Paremos las guerras

Para combatir las formas de violencia institucionalizada hay quienes preconizan recurrir también a la violencia: ataques terrestres, bombardeos, etc.… En una palabra, la guerra. Pero institucionalizada ¿por quién? ¿Por gobiernos opresores? ¿Por grupos rebeldes? ¿Por grupos fanáticos?
Sea como sea, es responder a la violencia con más violencia; en unos, legitimada por los gobiernos en el poder, y en otros, por la consecución de sus ideales.
¿Es posible no entrar en la “espiral de la violencia” –según expresión de Hélder Cámara– al combatir las injusticias que desfiguran nuestra humanidad? Para resolver los conflictos que todos conocemos, ¿existen medios de solución que nada tengan que ver con la violencia?
¿Es entonces el camino el de la no violencia?
En este editorial sólo pretendemos abrir boca a lo que sigue; y para ello, comenzar a poner en la mesa suculentos manjares, permítasenos la comparación. Siguiendo con ella, vamos a sacar un plato con muchos defensores y detractores a la vez.
¿Qué hemos hecho cuando “nosotros, Occidente”, en nuestro afán de colaborar con (colonizar) otras tierras, hemos puesto en marcha (hemos explotado) grandes recursos naturales y ahora los hemos dejado en manos de algunos de sus legítimos dueños, pero que olvidan, tal como les enseñamos, que son para el bien común? Y, como consecuencia de lo anterior, ¿no va a suceder que los muchos de un territorio reclamen a los pocos que nosotros hemos educado aquello que les corresponde, que es una vida digna? ¿Y si estos muchos generan violencia? Pues los vigías de Occidente tenemos dos opciones:
a) Mientras sea en su país y no manchen los nuestros ni se ponga en riesgo nuestro estilo de vida, la diplomacia dice: “No injerencia en asuntos internos de otros países”.
b) Pero ¿y si nos toca en nuestro suelo o ponen en riesgo nuestros recursos económicos? Entonces la diplomacia dice: “Defendámonos de nuestros agresores”.
Y digo yo: después de estos dos planteamientos, ¿para qué necesitamos reflexionar más?
Por si acaso, seguid leyendo Utopía.

Deja una respuesta

Tu email nunca se publicará.

*