Para leer: Recordando a Diez Alegría

Recientemente se presentó en el centro Asturiano de Madrid  un libro sobre la vida y la obra de José María Díez Alegría escrito por Juan Antonio Delgado de la Rosa. Se trata de un libro muy bien documentado, resultado de una investigación exhaustiva realizada para una tesis sobre José María.

Delgado de la Rosa

Fue una gran satisfacción participar en la presentación de  un libro que recuerda la figura entrañable de Díez Alegría. Pero, además, en estos tiempos es muy necesario recuperar su pensamiento lo mismo en el  terreno religioso que en el social, pues muchas figuras que iban en la misma línea de José María han desaparecido,  y ese pensamiento se va olvidando. Persona popular en su momento, ocupó muchos espacios en los medios de comunicación de hace casi 40 años, pero la sociedad olvida pronto, sobre todo si se trata de algo que molesta a las cúpulas. José María molestaba por su crítica tan razonada y razonable, que impedía que se le pudiera acusar de extremista o radical.

Díez Alegría cuestionaba el capitalismo, y hoy parece que muy pocos se atreven a hacerlo. Quedan algunos restos incombustibles de un anticapitalismo radical, pero les resulta muy difícil salir del “anti”, y lanzar un mensaje atractivo para nuestra sociedad. Los actuales partidos de izquierda parece que han asumido el capitalismo y lo único que tratan de conseguir es un capitalismo “bueno”, el “Monstruo Amable”, como lo titulaba Raffaele Simone. Pero el monstruo sólo fue amable cuando lo necesitaba: necesitaba una sociedad de consumo para dar salida a los productos de su industria, y necesitaba un  estado de bienestar para compensar el atractivo de la Unión Soviética entre la clase obrera.

La realidad es que ese capitalismo amable encierra una contradicción insalvable, pero pocos lo ven… o se atreven a decirlo. El Papa Francisco es uno de los que lo ve y lo dice: “Esta economía mata”. Pero sus palabras no tienen demasiado eco.

En esa línea de  crítica del capitalismo desde la fe se mueve Díez Alegría. No es anticapitalismo visceral, viene de un medio muy conservador: padre director de una sucursal del Banco de España, sus hermanos militares… pero poco a poco va percatándose de la radical incompatibilidad de su fe cristiana con el culto al dinero y la lucha con los demás a que obliga la competencia capitalista. Su estudio de los santos padres, sus planteamientos éticos, y una mirada al mundo realmente existente le llevan a la conclusión de que el capitalismo no es admisible. Y no se trata sólo de los “excesos del capitalismo”, o del “capitalismo salvaje” como se ha dicho en algunos documentos  del Vaticano. Es el mismo sistema capitalista el que no puede aceptarse desde la fe cristiana y desde una ética humana radical.

Y José María tomaba esta postura con su profundo sentido del humor, un humor benevolente que daba a su trato un enorme atractivo. Este humor, (que se refleja en el título de algunas de sus obras: Teología en broma y en serio, Rebajas teológicas de otoño)  y su firme esperanza, le permitían situarse serenamente en la vida, lo mismo en momentos de tranquilidad que de conflicto.

Antonio Zugasti

No dejemos que se pierda el pensamiento y la figura de José María Díez Alegría. La humanidad lo necesita, y a nosotros nos vendría muy bien volver a saborear su radical compromiso ético, su humor y su esperanza.

 

  Una experiencia de

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.

*