LA DANZA DE LA VIDA

Amparo MADRIGAL

En muchas culturas el baile o la danza es más que mover el cuerpo al son de una música. Junto al sacrificio, la danza es una de las acciones cúlticas más antiguas de la humanidad. Como movimiento rítmico y extático se la ha relacionado tanto con las fuerzas creadoras como con las de orden. Es por ello que en diferentes culturas existen diversidad de mitos y leyendas que relacionan las danzas con la creación del mundo o la ordenación del mismo. Para algunos pueblos, la danza era el rito necesario para establecer comunicación entre cielo y tierra, una forma de implorar la lluvia, frenar su exceso, celebrar el cambio de las estaciones, etc.

En la cultura oriental –China, India, Thailandia, etc.-, el arte de la danza estaba estrechamente relacionado con la expresión de la armonía cósmica dado que a ésta también se le aplican las leyes de la vida y el movimiento. Para Luciano, escritor de la Grecia antigua, la danza se encuentra al comienzo de todas las cosas y vio la luz del mundo junto con Eros.

En definitiva, las danzas han sido y siguen siendo utilizadas para la celebración de momentos especiales en la vida de las personas y comunidades, existiendo una gran variedad de motivos que van desde el ritual místico –ejemplo,  el baile giratorio de los derviches–, hasta la simple estimulación de la alegría y la fertilidad en el baile del Palo de Mayo, o la exaltación del control y la fuerza en las artes marciales como la Capoeira, etc.

Las danzas religiosas han pretendido aunar la contemplación y la orientación para el buen obrar. En Valencia, España, cada año se representa durante la procesión del Corpus Christi la tradicional danza de “la Moma i els momos”. Esta danza simboliza el triunfo de la virtud sobre la tentación de los pecados capitales. El personaje de la Moma representa la Virtud, vestida como una dama de blanco, coronada de flores, con el rostro cubierto, baila en el centro de un círculo conformado por los momos (personajes que representan los siete pecados capitales que,  armados con palos, intentan someterla con astucia o por la fuerza). Esta danza simboliza la lucha cotidiana que hay que ejercitar para mantenerse virtuosos ante las pasiones de la vida.

Siempre viene bien volver a recordar el significado de esta danza, y más en tiempos que recuerdan la denuncia del profeta Baruc respecto a lo que sucedía en su tiempo. Baruc (3, 1-20), uno de los doce profetas menores,  clama turbado a Dios pidiendo perdón porque el pueblo ha pecado, vive en la falsedad y se ha alejado de la Sabiduría, la Prudencia y la Paz; y por ello ahora se encuentran abandonados. “¿Dónde están ahora los reyes de los pueblos que dominaban hasta las bestias del campo y jugaban con las aves del cielo, los que acumulaban plata y oro, que confiaban en ellos y que nunca se cansaban de acumularlos, juntaban la plata y se afanaban ella?”.

Algo similar nos pasa ahora al escuchar o leer las noticias de este tiempo. Y nos preguntamos ¿qué ha pasado con el asombroso crecimiento económico-financiero de la década pasada?, ¿qué consecuencias ha tenido el boom inmobiliario?, ¿de dónde procedía el poderío de gran parte de los asistentes a la boda de la hija de Aznar, y todos los mega-eventos que se promocionaban entonces?, ¿realmente creímos en todo aquello, era posible el consumismo sin freno?

De aquellos polvos, estos lodos, dice el refrán popular.

Hoy afloran todo tipo de fraudes, recortes en las conquistas sociales que  falsamente justifican con la frase -o acusación- de “habéis vivido por encima de vuestras posibilidades”. Pero cabe continuar preguntando, ¿dónde están los ahorros de miles de personas que creyeron ingenuamente en las promociones ofertadas por el marketing agresivo de los bancos y las cajas de ahorro?, ¿qué respuesta se les da a las miles de familias que se encuentran en el desempleo, a punto de ser lanzadas de sus hogares porque no pueden hacer frente a las hipotecas?, ¿o qué pasará cuando hayan desmantelado los servicios públicos de salud, educación, protección social?, ¿qué futuro nos espera?, ¿cuál es el camino que podemos tomar?

Y es que en la danza de la vida, todas las personas estamos expuestas al error,  somos vulnerables, débiles y en ocasiones erramos, no acertamos en nuestras decisiones y terminamos sufriendo las consecuencias de nuestras actuaciones, haciéndonos daño y generando daño y sufrimiento en los demás. Se dice que uno de los errores más importantes es la Pereza, entendida como apatía, falta de interés y vigor; indolencia, incapacidad de “con-moverse” o dejarse afectar por los retos de la vida; en este caso, la desidia al no comprometerse con el proyecto del Dios Padre-Madre misericordioso; a no comprometerse con la denuncia de las actuales injusticias, corrupciones, o negarse a buscar nuevas soluciones.

Por ello, cabe recordar los pasajes de los evangelistas que reflejan la postura de Poncio Pilato, quien,  en un acto de indolencia y populismo, entrega a Jesús para ser crucificado.  En el relato del evangelio de Juan (18, 37-38) Pilato no encuentra culpa en Jesús para ser condenado, y,  haciéndose el sordo a la respuesta de Jesús–“… para esto he nacido y venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz”-, decide no escucharle, ni descubrir la Verdad de Jesús.

¿Y cuál es la Verdad de la que dio testimonio Jesús?

La buena nueva que nos trajo Jesús es que el proyecto de Dios Padre-Madre está con su pueblo en las alegrías y las dificultades, que nos invita al banquete, a construir una sociedad de iguales derechos, en la que la violencia, la explotación y dominación de unos sobre otros no tenga cabida.

Por ello, Jesús nos invita a escuchar su voz, a unirnos a su camino, que es el camino que nos lleva a la verdad, al amor y compromiso con la justicia hacia los más pobres de la humanidad. Andar por el camino de Jesús significa transformar el corazón de piedra,  indolente al sufrimiento de la humanidad, en un corazón vivo y compasivo. Implica educarse en la lucidez y la prudencia, alcanzar la armonía, la templanza que permita mantener la coherencia en tiempos difíciles; sospechar de la apariencia de las cosas, de los discursos vacíos, del lenguaje manipulador del marketing engañoso.

En este sentido, en el camino hacia la verdad de Jesús, tendremos que practicar la danza de “la Moma i els momos”, y sortear con arte las tentaciones del errar en la vida. Porque a través de la danza se retorna simbólicamente al paraíso. Así, en la parábola del hijo pródigo, al retornar éste a la casa paterna, se celebra una fiesta en la que no falta la música ni el baile. Vivimos tiempos difíciles, en los que es necesaria la denuncia y la conversión. Y no debemos olvidar que la justicia, el amor y la alegría vienen del Dios de Jesús. Vale la pena escuchar el consejo de la Carta a los Filipenses 4, que nos invita a estar contentos, estar alegres en la construcción del proyecto de Dios.

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