Reconstruir la democracia

RECONSTRUIR LA DEMOCRACIA

Nuestro sistema de convivencia, recogido en la Constitución de 1978, está basado en un sistema de partidos políticos.
Son por tanto en este sistema, los partidos, los actores principales encargados de implicar a la ciudadanía en la toma de decisión política y de representarla a partir de diferentes modelos de entender esa convivencia. Pero, ¿cumplen los partidos realmente con esos cometidos: el de participación y el de desarrollo democrático a partir de modelos ideológicos diversos?
En cuanto a la participación, los partidos políticos no son los mejores ejemplos de desarrollo de una democracia participativa interna, no es precisamente este un signo que distinga a la gran mayoría de los partidos políticos actuales. Las decisiones importantes se relegan a los “aparatos” sin la implicación de sus bases y, mucho menos, de la ciudadanía en general.
Este modelo limita la actividad política de las ciudadanas y ciudadanos a ejercer el voto en los procesos electorales escogiendo entre listas cerradas elaboradas, en su mayoría, por el “aparato” de los partidos.
Cabe pensar que el desarrollo de ese modelo de representación pueda ser uno de los elementos que provoque una participación cada vez más disminuida, justificando la abstención de cada convocatoria electoral. Sin embargo, hasta los últimos tiempos, nunca los partidos han analizado esa abstención como un desencanto del manido pueblo al que dicen representar.
Parece evidente que el pueblo no se siente representado por ellos y, lo que es más grave, ha perdido la fe, la ilusión por la vida política, a la que ven como un modus vivendi de unos cuantos.
El “no nos representan” ha sido contrarrestado por “hemos sido elegidos democráticamente”. Aquí es donde está el quid de la cuestión. Tenemos que encontrar, crear, buscar otro sistema que se caracterice por la participación activa y crítica de la ciudadanía, la no profesionalización ni acumulación de cargos, además de crear mecanismos que proporcionen transparencia en la toma de decisiones y en las cuestiones de dineros. La corrupción 0.0 no puede ser sólo un lema.
¿Sería necesario reconstruir ese modelo? Dirán que sí los que creen que la participación política es algo más que votar cada cuatro años; dirán que no aquellos que quieren delegar en los partidos la toma de decisiones que nos afectan a todas y todos. Para estos últimos, que piensan que lo más importante es ejercer el voto cada cierto tiempo, este año están viviendo uno de los mayores desafíos democráticos desde la aprobación de la última constitución española.
Para los que entienden la democracia en su sentido más etimológico, como el poder del pueblo, como una forma de organización social que atribuye el poder al conjunto de la sociedad. Sería necesario reconstruir este modelo que limita el ejercicio democrático a votar a la lista de municipales, autonómicas y generales, listas elaboradas por la jerarquía de los partidos políticos.
Desde este punto de vista, los retos que hay por delante son grandes, por un lado crear nuevos modelos de partidos u organizaciones políticas, que tengan cauces reales de participación de los militantes y la ciudadanía. Por otro, reformar nuestro modelo de participación ciudadana en la toma de decisiones, saliendo de esa dinámica de delegación de elección en elección o esa otra tan poco practicada de referéndum, ejercido, si no me fallan los cálculos, únicamente una sola vez desde la aprobación de la Constitución del 1978. Y por último, volver a ilusionar a las mujeres y hombres de nuestros pueblos y ciudades a la participación en la vida política, en la vida pública.
Es decir, necesitamos un nuevo Proceso Constituyente, pero que tenga como prioridad el volver a empoderar al pueblo, a establecer cauces de participación, formas de revocación de cargos públicos, favorecer los sistemas de consulta popular… Pero esto no se hará sólo y menos de arriba; tiene que ser desde las bases.

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