Reflexión: Economía y cambio climático

Loïc Alejandro

Loïc Alejandro

Ingeniero autónomo en diseño web, ex- concejal en Donostia-San Sebastián en la coalición Irabazi (EQUO – IU) y Co-Portavoz federal de Equo. Mi historia con EQUO empieza en 2014. Supe que EQUO era mi lugar, tanto por sus metas políticas, nobles y necesarias, como por sus innovaciones en materia de participación, feminismo y transparencia. Desde entonces he participado activamente en mi territorio hasta ser miembro fundador y dinamizador de la Asamblea Irabazi Donostia, y salir en segundo puesto en nuestras primarias locales. A invitación de UTOPÍA, colabora en este número analizando las relaciones entre economía y cambio climático

¿Cuáles son las relaciones entre la economía y el cambio climático?

Está bastante claro que el cambio climático afecta a la economía. La alteración climática provoca acontecimientos climáticos o modificaciones naturales estructurales que tienen repercusiones importantes en la economía de las familias, de las empresas y de los estados.

 

Aumento del nivel del mar

Una de esas modificaciones es el aumento del nivel del mar. Si aumentan las temperaturas en el planeta, se derrite el hielo de los polos y se dilatan los océanos. Existen hoy en día islas y estados en peligro de desaparición. Las Islas Maldivas podrían ser inhabitables en 2050 y hasta desaparecer a finales de siglo. Quieren comprar un terreno a la India, Sri Lanka o Australia para mudarse. Es algo inaudito e ilustrativo de la importancia del problema. Todas las zonas costeras del mundo están afectadas, y las implicaciones económicas para mudarse o protegerse son enormes. Un estudio realizado por el Centro Oceanográfico Nacional del Reino Unido (NOC) revela que las inundaciones causadas por el aumento del nivel del mar podrían costar 14 billones de dólares al año para 2100.

Las olas de calor

Otro acontecimiento climático debido a la alteración climática global son las olas de calor. Si no frenamos la tendencia, esas olas de calor serán cada vez más numerosas y más intensas. Las consecuencias son múltiples y tienen efecto en la productividad del trabajo, la producción agrícola, la salud, el sector energético, o el consumo de agua. El Instituto de Estadística francés calculó que la ola de calor de 2003 había costado al país entre 15 y 30 mil millones de euros.

Podríamos hablar también de los incendios, las sequías, la pérdida de biodiversidad o las tormentas. En definitiva, según el informe “Impactos climáticos en Europa” de 2014, del Centro de Investigación Conjunto de la Comisión Europea, el coste de la alteración climática se podría situar entre 120.000 y 190.000 millones de euros anuales en Europa para las últimas décadas del siglo.

Una recesión del 20%

Esa es la realidad acuciante que cualquier economista entiende. Según el “Informe Stern” de 2006, con una inversión equivalente al 1% del PIB mundial se podrían limitar los efectos del cambio climático. No hacerlo provocaría una recesión que podría alcanzar el 20% del PIB. ¿Mejor gastar 1% ahora o perder 20% luego?

Así las cosas, está claro que el cambio climático afecta (y mucho) a la economía. Pero hay una relación en el otro sentido también. De hecho me atrevo a decir que la economía convencional es en parte responsable de la alteración climática. Esto se debe a la manera de concebir la economía y a las herramientas que se utilizan para medir nuestro mundo.

El PIB como indicador de ¿bienestar?

Una de esas herramientas por ejemplo es el PIB. Está muy arraigado que un incremento del PIB es ahora sinónimo de prosperidad, a pesar de que su inventor, Simon Kuznets, advirtió en 1932 que no podía utilizarse como indicador de bienestar. El problema es que este índice solo toma en cuenta los flujos económicos. Esto lleva a dos características paradójicas: no toma en cuenta cosas indispensables para el desarrollo humano y tampoco la conservación de nuestro entorno. ¿Cuál es el valor del ciclo del agua, de la polinización, o de la captura natural de carbono? Para la economía clásica, ninguno. Del mismo modo, la mayoría de los trabajos de cuidados, no remunerados y altamente feminizados, no tienen valor a ojos del sacrosanto PIB.

Por otra parte contabiliza como elementos positivos acciones inútiles y hasta perjudiciales para el bienestar general. Un aumento de accidentes de tráfico o vender bombas contribuyen a incrementar el PIB. Contaminar un río y luego descontaminarlo cuenta dos veces en el PIB. Absurdo. El propio Keynes se apoyó en esa característica para idear su New Deal al decir, a modo de burla (pero no tanto), que era mejor que el gobierno empleara a gente para cavar agujeros en el suelo para luego rellenarlos. Robert Kennedy estaba en lo cierto ya en 1968 cuando dijo que “el PIB lo mide todo, excepto lo que hace que valga la pena vivir la vida”.

 

Otros indicadores alternativos

Con un monolito conceptual tan ciego como el PIB, la economía convencional no puede limitar las actividades humanas perjudiciales para el clima. Es más, mientras sean rentables, la economía convencional las fomentará. Es como si en una casa solo importara y se premiara hacer ventanas en las paredes. Está bien tener ventanas, trae luz, pero si se hacen demasiadas ventanas, llegará un momento en el que las paredes y el techo, que son los que realmente proporcionan protección, se caerán.

Por eso ya mucha gente trabaja en modelos económicos e indicadores alternativos (índice “happy planet”, PIB verde, índice de desarrollo humano, modelo Nordhaus,…). Necesitamos herramientas nuevas para permitir el desarrollo humano sin perjudicar al clima y al planeta, nuestra casa común.

1 comentario

    • Abraham en 11 septiembre, 2019 a las 6:54
    • Responder

    Muy clara esta aportación dónde queda claro que esto del cambio climático nos afecta a todos y a todo. La crisis climática provocará una crisis económica sin precedentes, salvo que desde ya aprovechemos está situación para hacer los cambios necesarios; cambios que, a su vez, serían una ventaja social y económica.

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