Reflexión: El futuro es comunitario y de todas las personas, o no lo habrá

Emiliano de Tapia

Desde muchos lugares, en este momento en que parece que va a ser necesario un cambio importante y determinante en nuestras vidas, se habla de “qué pasará mañana”, “cómo construir el mañana”. Y, no sin razón, en muchos colectivos y entidades de todo tipo, públicas y privadas, ya están avanzando algunas propuestas a sus preocupaciones.

Colectivos y movimientos sociales que, desde hace tiempo, venimos haciendo un esfuerzo juntos por intuir por dónde creemos que pueden ir estos cambios que ahora aparecen como imprescindibles; entendemos que no podemos dejar pasar el momento sin tomar parte activa en estos posibles cambios. No nos valdrá nunca más de lo mismo, de aquello que parecía que teníamos atado y orientado en la “buena dirección”, y resulta que se nos ha vuelto contra todos y todas, personas e instituciones, dándonos una bofetada llena de dolor, desconcierto y desencanto.

El mundo urbano en el que nos situamos algunas personas, el periférico, el de la precariedad y la desigualdad; ese que se ha ido gestando desde un modelo de vivir; si antes no aguantaba, ahora ya no puede permanecer y aguantar así. Porque no es referencia de nada para quienes viven en estos espacios y aún menos para la sociedad en general.

La destrucción del mundo rural

El mundo rural y sus pequeños pueblos han sido vaciados de vida, y una vez usurpado su sentido fundamental, que ha sido producir alimentos para toda la sociedad, se ha roto en pedazos muy difíciles y, lo que parece más grave, sin voluntad decidida de reconstruir, sobre todo por parte de quienes han protagonizado su destrucción.

Por todas estas razones, de gran hondura y profundidad, colectivos y movimientos sociales de los que formamos parte, estamos llamados a buscar la manera de estar presentes y protagonizar con nuestra participación estos cambios necesarios y, especialmente, de tres situaciones que van a necesitar un esfuerzo común, sin discusión posible y mirada hacia otro lado, al medio rural y al medio urbano.

Primera situación

La alimentación va a tomar un protagonismo especial en el próximo tiempo. No solamente para que esta llegue a todas las personas, sino porque es el momento de hacer que el campesinado que produce los alimentos potencie todas las alianzas posibles con la población urbana, con el fin de hacer frente a la agroindustria en favor de las producciones agroecológicas, según los criterios de cercanía y responsabilidad social y comunitaria.

Nos lo está planteando muy bien la demanda de SOS Campesinado, a la que algunos colectivos nos hemos unido ya, y que nos invita a“seguir haciendo públicas las demandas de la agroecología y el sector primario a pequeña escala, de todas aquellas personas y colectivos que producen cuidando la tierra, que elaboran alimentos de calidad, que construyen y dinamizan canales cortos de comercialización, que mantienen vivos nuestros territorios, pueblos y paisajes, que defienden desde la práctica el derecho a una alimentación y nutrición justa y adecuada”.

Segunda situación

Los derechos sociales fundamentales (alimentación, vivienda, sanidad, educación y cultura), mucho más allá de los servicios sociales, tienen que ser protagonistas definitivamente en la vida de todas las personas. Una vez más, esta situación ha desnudado a una sociedad que se pavoneaba de bienestar para todas las personas y, sin embargo, son colectivos minoritarios quienes parecen tener acaparado este bienestar, dejando una inseguridad alarmante en una parte mayoritaria.

Los caminos para el acceso de todas las personas a unos verdaderos derechos sociales desde la precariedad de los barrios y, sobre todo, de los pequeños pueblos del medio rural, debemos protagonizarlos con la participación de todos los grupos y personas. No se podrá concretar un mapa sanitario o una nueva organización del territorio, por ejemplo, para los pueblos, sin la participación real de los mismos a través de la ciudadanía, de sus organizaciones y de los municipios con sus ayuntamientos. Y ahí debemos estar el medio urbano precarizado y el medio rural expoliado unidos como es necesario e imprescindible.

Tercera situación

En una sociedad tan envejecida como la nuestra, tan presente en los barrios periféricos, pero, aún más, en los pequeños pueblos, todos sabemos que, en muchos casos, hasta el 80% o el 90% de la población, después de haber vivido, sufrido y contemplado con mucha impotencia la muerte en soledad de muchas de las personas mayores, sobre todo, en este tiempo del “maldito coronavirus”, el sistema de acogida que les estábamos dispensando en las residencias y, a veces, en las propias casas, no ha sido el más idóneo, como tampoco lo ha sido el cuidado con las propias personas cuidadoras.

Necesitamos replantearnos los cuidados y a las personas que cuidan, lo que hemos hecho hasta ahora, lo que teníamos, el sistema socioeconómico que se ha adoptado en la sociedad y con el que, incluso, podemos haber colaborado. Algunas intuiciones tenemos. Sin embargo, también en este caso, de cara a las próximas decisiones que las instituciones públicas y privadas puedan tomar, tanto en el medio rural como en el medio urbano, se hace imprescindible la participación de la ciudadanía a través de sus colectivos sociales.

Emiliano de Tapia, Salamanca ©Angel Navarrete/PUBLICO

Nuestra apuesta es comunitaria

Pongamos el acento de nuestras propuestas en la apuesta comunitaria, participada y protagonizada por toda la población, siempre desde el ámbito de lo pequeño, como son en la mayoría de los casos los barrios y pueblos donde nos encontramos.

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