castilla, XIX

 ¿Dónde estaba el Milagro?

¿En la vara de Moisés, el de la cabeza flamígera, o en aquella humilde, reseca piedra del desierto?

¿O estaba, desde antes, en la enfebrecida sed, capaz de fecundar arroyos en cada piedra del camino?

¿Dónde estaba el Milagro, la gracia discernida?

 Estaba en todo esto, pero junto; en la fusión de sed con piedra y cielo, porque la roca sin vara de Moisés sólo era una roca más, y la vara de Moisés sin gente terca, miserable y sedienta, sólo hubiera sido la vara de un prestidigitador que divierte sin remediar, sin salvar nada.

 Alguna vez hemos vivido sin milagros; pero no sé, la verdad, no sé cómo podrá vivir el Milagro sin nosotros…

Dulce María Loynaz, Poesía completa, p. 126

  ¡Francisco, amigo, desde el viejo siglo XIII, cuando tú veías morir el sol y aparecer la luna desde el monte Alverna,  han cambiado tanto las cosas. Dinos  franciscanamente, ¿cuánto tiempo hace que no has vuelto a ver una puesta del sol?

 Todo eso lo amo yo también

Yo amo al sol y a las estrellas,

amo a Clara y a sus hermanas,

amo los corazones de los hombres

y de todas las cosa bellas.

Señor, perdóname

porque sólo debería amarte a ti.

 El Señor, sonriente, respondió:

yo amo al sol y a las estrellas,

amo a Clara y a sus hermanas,

amo los corazones de los hombres

y todas las cosas bellas.

Mi querido francisco,

no tienes por qué llorar

pues todo eso lo amo yo también.

San Francisco, Canción Popular de la Umbría

Oración con el universo

Oh Señor, te rezo con la humilde sumisión de las cosas;

con la larga palabra de la lluvia, lamiendo

como una vaca el mundo y esfumando la angustia

de la arista y lo hueco en su bruma sonora;

con la oración del viento, que nunca se termina

y se olvida del rezo a fuerza de rezar;

con la exclamación verde del árbol, que levanta

a ti sus brazos desde su estatura de tiempo;

con la obediencia humilde y graciosa del pájaro

que canta entusiasmado y no sabe por qué;

con el insecto oscuro, que no sabe que existe;

con la sorpresa virgen del sol cada mañana

empezando de nuevo todo desde el principio;

con la constancia terca del mar contra la orilla

gritando, eterno y vano, igual que un toro ciego;

con las voces pequeñas de la hierba, que logra

teñir de verde el suelo a fuerza de humildad;

con el astro, en la misma órbita si cansarse…

Con todo el Universo, que al moverse pronuncia

una sola palabra –tu Nombre- y ha olvidado

lo que quiere decir, a fuerza de decirla…

José María Valverde, Obras completas 1. Poesía, p. 150

Y por la hermana tierra que es toda bendición

Loado seas por toda criatura, mi Señor,

y en especial loado por el hermano sol

que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor,

y lleva por los cielos noticia de su autor.

Y por la hermana luna, de blanca luz menor,

y las estrellas claras que tu poder creó

tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son,

y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!

Y por la hermana agua, preciosa en su candor,

que es útil, casta, humilde: ¡loado, mi Señor!

Por el hermano fuego que alumbra al irse el sol

Y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado, mi Señor!

Y por la hermana tierra que es toda bendición,

la hermana madre tierra que da en toda ocasión

las hierbas y los frutos y flores de color

y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor!

San Francisco, Liturgia de las horas I, p. 795

                                                                                                       

III. UNA TIERRA PARA SOÑAR

 Yo voy soñando caminos

de la tarde. ¡Las colinas

doradas, los verdes pinos,

las polvorientas encinas!…

¿A dónde al camino irá?

Yo voy cantando, viajero

a lo largo del sendero…

—La tarde cayendo está—.

Antonio Machado, Soledades, XI

 El nuevo génesis

  Entrevista 68_5                             Y Dios vio que todas las naciones de la Tierra, negras y blancas, pobres y ricas, del Norte y del Sur, del oriente y del Occidente, de todos los credos, enviaban sus emisarios a un gran edificio de cristal a orillas del río del Sol Naciente, en la isla de Manhattan, para estudiar juntos, pensar juntos y juntos cuidar del mundo y de todos sus pueblos.

