Reflexión: La acción política: la respuesta organizada a las necesidades de la vida de la gente

Emiliano de Tapia

Baladre

Si tuviéramos que ponernos de acuerdo sobre dónde estaría la necesidad fundamental que más nos preocupa de esta sociedad globalizada mirando la realidad más cercana y, aún mucho más, la que nos queda más lejana, nos veríamos obligados a consensuar que el gran problema de la sociedad actual que más nos duele, que está generando más dificultad en las vidas de muchas gentes, que es causa y consecuencia de conflictos como la inmigración o las personas refugiadas, en muchos casos, o de conflictos armados o de despilfarro siempre insolidario, o de negocios insultantes para las personas más empobrecidas, de precariedad y empobrecimiento, ésta sería la desigualdad económica, social y cultural entre gentes y pueblos.

Sistema de exclusión y empobrecimiento

Una desigualdad que se asienta en las entrañas y mecanismos perversos de un sistema capitalista que no puede sobrevivir sin la pobreza y las personas  pobres, sin la exclusión y el empobrecimiento, sin el dolor y el sometimiento de pueblos enteros.

Pero también tendríamos que ponernos de acuerdo y consensuar, porque es posible y viable, qué medidas debemos de tomar, qué estilo de vida debemos llevar entre todos los pueblos, qué tipo de organización debe entrelazar personas, vidas y riquezas para hacer posible la única globalización que nos puede humanizar a todos y todas; y esta globalización es la de la redistribución comunitaria de los bienes que dignifican social, económica y culturalmente a todas las personas.

Respeto con la tierra, la naturaleza, el medio ambiente…

dlatinos

La acción política ha de ser la que asuma la responsabilidad, con toda la rapidez y urgencia posible, de estos dos grandes retos del presente -desigualdad y redistribución comunitaria- para que no haya tantos sufrimientos inútiles, para acabar con las  barreras en las relaciones sociales, para favorecer modos de vida más humanos, autónomos y atractivos en cada pueblo, para sentir que avanzamos en el respeto y el equilibrio necesario con la tierra, la naturaleza y el medio ambiente frente a la explotación sin límites, para frenar muertes inútiles en una sociedad que más que nunca nos avergüenza, ya que nunca tuvimos tantas posibilidades para evitarlo.

Primera responsabilidad en una política como herramienta transformadora de pueblos y comunidades

Saber escuchar. Solamente si la acción política está con el oído y la mirada junto a quienes sufren o junto a quienes provocan la desigualdad, si la misma acción política acoge activamente, en un primer momento, desde relaciones horizontales, el doble camino del sufrimiento o de la desigualdad, con sus causas, mecanismos e intereses, si esta acción política se interpela por el hacer desde el que unas pocas personas y pueblos intentan desarrollar y dominar, propiciando situaciones insultantes y escandalosas en el cuidado de las vidas de otras personas o colectivos; solamente así será posible comenzar a reconstruir esta sociedad que admite de manera tan inconsciente, impotente y resignada que nunca la economía podrá ser desplazada del centro de nuestros intereses y de nuestras vidas personales y comunitarias.

Que la economía, como la política, sólo serán (y son) meras herramientas. Si nuestras cabezas o nuestros corazones están llenos de intereses económicos, con la economía como única bandera a levantar en el cuidado y mejora de nuestras relaciones, o absorbidos por planteamientos políticos para gestionar y organizar las vidas de las gentes y de los pueblos, pero sin la escucha horizontal y la acogida de las necesidades de las personas empobrecidas, o sin la mirada escandalizada que se rebela ante la acumulación y sus mecanismos siempre perversos, estaremos alimentando un camino cada vez más injusto y más privado e impedido de salidas.

Segunda responsabilidad en la política de las personas

Baladre

La organización ha de ser comunitaria. No nos organizamos para que alguien nos represente. Nadie representa a nadie para que otras resuelvan los conflictos y necesidades de cada persona, o de cada grupo o colectivo. Esta responsabilidad de la política de las personas conlleva una organización que cuenta con ellas, que hace partícipe a las personas, que incorpora, no sin esfuerzo, a todas las personas, que busca y resuelve con las personas; y esto sólo es posible desde el esfuerzo y la construcción comunitaria.

El mayor esfuerzo de esta organización y construcción política comunitaria se ha de centrar en hacer frente a la riqueza, la acumulación y sus mecanismos escandalosos. La lucha contra la pobreza cuestiona, en primer lugar, los mecanismos de enriquecimiento de unas pocas personas. Hace posible la participación y la implicación de todos y todas propiciando las mejores relaciones. Y coordina, en tercer lugar, la distribución comunitaria en un hacer común de los bienes económicos, sociales y culturales, siempre necesarios.

Propiciar la cultura del trabajo, la creatividad y la investigación puestas al servicio del bien común, la aceptación de la diversidad en las vidas, la utilización y disfrute racional y responsable de la naturaleza y todos sus bienes, el cuidado de la autonomía y del protagonismo de cada colectivo o persona, y las relaciones cuidadas de manera horizontal deberán ser características y responsabilidad de esta política puesta al servicio de las personas con programas y acciones que cuiden la vida y todas las vidas.

Tercera responsabilidad de una política por los derechos humanos

El acceso no negociable a los derechos fundamentales. Toda persona, en una sociedad de bienes suficientes como es la actual, debe tener acceso a la comida, al techo, a la salud y a la educación. La acción política responsable debe hacer posible, sin barrera alguna, estos derechos fundamentales, por dignidad y para todas las personas.

El trabajo y el empleo, como herramientas, que lo son, necesarias para favorecer y hacer crecer las relaciones humanas, deben ser la manera de posibilitar la participación responsable y creativa de los grupos y personas en una sociedad que está obligada a buscar y encontrar, en cada momento y tiempo, cómo sostenerse en el máximo respeto al medio ambiental y natural al que nos debemos.

Centro RS

Los más débiles de la comunidad.  Las personas y los entornos más débiles, en una política responsable, han de ser prioridad cuando se ejerce el cuidado y  la participación en la distribución de los bienes comunes.

Cuarta responsabilidad de la acción política que pone la vida en el centro

Cada ser humano y la tierra son los únicos objetivos. No puede haber en el ejercicio de la política otros ejes que la motiven y la desarrollen. El ser humano, como miembro de la comunidad, y la tierra, como el mejor y único espacio que mece, cuida y da vida, son bienes que no tenemos derecho ni desde la política, ni desde la economía, ni menos desde la cultura a sobreexplotar y manipular en su autonomía y dignidad.

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