Reflexión: El cuidado de las sexualidades LGTBIQ+

Maria José Palma

Reflexión: El cuidado de las sexualidades LGTBIQ+.

María José Palma Borrego. Escritora.

“El problema de las mentes cerradas es que siempre tienen las bocas abiertas” (Mafalda)

En España, el heteropatriarcado sustentado por la ultraderecha y los partidos que la copian, como es el caso del PP, llevan a cabo ataques sobre las minorías sexuales con actos violentos que en ciertos casos pueden desencadenar la muerte. Este fenómeno de la violencia contra las minorías sexuales se puede analizar desde diferentes puntos de vista.

Aun teniendo en cuenta que las razones por las que se discrimina y se violenta al otro son múltiples, en este artículo sólo nos vamos a centrar en algunas de las causas que, desde nuestro punto de vista, son las más importantes en relación con este colectivo heterogéneo, diverso, racializado.

A las mujeres se nos mata por ser mujeres, como si nacer mujer fuera una fatalidad, pero la violencia heteropatriarcal, con su discurso y sus prácticas normativas excluyentes, pretende eliminar todo lo que toque lo femenino, como es el caso de los homosexuales o los hombres que transitan para ser mujeres.

Disolución de identidades

La primera causa es la ruptura y disolución del modelo patriarcal masculino hegemónico. Dicha ruptura se manifiesta en un miedo inconsciente de los hombres a las mujeres que manifiestan sus deseos, quebrando con ello la representación masculina hegemónica a causa del auge y la potencia del movimiento feminista.

Desde un punto de vista más psicológico, la disolución actual de las identidades religiosas, sexuales, ideológicas y profesionales (en el sentido de la precariedad laboral), y el aumento de la incertidumbre que genera la ausencia de las certezas que caracterizan este tiempo, produce el regreso a identidades fuertes, hegemónicas, y totalitarias, que llevan a los hombres, y a algunas mujeres, a la violencia contra las divergencias sexuales.

La segunda razón por la que el hombre macho hegemónico ataca al colectivo LGTBIQ+ es la extrañeza que produce en ellos toda disidencia sexual.

Sus violencias se ejercen sobre todo lo que significa desconocimiento para ellos y despierta siempre furor de los que tienen, aun sin saberlo, privilegios. El ataque es furibundo, dejando a todos ellos, ellas y elles en una situación mala o difícil. El porcentaje de suicidios de mujeres prostituidas “trans” es enorme, ¿cómo no? Es difícil vivir en los márgenes a donde el patriarcado las empuja, junto a otras mujeres prostituidas y a algunas más. La Iglesia no está exenta de complicidad con este pensamiento heteropatriarcal y monolítico, que representa y actúa sin miramientos.

Los dos significados de la crisis

La crisis según la RAE tiene dos significados: primero, un cambio profundo de consecuencias importantes en un proceso o en una situación, y segundo, la crisis es también una situación mala y difícil.

Es el segundo significado el que me interesa aquí, pues esta situación mala y difícil tiene que ver con el miedo de los hombres atravesados por el ejercicio del poder excluyente. Lo cierto es que el excluir de la sociedad, del discurso, del imaginario y de la representación la diversidad sexual significa una desprotección para estas personas.

Los roles patriarcales

Socialmente las repercusiones de todo ello son importantes, porque no son los hombres que tienen el poder quienes atacan a las personas LGTBIQ+, sino el vecino, el que pasa por el lado, en el metro, paseando,… todos esos varones temerosos de su masculinidad homoerótica, que no es lo mismo que homosexual, en los que se ha interiorizado el discurso del odio. Pues el hombre socializado en la masculinidad patriarcal se aleja de lo femenino, de las identificaciones con las figuras del cuidado y de su propio interior, ya que reflexionar y hablar sobre lo que se siente y sobre las propias debilidades es considerado como un rasgo de feminización. Para oponerse a esta amenaza de feminización, los varones asumen los roles de género patriarcales, adoptan actitudes de omnipotencia y niegan sus necesidades emocionales de intimidad, de ternura, afectividad, de cuidados y de contacto con los otros. Para la masculinidad hegemónica ser hombre significa no tener nada de mujer, por lo que cualquier aproximación a las funciones consideradas tradicionalmente femeninas pone en peligro su frágil identidad masculina, constantemente cuestionada y cuya desviación suele ser penalizada con adjetivos como “maricón” o “nenaza”.

¿Miedo de los hombres porque transgreden sus roles y se acercan a lo “femenino”? Sí. Es llamativo que las agresiones y el cuestionamiento social están mucho más dirigidos a los hombres que se feminizan o transitan que a las mujeres que transitan o hacia las propias lesbianas.

A la búsqueda de un o una culpable

En realidad, pienso que a los varones de sexualidad normativa les da igual que exista la homosexualidad, el fenómeno “trans”, el lesbianismo y demás prácticas sexuales; lo que verdaderamente les interesa es que estas no se hagan visibles, que sigan en los armarios, pues es así como algunos de ellos lo llevan a la práctica. Clandestinidad frente a visibilidad, ese es también el problema y la violencia, la trampa, y luego todo viene de corrido: la creación de un chivo expiatorio, cualquiera que sea (emigrantes, minorías sexuales, pobres, etc.) para que la gente aterrorizada e inquieta por la incertidumbre de nuestro mundo, se apunte a su discurso totalitario y lo lleve a la práctica. Es bien sabido que la creación de un o de una culpable borra la culpa colectiva de no aceptar al otro como alteridad y con plenos derechos. La crisis de las democracias liberales, que trajeron consigo la globalización bajo la apariencia de una igualdad ficticia, tiene que ver también con la instauración de estos discursos excluyentes que conciernen a la creación del chivo expiatorio al que hay que hacer desaparecer por medio de la violencia ejercida sobre ellos y ellas.

Lo que vemos son agresiones sistemáticas, inquietud, pavor y desprotección de quienes sufren estas violencias. Vemos cómo hoy día la homofobia y la transfobia está calando en la gente en general e incluso en el movimiento feminista, que mantiene dos posiciones irreconciliables.

2 comentarios

    • Rosa Arauzo Quintero el 10 junio, 2022 a las 7:20
    • Responder

    Gracias, Maria José. Por haber enfocado la realidad de esta heteronormalidad excluyente ,que se intenta normalizar e institucionalizar, para impedir o limitar los derechos de la comunidad LGTBQI+. Es tiempo de mudanza, pero no para el avance de la humanizacion de la diversidad, sino, mas bien, el retroceso de lo conseguido a posiciones de anulacion de estas conquistas.
    Seguiremos defendiendo y luchando porque la realidad trans ocupe el lugar social y politico que le corresponde. Nos anima pensar y sentir que a nuestro Padre Dios estos hijxs suyos los ama y acoge tal cual son. El tiempo del Reino tiene su dinámica y ahí el Espiritu, nos sigue ayudando a discernir. Tu articulo forma parte, al menos para mi, de este discernimiento.

    1. Gracias Rosa la aceptación de la diversidad es lo que nos une en nuestra ñucha

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