Manual de buenas prácticas en torno a la alimentación

Luis Pernía (CCP Antequera)

 Los tiempos de crisis son también oportunidades para abrir caminos nuevos en todos los ámbitos, particularmente en el mundo de la alimentación. En este sentido Ecologistas en Acción-Ciudad de Málaga ha decidido crear un manual sobre consumo alimentario para proveer información sobre la producción y consumo de los alimentos.

A través de un lenguaje y formato sencillo pretende llegar a todo tipo de consumidores para que tengan así la oportunidad de seleccionar adecuadamente los productos con los que se alimentan, siendo conscientes del impacto en la salud y en el medio ambiente que implica su consumo. El valor de este instrumento son las muchas experiencias que se encuentran detrás desde mercadillos a municipios que se declaran libres de transgénicos.

Con este tipo de información se consigue que el consumo sea una herramienta de cambio en los sistemas actuales de producción, porque con cada compra se está contribuyendo al éxito o el fracaso de la salud y el medio ambiente, recordando aquello de que “somos lo que comemos”. Y ¿por qué buscar alternativas?

Porque las técnicas de la “revolución verde” o agricultura industrial se basan en aumentar el rendimiento de pocos cultivos, en la mecanización y el uso intensivo de agrotóxicos (fertilizantes, pesticidas, herbicidas) y estas prácticas, si por un lado aseguran la producción de un gran volumen de comida, por otro hacen que ésta sea cada vez menos variada y más pobre desde el punto de vista nutricional.

Pero ¿existe una alternativa real a esta situación? La solución real consiste en la fórmula contraria a la que mundialmente se aplica, es decir, que la producción de alimentos sea local y diversificada, en manos de pequeños agricultores que usan semillas locales y brindan alimentos sanos y nutritivos. Se trata de la agricultura ecológica que es un modelo de producción para la obtención de alimentos de máxima calidad nutritiva, conservando la fertilidad de la tierra y evitando la degradación de los recursos naturales (agua, aire, biodiversidad).

Una de las claves para comer bien y mantener un entorno sano y sostenible es adaptar nuestra alimentación a la temporalidad y la disponibilidad natural de los productos, evitando productos importados o exóticos. Es decir, los alimentos frescos y de temporada que mantienen plenamente todo su sabor y propiedades nutritivas. No se necesitan conservantes químicos, aditivos, empaquetado, cámaras refrigeradoras, para conservarlos en el tiempo. Con su consumo, promovemos el empleo y el desarrollo local de nuestro entorno próximo.

Otra clave es la impotancia del consumo directo. Si un agricultor vende sus cebollas a 0,07 ? el kilo, el consumidor final las compra a 1,10 ? el kilo ¿dónde está la diferencia? ¿Por qué el consumidor está pagando un 1.571% más que el precio de origen? La respuesta son los intermediarios que no sólo encarecen el producto, sino aumentan la distancia física entre consumidor y productor e introducen aspectos no deseados (lo que llaman “valor añadido”) como envases de plástico, estancia de los alimentos en cámaras frigoríficas, etc. Consumo directo significan canales cortos de comercialización que nos permiten conocer quién, dónde y cómo se han producido los alimentos que comemos.

Otro elemento a tener en cuenta es evitar los alimentos transgénicos (u organismos modificados genéticamente, OMG) que proceden de plantas a las que se les ha incorporado genes de otro ser vivo como el maíz que contiene genes de bacterias, tomate que contiene genes de peces o arroz con genes de ratón. El proceso de creación de Organismos Modificados Genéticamente está rodeado de incertidumbres y los riesgos asociados a la manipulación genética no es igual a la de los riesgos asociados a plantas mejoradas por métodos tradicionales.

Además, valorar el comercio justo que nace para garantizar que los productores de países menos desarrollados reciban un precio que refleje no sólo los costes de producción y de trabajo, sino que garantice a campesinos y productores un salario justo por su trabajo. Otros efectos colaterales son que evita la explotación infantil, promueve la participación en la toma de decisiones y el funcionamiento democrático, la igualdad entre mujeres y hombres y la protección del medio ambiente.

En cuanto al consumo de carne en España ocupa el primer lugar con el 21,4% del gasto total de nuestra cesta de la compra. Sin embargo, los expertos recomiendan un consumo moderado de este grupo de alimentos. Las principales enfermedades de nuestro mundo (cardiovasculares, diabetes, algunos cánceres) tienen mucho que ver con un exceso de carne en la dieta.

En España se consumen unos 37 Kg. de pescado al año por persona, siendo el segundo país más consumidor después de Japón. Esta gran demanda está haciendo desaparecer los caladeros de pesca del mundo. Cada vez se invierte más energía en las capturas y se buscan caladeros más lejanos, reduciendo las riquezas de países del tercer mundo. Además, más de un tercio de la pesca mundial se dedica a la producción de aceite y harina de pescado para la fabricación de piensos para el ganado y fertilizantes, en vez de utilizarse para la alimentación humana. Como alternativa a la pesca de peces salvajes se ha impulsado la acuicultura.

En relación al consumo y producción de frutas y hortalizas, en Andalucía hay una gran producción de frutas y hortalizas, siendo un gran porcentaje destinado a su exportación. Los problemas asociados a la producción de las hortalizas y frutas a gran escala son los mismos que los otros tipos de explotaciones (deforestación, pérdida de suelo y biodiversidad, contaminación del agua, etc.), sólo que el cultivo además se produce en invernaderos, que es más perjudicial para el medio ambiente.

¿Y qué decir de los huevos de gallina? Actualmente disponemos en el mercado de cuatro tipos diferentes de huevos que se diferencian por su codificación. Esta codificación nos indica la forma de cría de la gallina, pero no las crueles condiciones en las que algunas de ellas se crían, como en el caso de las “gallinas de batería”. En la codificación del huevo el primer dígito es el que nos indica la forma de cría: 0. Producción ecológica 1. Campera 2. Cría en suelo 3. Cría en jaula.

En realción a la producción de leche de vaca el panorama actual del sector de leche de vacuno español es tan crítico que el precio de la leche ni siquiera cubre los costes de producción. La importación de leche extranjera, francesa principalmente, a bajo precio y de menor calidad, se basa en una leche reconstituida (leche concentrada a la cual se añade agua una vez llega a su destino). La leche de la mayoría de marcas blancas de supermercados es reconstituida, por eso hay que evitar su compra.

Enlace de interés: Ecologistas en Acción www.ecologistasenaccion.org .

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