Pobreza y G-8

Cristianos por el Socialismo

 Ante la cumbre de los Jefes de Estado y de Gobierno de los países más ricos de la55 Comunicaciones 1 Tierra, que se reúnen en Escocia en estos días, el colectivo de CRISTIANOS POR EL SOCIALISMO quiere llamar la atención por el terrible problema de la pobreza y del hambre que padecen más de dos terceras partes de la población mundial. Sobre todo en África. Muchos de nosotros somos conscientes de estos problemas porque acompañamos a numerosos grupos de personas de todo el mundo que viven en la pobreza, privados de sus derechos humanos más elementales. Queremos aprovechar la ocasión que nos brinda su reunión en Escocia para dirigirnos a ustedes, sumando así nuestra voz al clamor de tantos ciudadanos movilizados hoy por todo el mundo, clamando por una justicia que no se resuelve dando limosnas o anulando algunas de las enormes deudas que tienen los pueblos empobrecidos.

La pobreza supone, básicamente, la privación de libertad. Provoca la muerte prematura, el analfabetismo, la enfermedad, la incapacidad para participar y hacerse oír en la esfera pública, el desamparo ante la arbitrariedad de los gobernantes, la violencia, la huida hacia otras tierras. Nace y se agrava con la discriminación de género. Supone no tener acceso a servicios y bienes elementales, como la salud, el agua o un entorno físico seguro. Implica la privación de la capacidad de ir eligiendo la vida que nos hace más felices.

En definitiva, la pobreza deshumaniza y vulnera la dignidad que a cada persona le corresponde porque son seres humanos creados a imagen de Dios. También sabemos que la pobreza es el producto de la perversidad de un sistema de globalización capitalista que lleva consigo la explotación de la inmensa mayoría de la gente, por unos pocos que acumulan sin piedad. Una injusta distribución de los bienes y recursos. Los mayores problemas económicos de nuestro tiempo no dependen de la falta de recursos, sino del hecho de que las actuales estructuras económicas, sociales y culturales tienen dificultades en asumir las exigencias de un auténtico reparto equitativo de lo que es de todos. Se trata del destino universal de los bienes, de la redistribución internacional de la riqueza y del derecho al desarrollo de los pueblos. Porque hoy más que nunca sabemos que es posible acabar con la pobreza si tienen voluntad política de hacer frente a esta situación que ustedes mismos han generado. Sí, son los responsables de la gestión del Fondo Monetarios Internacional, del Banco Mundial, de la Organización Mundial del Comercio que causan y siguen causando tanta pobreza y tanta miseria. Y que, junto con el resto de gobernantes mundiales, se han comprometido en reiteradas ocasiones a caminar por esa senda. Desde la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro (1992) hasta la Cumbre sobre el Desarrollo Sostenible, en Johannesburgo (2002); desde la Cumbre de Desarrollo Social, en Copenhague (1995), hasta la Cumbre del Milenio, en Nueva York (2000), son muchos los compromisos que aún están por cumplir. Ya es tiempo de cumplir la palabra empeñada, como se lo están exigiendo sus propios ciudadanos. Están en juego los derechos básicos de mucha gente y, con ellos, la dignidad de todo el género humano.

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