LA PRECARIA ECONOMÍA DE GRAN PARTE DE FAMILIAS DEL PARAJE DEL CAMPICO

Equipo de voluntari@s y trabajador@s de “El Campico”

Alcantarilla (Murcia) 

El paraje El Campico es una zona rural, situada en el extrarradio del municipio de Alcantarilla, a siete kilómetros de Murcia capital y alejada aproximadamente dos kilómetros del núcleo urbano más cercano. El barrio presenta una serie de particularidades que lo convierten en un foco importante de marginalidad y exclusión social: falta de infraestructura, aislamiento geográfico y social, condiciones socio-sanitarias muy deficitarias, ausencia de servicios mínimos, etc.

Actualmente habita en esta zona un asentamiento de población mayoritariamente gitana conformado por un número aproximado de 50 familias, que presentan en un alto porcentaje situaciones de vulnerabilidad y exclusión social grave. El acceso a los derechos mínimos de estas personas (vivienda, educación, salud, empleo y participación) se encuentra muy mermado, e intentan “sobrevivir” dentro de una sociedad que los rechaza e invisibiliza su problemática.

Una de las mayores deficiencias que condenan a estas familias a la pobreza y la marginalidad es la económica. En su mayoría dependen de ayudas económicas de la administración pública (especialmente servicios sociales) o de actividades enmarcadas dentro de la economía sumergida como la recogida de chatarra o la venta ambulante.

La elevada tasa de analfabetismo que se da en la zona y la falta de formación cualificada, unida al rechazo social y a los prejuicios que la sociedad tiene acerca del pueblo gitano, dificultan (y en muchos casos imposibilitan) el acceso al mercado laboral y el desarrollo de un puesto de trabajo mínimamente digno.

En el caso de la mujer gitana esta situación se complica en mayor grado, debido al papel que ésta juega dentro del núcleo familiar: cuidado de niños, enfermos y ancianos; mantenimiento del hogar y tareas domésticas; asunción de prácticamente todas las responsabilidades que genera la paternidad-maternidad y figura central sobre la que recae la sostenibilidad de sus hijos, su pareja y en muchos casos parte de la familia extensa.

Todas estas trabas y dificultades hacen prácticamente imposible el acceso de la mujer gitana residente en el Paraje El Campico a un puesto de trabajo. Los únicos casos que hemos tenido han sido gracias al programa de empleo para personas en situación de exclusión dependiente del Instituto Murciano de Acción Social o a la contratación por parte de entidades sociales y ONG sensibles a las situaciones socio-familiares de estas madres y mujeres. En su mayoría contratos formativos de muy pocos meses de duración que tampoco dan una respuesta real a la necesidad de acceso estable al mercado laboral.

Desde hace varios años en la zona trabajan un grupo de personas que a través de un programa integral de desarrollo comunitario intentan abordar junto con las familias estas diversas problemáticas, acompañándolos en un camino hacia la plena integración socio-laboral. A través de estas personas nació la Casa-Taller El Campico, un centro dependiente de dos entidades del tercer sector: Asociación Combasant y Cáritas Diocesana de la Región de Murcia.

La Casa-Taller El Campico representa hoy para el barrio un punto de apoyo y de encuentro, un centro abierto que respeta su estilo de vida y sus decisiones y que desarrolla su intervención y su trabajo desde las potencialidades de estas personas y no desde sus carencias, favoreciendo que la unidad familiar sea motor y sujeto activo de su propio cambio social.

De unas primeras actuaciones mayoritariamente asistencialistas (las primeras familias que llegaron al barrio se encontraban en situaciones de emergencia social con los mínimos básicos sin cubrir) se pasó al desarrollo de un programa que actualmente engloba tres proyectos interrelacionados entre sí: Atención a Menores, Atención a Familias: Acogida y Atención Primaria y por último Atención a Familias: Formación y Acompañamiento Social.

Dentro del proyecto de formación y acompañamiento social se enmarca el grupo de formación de la casa-taller, formado por 15 mujeres de la zona y que tiene como finalidad principal impulsar y promover su promoción social y su desarrollo integral a través de itinerarios de acompañamiento y acciones formativas que les permitan adquirir unas condiciones de vida óptimas y una mayor inserción socio-laboral en su medio.

Las mujeres que acuden a este curso obtienen una pequeña beca que intenta ser complemento de las ayudas o de los ingresos con los que la unidad familiar cuenta cada mes. Sin embargo esta beca suele ser poco cuantiosa (oscila entre los 80 y 120 euros, los proyectos funcionan con subvenciones que no permiten llegar a becas más grandes) e impide a las participantes dedicarse al 100% a una formación y un desarrollo que les facilite la posterior incorporación a un puesto de trabajo.

De esta manera estamos hablando de madres y mujeres que “sobreviven” durante todo un mes con unos ingresos que oscilan entre los 300 y los 500 euros (que provienen en gran parte de ayudas sociales, las pequeñas becas que obtienen a través de la formación y la rebusca de chatarra), y con esta precaria economía tienen que vivir la mayor parte de las familias de la zona. Familias de varios miembros (las parejas de la zona tienen una media de 3-4 menores). En esta época en la que nos encontramos, de consumo desmesurado e incontrolado, es sorprendente cómo estas mujeres son capaces de cubrir los mínimos básicos de su hogar y de los suyos, con unos ingresos mensuales que en algunos de los casos son ridículos (las ayudas de los servicios sociales tardan en llegar, se agotan, o no todo el mundo puede acceder a ellas, por lo que nos encontramos también con núcleos familiares que tienen que arreglarse con lo poco que da la chatarra o el curso becado en el que participa uno de los miembros).

La economía sumergida, la pobreza y la exclusión social son hoy una realidad en el barrio del Campico. Y sólo un trabajo a largo plazo, en el que intervengan las familias, la administración, las entidades del tercer sector y la población en general, permitirá que las mujeres, los hombres y los menores de la zona puedan alcanzar un nivel de vida digno.

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