Para leer: Memoria del frío

Memoria del frio. Miguel Martínez del Arco. Editorial Hoja de Lata. Gijón. Septiembre de 2021.

Javier Domínguez

Reescribir la historia. Uno de los empeños más perseguidos por Franco y el Franquismo ha sido y es todavía, reescribir la historia.

Primero fue  Franco y sus ministros, sobre todo  los que participaron en el Consejo de Ministros, (Fraga), que sentenció la pena de muerte de Txiki y los últimos ejecutados-asesinados en vida de Franco. Luego Alianza Popular, el partido político franquista fundado por Fraga Iribarne. Finalmente el PP, dominado por un grupo de franquistas.

Esta reescritura de la historia ha llegado a un punto en que que se discuten seriamente en el parlamento majaderías como que Lorca votaría a VOX, a los nietos y  herederos de sus verdugos.

Miguel Martínez del Arco.

Manoli del Arco

Miguel Martínez del Arco fue el hijo de Manoli del Arco, la mujer que estuvo más tiempo en las cárceles de Franco (19 años), comunista dirigente del partido y Ángel Martínez, también comunista. Salieron los dos en 1961 Se casaron y nació su hijo Miguel en 1961. Ángel fue detenido otra vez en el Estado de excepción y salió ya muy viejo y deteriorado, para morir.

Miguel, hijo de los dos, tuvo como familia verdadera a las presas políticas, con las que se crió (foto), que continuaron siendo una familia,  Mary Blázquez fue su madrina, (foto).Desde muy pequeño iba a ver a su padre a la cárcel.

Memoria del frio.

Miguel, en brazos de Mary, su madrina

Hace dos años (1919), decidió investigar históricamente la vida de aquellas mujeres con el propósito de hacer una especie de historia general. Recorrió Archivos, (el Archivo Histórico de la Defensa, el del Partido Comunista de España, el de la Fundación Pablo Iglesias), Leyó concienzudamente a los historiadores del antifranquismo, la Memoria Histórica. Entrevistó a mujeres y hombres por toda España Reunió un enorme material. Y después  de dudarlo mucho, decidió narrar los hechos cotidianos que vivió de niño, como si fueran una novela. Le pareció que así llegaba mejor  a la verdad histórica.

Paradójicamente esta ficción novelesca, que yo calificaría más de historia novelada que de novela histórica ha resultado más auténtica, histórica y verdadera que un libro de historia.

Mary Blázquez y Manoli del Arco con sus hijos

Memoria del frio. Aquel frio tremendo que recordamos los niños que lo vivimos, sin calefacción o con una estufa de carbón a la entrada. Lo llevamos metido en los huesos. Fue terrible en las cárceles, donde no había estufa. Memoria de los juicios sumarísimos, con un abogado común, muchas veces un soldado sin estudios jurídicos que tenía un par de horas para preparar la defensa de 20 o más personas, nombrado por el fiscal, que le asesoraba. Memoria de la condena a muerte en un juicio a todas luces injusto y sin las mínimas garantías. Memoria de los meses pasados en la galería de penados, el  nombre que daban al corredor de la muerte. Memoria de las sacas a las cinco de la mañana. Memoria de la descarga de fusilería y recuento de los tiros de gracia…diez y nueve, veinte, veintiuno, veintidós. Memoria de las cárceles de Franco, Burgos, Carabanchel, Málaga,…abarrotadas de putas rojas que dormían en suelo, porque en la litera no cabían más de seis. Memoria de las monjas carceleras que les quitaban a los hijos, a veces por orden del juez, para dárselos en adopción a personas decentes que les educaran. Memoria de la tortura sistemática, de las vejaciones, de las violaciones amnistiadas. Memoria de las 13 rosas, de Julián Grimau, de Jiménez de Parga, que las ayudó. Memoria sobre todo de la resistencia de un grupo de mujeres que no doblaron la cerviz. Eso es memoria del frio.

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