Reflexión: Jesús de Nazaret y la homosexualidad.

Jesús de Nazaret y la homosexualidad.

Evaristo Villar.

“En ningún israelita he encontrado tanta fe.

En el sector estrictamente católico las posiciones antagónicas entre el cristianismo más humanista y el más pegado al doctrinarismo no solo impiden un acercamiento (en éste y en otros temas, como el feminismo y la praxis sacramental), sino que están congelando cualquier intento de transformación estructural de la Iglesia[1].


Pero, ¿qué pensaba Jesús de Nazaret y, sobre todo, cómo se comportó con las personas homosexuales?

De entrada, nos acompaña la sospecha de que Jesús, en tantas cosas alternativo y contracultural, puede reservarnos alguna sorpresa.

Ch. H. Dood.

Para nadie resulta hoy novedad descubrir al Jesús de los evangelios siempre rodeado de un cortejo interminable de seres humanos excluidos de la sociedad de su tiempo: son pobres y hambrientos, ciegos y lisiados, leprosos y cojos, miserables y endemoniados, recaudadores de impuestos y publicanos, prostitutas y pecadores públicos, perseguidos y agobiados, los pequeños, los últimos… Para el judaísmo oficial y piadoso todo aquel que estaba al margen de la Ley era culpable de su marginación (Jn 9,2); para Jesús, al contrario, antes de cualquier connotación moral o religiosa, aparece su situación personal: son pobres y con ellos su corazón “se derrama, física y emocionalmente, (“esplagjnizomai” se dice en griego).

 Un gran especialista en los orígenes cristianos como el británico Ch. H. Dood llegó a ver en esta actitud de Jesús con las personas social y religiosamente descartadas “un inédito interés por todo lo perdido”. Lo mismo que el filósofo José Luis L. Aranguren califica, a otro propósito, de “irredento” todo aquello que resulta imposible de alcanzar.

Y las personas homosexuales ¿son también irredentas para Jesús?

En buena lógica, siguiendo su inédito interés por todo lo perdido, bastaría recordar que estas personas, por su exclusión socio-religiosa en Israel, forman parte de ese humillado cortejo que siempre le acompaña.

Pero, yendo más al fondo, nos sorprende el silencio evangélico que se ha querido oír sobre este tema. Silencio que resulta llamativo en una persona que, como Jesús, pudo conocer perfectamente el enérgico rechazo de sus paisanos judíos a la práctica de la homosexualidad. Y, más clamoroso si cabe, es el silencio en una Palestina sometida a Roma, donde, según testimonio fehaciente de la literatura de la época, la homosexualidad era una práctica nada extraña entre las clases altas de la sociedad greco-romana y, especialmente, en el estamento militar.

No obstante, el silencio se rompe cuando el ser humano alcanza su autonomía y los métodos histórico–­­críticos han alcanzado libertad para poner de manifiesto detalles que frecuentemente se ocultan a la primera mirada. 

Con la paciencia del geólogo, que, desde los fósiles y estratigrafías, va descubriendo las edades de la tierra o del técnico musical, que, en la combinación de ritmos y sonidos, discrimina las tendencias musicales de cada época, el exégeta, transitando los lugares y tendencias religioso–culturales de cada texto, ha roto el aparente silencio del evangelio sobre la homosexualidad. El punto de partida en este caso se centra en el relato de Mateo en 8, 5-13.

El Centurión de Cafarnaúm y la homosexualidad

No entramos ahora en las razones que pudieron llevar a Marcos, primer escritor del Evangelio, a ignorar este episodio. ¿Por qué en la comunidad de Antioquía, desde donde escribe, en un contexto muy helenizado, a nadie sorprende ese comportamiento escandaloso de Jesús con la familia del Centurión? ¿Por otros motivos? …

Sin embargo, Mateo, que escribe unos años más tarde y desde lugar y contexto distintos como eran las comunidades siro-palestinas de lengua griega, fuertemente impregnadas por la cultura judía —y, por lo mismo, con mayor dificultad para acoger a las personas homosexuales—, encuentra la ocasión propicia para presentarle la alternativa de Jesús sobre la homosexualidad.  

El Centurión, un personaje fascinante

Se trata de un relato perfectamente pensado donde se va hilvanando con finura la personalidad del Centurión, su ilimitada confianza en el profeta de Nazaret e, indudablemente, su relación con el enfermo.

Este hombre, el Centurión, jefe de cien soldados y máxima autoridad civil en Cafarnaúm, es publicano y se ha sentido tan fascinado por el comportamiento de Jesús que se le acerca un día para pedirle un milagro: que cure a distancia a un joven paralítico que vive en su casa y que sufre mucho.

La escena ya es conocida. Ante el ademán de Jesús de ir a curarlo —contra el impulso natural de todo el mundo de acercarse y tocarlo, de llevarlo a su casa (es el caso de Jairo, el jefe de la sinagoga, Mc 5,21, y tantos otros) —,  el Centurión le confiesa que no es digno de recibirlo en su casa; le basta con que diga una palabra a distancia y el joven recuperará la salud… Jesús se siente conmovido  y cierra la escena diciendo: realmente “en ningún israelita he encontrado tanta fe”.

El amor de su vida, su pareja

A partir de este relato de Mateo, Ariel Álvarez, gran especialista en Teología Bíblica y amigo, hace un brillante estudio[1], sobre el texto griego que implica cambios morfológicos en el relato y en la identidad de las personas según sea el lugar, el tiempo y la sensibilidad de la comunidad cristiana para la que se escribe.

Para Mateo el joven enfermo es un muchacho (“páis” en griego), que los clásicos greco–romanos atribuyen al “amado” o “favorito”; para Lucas (7,2-10), que escribe posteriormente a comunidades más helenizadas de Cesarea o Corinto,  el joven enfermo es un esclavo (“doúlos”); y Juan (4,46-54), a finales de siglo, probablemente desde Siria, convierte al joven enfermo en hijo (“houiós”) y al Centurión en un alto funcionario judío.  

Concluyo. Jesús no condena; se admira y alaba la ternura y la fe del Centurión de Cafarnaúm.


[1] Álvarez, Ariel, ¿Hizo Jesús un milagro a un homosexual? Criterio Digital 2412 (2015).

[1] A este propósito, puede consultarse mi trabajo Matrimonio gay. Una visión desde el evangelio, en academia.edu/27705737.

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