Y dijo Dios: “Eso es bueno”.

Y ése fue el primer día de la Nueva Era de la Tierra.

 Y vio Dios que los soldados de la paz superaban a los combatientes de las naciones en guerra, que las diferencias se resolvían mediante la negociación y el raciocinio y no por las armas, y que los líderes de las naciones se encontraban, intercambiaban ideas y unían sus corazones, sus mentes, sus almas y sus fuerzas para el beneficio de toda la humanidad.

Y dijo Dios: “Eso es bueno”.

Y ése fue el segundo día del Planeta de la Paz.

 Y Dios vio que los seres humanos amaban a la totalidad de la Creación, las estrellas y el sol, el día y la noche, el aire y los océanos, la tierra y las aguas, los peces y las aves, las flores y las plantas y a todos sus hermanos y hermanas humanos.

Y Dios dijo: “Eso es bueno”.

Y ése fue el tercer día del Planeta de la Felicidad.

 Y vio Dios que los seres humanos eliminaban el hambre, la enfermedad, la ignorancia y el sufrimiento en toda la Tierra, proporcionando a cada persona humana una vida decente, consciente y feliz, controlando la avidez, la fuerza y la riqueza de unos pocos.

Y Dios dijo: “Eso es bueno”.

Y ése fue el cuarto día del Planeta de la Justicia.

 Y Dios vio que los seres humanos vivían en armonía con su planeta y en paz con los demás,  gestionando sus recursos con sabiduría, evitando el despilfarro, frenando los excesos, sustituyendo el odio por el amor, la avaricia por el darse por satisfecho, la arrogancia por la humildad, la división por la cooperación y la suspicacia por al comprensión.

Y Dios dijo: “Eso es bueno”.

Y ése fue el quinto día del Planeta de Oro.

 Y Dios vio que las naciones destruían sus armas, sus bombas, sus misiles, sus barcos y aviones de guerra, desactivando sus bases y desmovilizando sus ejércitos, manteniendo sólo una policía de la paz para proteger a los buenos  de los malos y a los normales de los enfermos mentales.

Y Dios dijo: “Eso es bueno”.

Y ése fue el sexto día del Planeta de la Razón.

 Y Dios vio que los seres humanos recuperaban a Dios y a la persona humana como su Alfa y Omega, reduciendo a las instituciones, creencias, políticas, gobiernos y demás entidades humanas a su papel de simples servidores de Dios y de los pueblos. Y Dios los vio adoptare como ley suprema aquélla que dice: “Amarás al Dios del Universo con todo tu corazón , con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Amarás a tu bello y maravilloso planeta y lo tratarás con infinito cuidado. Amarás a tus hermanos y hermanas humanos como te amas a ti mismo. No hay mandamientos mayores que estos”.

Y Dios dijo: “Eso es bueno”.

Y ése fue el séptimo día del Planeta de Dios.

Robert Muller, El nuevo génesis

                                   Entrevista 68_6

Alfarero del hombre

Alfarero del hombre, mano trabajadora

que de los hondos limos iniciales

convocas a los pájaros a la primera aurora,

al pasto los primeros animales.

 De mañana te busco, hecho de luz concreta,

de espacio puro y tierra amanecida.

de mañana te encuentro, Vigor, Origen, Meta

de los sonoros ríos de la vida.

 El árbol toma cuerpo y el agua melodía:

tus manos son recientes en la rosa;

se espesa la abundancia del mundo a mediodía

y estás de corazón en cada cosa.

 No hay brisa sino alientas, monte si no estás dentro

ni soledad en que no te hagas fuerte.

Todo es presencia y gracia. Vivir es este encuentro:

Tú por la luz, el hombre por la muerte.

 ¡Que se acabe el pecado! ¡Mira que es desdecirte

dejar tanta hermosura en tanta guerra!

Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte

de haberle dado un día las llaves de la tierra.

Liturgia de las horas 1, p. 794

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