Mutantes del interior

Felisa y Antonio Zugasti

O nos parimos como otra especie humana, con otra conciencia y responsabilidad, o iremos al encuentro de la oscuridad                                                                                                                                                                                  Leonardo Boff 

Hace ya más de una treintena de años se formó en Francia un activo movimiento social en torno a las ideas de cambio propugnadas por el filósofo y político Roger Garaudy. Muchas personas realzaron cambios radicales en su vida. Abandonaron su trabajo, sus ocupaciones habituales, en muchos casos también su lugar de residencia, y buscaron nuevos caminos, normalmente en grupos de vida alternativa.

Pero dentro del movimiento eran conscientes de que estas mutaciones radicales no podían ser el camino obligado para todos los que comulgaran con las ideas de cambio. Por eso surgió una figura, que denominaron mutantes del interior. Son personas que siguen inmersas en su entorno habitual y con su trabajo de siempre, pero con unos criterios de vida totalmente distintos.

Ese movimiento, como tantas cosas de los tiempos postconciliares, se fue diluyendo, y realmente no sabemos qué puede quedar de él. Sin embargo la idea de mutantes del interior sigue pareciéndonos muy sugestiva, y hoy más que nunca debería ser un objetivo prioritario. Estamos dentro de un mundo tan totalmente globalizado que salirse de él es prácticamente imposible. Pero dentro de él es posible vivir de otra manera. Mutantes en el interior de ese mundo y mutantes en el interior de nosotros mismos. Cambiando radicalmente los valores y objetivos que la religión capitalista nos propone. Apostando por el valor de la solidaridad, por la cooperación frente a la competencia, la sencillez frente al lujo, el enriquecimiento humano frente al éxito profesional.

Para realizar este cambio no hay que esperar a que la izquierda gane las elecciones ni a que un Pedro Casaldáliga suceda a Ratzinger. Más bien será al revés, si esos mutantes son suficientemente numerosos, entonces ganará las elecciones una auténtica izquierda y en el Vaticano veremos a los teólogos de la liberación. Y aunque eso no llegue, cada uno y cada una podemos llevar una vida mucho más humana, más rica y más placentera.

Y hablando de placentera. Una cosa que nos parece fundamental para mantenerse como mutante del interior es tener otro modelo de bienestar, pues todos, invariablemente, pretendemos experimentar el mayor bienestar posible, ser felices. En nuestra constitución como seres humanos está una indestructible aspiración a la felicidad. El problema es que nunca han estado claros los caminos que puedan llevarnos a la felicidad.

Actualmente la “religión” capitalista, con un derroche publicitario tremendo, nos asegura que el bienestar lo podemos comprar, que nuestro grado de bienestar depe÷nde de nuestra capacidad adquisitiva. Sus predicadores continuamente nos incitan a conseguir lo que para ellos es el modelo ideal de bienestar, aquella situación en que todos los lujos, las sensaciones más excitantes, todos los placeres, todo está a nuestro alcance. Lo que pasa es que ese bienestar es totalmente insostenible. En el terreno social porque lleva a desigualdades cada vez más monstruosas, e insostenible ecológicamente porque supone el consumo ansioso y el agotamiento de unos recursos naturales limitados.

Para ser mutantes del interior es esencial tener otro modelo de bienestar. Un bienestar sostenible, algo imprescindible para conseguir un progreso humano que, de verdad, sea sostenible. Un bienestar que se base en el arte de disfrutar de la vida, apreciar, admirar, gustar la maravilla de la vida, y no enfangarnos en el afán de poseer más y más cosas sin vida. Disfrutar de todo lo que la vida nos ofrece gratuitamente a nuestro espíritu y a nuestro cuerpo, empezando por el amor y la amistad. Disfrutar de la naturaleza sin aspirar a poseerla y sin esquilmarla con un consumismo insensato.

Un modelo de bienestar que nos permita trabajar realmente por ese otro mundo posible del que tanto hablamos, un mundo más humano y realmente sostenible. Un cambio que lleve en el fondo esa llamada a la conversión del corazón que Jesús de Nazaret hace cada ser humano en cada momento de la historia.

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