LA EUCARISTÍA LA PRESIDE LA COMUNIDAD

M.ª Ángeles Comas

(CCP – Antequera)

 El Vaticano II quiso sacarnos de los vicios heredados del periodo medieval que teníamos acerca de la celebración de la Eucaristía, pero no siempre se ha conseguido. Desde los años 80 pertenezco a las CCP de Antequera (Málaga) y afirmo, sin lugar a dudas, que el camino recorrido junto a mis compañeras y compañeros ha hecho posible mi crecimiento como  mujer, como persona y como creyente.

 Y en este crecimiento siempre he tenido un sueño: alcanzar que nuestras Eucaristías las presidiera la Comunidad. Iba descubriendo que Jesús no nos había comunicado que el  “haced esto en memoria mía” tenía que ser exclusivo de un varón célibe, celebrado solamente en suntuosos y múltiples templos y que este acto fraterno de la Cena del Señor estuviera exclusivamente bajo el dominio clerical.

Retumbaba continuamente en mi mente el papel reivindicativo que en el Vaticano II se hizo de las personas creyentes como sacerdotes, profetas y reyes por el compromiso bautismal. Y cómo se realza el papel de la Comunidad como presidenta de la propia Eucaristía. Es la Comunidad quien hace memoria de la Eucaristía, haciendo ver que es una comida de todas y de todos, donde se recuerda la muerte y resurrección de Cristo.

 El Concilio había ido inculcando en nosotros esta inquietud y avivando el inconformismo, por lo que paso a paso fuimos haciendo realidad el que una mujer o un hombre coordinara la celebración, pero con la conciencia plena de que quien celebra la Eucaristía es toda la Comunidad, ya que somos conscientes de que la persona que coordina, sin la Comunidad no es nada. Sólo se le pide fe, el carisma de la prudencia y saber coordinar con humildad.

Como mujer creyente en Jesús de Nazaret y su compromiso por los desheredados de la tierra, siento el gozo y la alegría de celebrar con mi Comunidad y con las Comunidades de Andalucía el mayor gesto de amor que se ha dado en la historia.

No ansío un papel específico de sacerdotisa, sino de mujer creyente como María de Nazaret que celebra con su comunidad, junto a todos los hombres y mujeres que acuden a la celebración, porque estoy convencida de que la Eucaristía es la asamblea de seguidores y seguidoras de Jesús reunidos para oír su palabra, compartir el pan, partirse y repartirse ellos mismos y sentir con fe su presencia en medio de ellos y ellas.

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