Reflexión: El cuidado de las personas con problemas de salud mental

El cuidado de las personas con problemas de salud mental.

No hay salud sin salud mental .    Jesús Bonet Navarro.

            El deterioro de la salud mental está convirtiéndose en el primer problema de salud en el mundo; cada vez más personas tienen problemas con ella. El estilo de vida que llevamos, el descuido en la prevención, la falta de sensibilidad para cuidar a esos enfermos y la escasez de recursos económicos para su tratamiento hacen que muchas personas vivan en un pozo mental oscuro. Pero no hay salud sin salud mental.

El panorama clínico actual

La salud mental es una situación de bien-estar psíquico que afecta al pensamiento, a los sentimientos y a las conductas. Está muy relacionada con tener un fundamento sólido para la vida y con saber disfrutar de ella (aun en medio de los problemas y enfermedades). Pero el deterioro de la salud mental va camino de convertirse en el primer problema de salud en el mundo.

Los datos son elocuentes. Hé aquí algunos: en 2030 la mayor causa de incapacidad será la precaria salud mental y más del 50 % de las bajas laborales serán por ansiedad; a día de hoy, más del 12 % de la población española vive en estado de ansiedad patológica permanente; el 13 % de los adolescentes presenta problemas de salud emocional (ansiedad, depresión, fobias, ataques de pánico, anorexia, hiperactividad, déficit de atención, autolesiones); el suicidio es la segunda causa de muerte no natural en jóvenes entre 15 y 29 años, y es más frecuente en jóvenes LGTBI.

Una forma patológica de vida

Aunque no todos los trastornos psíquicos tienen el mismo origen ni la misma gravedad, la mayor parte tienen que ver con el estilo de vida que llevamos. La ansiedad permanente es el principal obstáculo para la salud mental. Las prisas, los objetivos inalcanzables, los hábitos de consumo compulsivo, las drogas, el tecnoestrés, la violencia de género en muchos ambientes, el individualismo, la soledad, el miedo al futuro, la incertidumbre en el trabajo, la vejez desatendida… son factores perturbadores de la salud mental.

El consumo de psicofármacos (hipnosedantes, antidepresivos, ansiolíticos, antipsicóticos…) está disparado. De la boca de muchas personas salen con frecuencia las palabras “ansiedad” y “depresión”. Cada vez vemos  más personas con trastornos de sueño o de apetito, disminución de su interés por actividades satisfactorias, fatiga, pérdida de energía, falta de concentración y de memoria, sentimientos de inutilidad o de culpa, dificultad para las relaciones sociales, baja autoestima, apatía, tristeza, desesperanza, agresividad… y en los casos más serios, percepción alterada de la realidad y pensamientos reiterados de muerte o suicidio.

Sí que hay personas a las que en momentos negros de su vida les oímos decir: “No tengo miedo a morir; tengo miedo a vivir”; pero es una minoría, aunque significativa. Lo cierto es que una buena parte de nuestra sociedad está enferma, a pesar de las apariencias.

La persona con problemas de salud mental

Potencialmente, cualquiera, a lo largo de su vida, puede tener problemas, pasajeros o duraderos, de salud mental; nadie está, a priori, exento. Pero, por eso mismo, no puede decirse que una persona “es”, por ejemplo, depresiva o ludópata u obsesiva…, sino que “tiene problemas con” su estado de ánimo, con el juego o con sus obsesiones. El verbo “ser” es muy peligroso en salud mental, porque identifica la esencia de la persona con un problema que frecuentemente es abordable, tratable y superable, salvo en casos muy concretos.

Una persona con estos problemas no es un ciudadano inútil ni peligroso; no es un psicópata. Por el contrario, puede estudiar, trabajar, divertirse, tener amigos y relaciones de pareja; o sea, estar integrado en la sociedad, vivir como todos, aunque a algunos pacientes les cueste creerlo.

Tener problemas de salud mental no es motivo de vergüenza; pedir ayuda psicológica o psiquiátrica, tampoco; más bien, es signo de lucidez y de desprendimiento de prejuicios.

Cuidados descuidados

Si se tiene en cuenta que el 75 % de los problemas de salud mental comienza antes de los 18 años, parece que el naufragio de la mente necesita un rescate inmediato al que no responde nuestra sanidad pública. En España, en este momento, en el sistema público de salud hay 5 psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes y un número similar de psiquiatras, frente a 18 por cada 100.000 en la UE y 26 en la OCDE. En las Comunidades en que la privatización de la sanidad es mayor la proporción es escandalosa. Y en la mayor parte de los centros de atención primaria no hay profesionales de salud mental.

A todo esto es preciso añadir la ausencia de prevención (personal e institucional) y la baja inversión pública en sanidad mental, a pesar de saberse que no hay salud sin salud mental y que la salud mental es un derecho.

El cuidado de estas personas

Cualquiera que tenga un sentido profundo y estable para su vida, que fomente relaciones sociales sanas, que haga ejercicio físico, que organice su tiempo y no lo pierda en tonterías, que sea altruista, que lleve a cabo actividades en las que pueda disfrutar y, sobre todo, que desarrolle bien su afectividad, está cuidando su salud mental.

Para cuidar a quienes no la tienen también hay sugerencias: escucharlos activamente, empatizando todo lo posible con ellos; no juzgarlos; no trivializar sus quejas o sufrimientos; favorecer que no se aíslen; no pensar que si no salen de su estado es porque les falta voluntad; ofrecerles apoyo, compañía y cercanía; presentarles alternativas a sus sentimientos y a sus conductas; reforzarles su autoestima; sugerirles actividades placenteras de ocio con otras personas; ofrecerles otras posibles visiones de la realidad; y, en los casos en que hacen referencia a intenciones de suicidio, tomarse éstas en serio. En cualquier caso, animarlos y acompañarlos a buscar ayuda profesional, si es necesaria.

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