Una sexualidad liberadora

Escribir sobre la sexualidad en un contexto del cristianismo de base es el reto que nos hemos planteado en este número de la revista Utopía. No es un tema que resulte fácil a priori; ante la insistencia de los sectores más tradicionales de la Iglesia en mantener planteamientos y normas claramente anticuados respecto de la moral sexual, son muchas las personas que optan por tomar decisiones que se apartan en mayor o menor medida de lo que se establece oficialmente. A otros, la imposibilidad de conjugar el ser felices con las indicaciones del magisterio les ha hecho abandonar la práctica religiosa. Los colectivos de base suelen centrarse, con razón, en los aspectos sociales y políticos del compromiso cristiano, también en la denuncia de la realidad de la Iglesia, pero con frecuencia la vivencia cristiana de la sexualidad se ha quedado como algo privado y ha quedado pendiente la reflexión comunitaria y explícita sobre ella y todos los temas que lleva consigo. Muchos moralistas han sido vetados por el Vaticano en relación con sus conclusiones sobre la ética sexual y con el paso del tiempo se ha ido creando un vacío en el que cada uno “lo vive como puede” y posiblemente todos somos conscientes de que aún necesitamos aclararnos en algunas cuestiones y nos damos cuenta de los condicionantes que tenemos en el subconsciente por la educación que hemos recibido.

Como Consejo de Redacción queremos en este número tomar postura en primer lugar para denunciar el sufrimiento histórico que un enfoque de la sexualidad mal entendido ha producido (y sigue aún produciendo) en tantas personas: sentimientos de culpa, auténtica represión sobre las mujeres, exclusión social de los homosexuales, políticas equivocadas sobre natalidad, investigación científica, divorciados, aborto, etc., son muestra evidente de esta gran injusticia. Apostamos pues por una sexualidad liberadora que contribuya a la felicidad de las personas, que como seres adultos deberán ser capaces de tomar sus propias decisiones con responsabilidad en ámbitos de su esfera más íntima. Queremos rescatar la vivencia positiva y gozosa de la dimensión afectivo – sexual del ser humano y tomar como referencia la Buena Noticia de Jesús, que parte del amor y la ternura y no de la prohibición y el miedo permanente a “hacer algo mal”.

A la vez, las distintas reflexiones y aportaciones que componen el índice que hemos preparado, quieren también alzar la voz ante la trivialización que se extiende cada vez más a la hora de considerar las relaciones sexuales entre las personas: los valores superficiales del éxito fácil que muestran desgraciadamente algunos mensajes publicitarios o muchas ideas que están en la calle pueden llevar a la conclusión de que lo que cuenta referido al sexo es pasárselo bien y experimentar, que es algo sin importancia, como si de ir al cine o a tomar unas cañas se tratara. Aparece aquí de nuevo la urgencia de repensar la propuesta cristiana sobre la vivencia de la sexualidad y ofrecerla especialmente a los jóvenes de nuestros entornos.

Finalmente tratamos también de recuperar el aspecto positivo y no represivo de la sexualidad vivida desde una opción célibe, sin pareja. La cuestión del celibato obligatorio en el sacerdocio y toda la problemática que lleva detrás ha resaltado los aspectos negativos de una situación que viven en clave enriquecedora muchas personas con un sólido compromiso por los demás.

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