La cultura de la acogida

Comunidad Ursulinas (La Calzada, Gijón)

Cuando un emigrante se establezca con vosotros en vuestro país no le oprimiréis. Será para vosotros como el indígena: lo amarás como a ti mismo, porque emigrantes fuisteis en Egipto. Yo soy el Señor vuestro Dios, que os sacó de Egipto. Cumplid todas mis leyes y mandatos poniéndolos por obra. Yo soy el Señor (Levítico 19, 33-37).

Somos una comunidad religiosa que vivimos en un barrio obrero de Gijón, La Calzada, y que desde hace varios años como congregación nos planteamos la urgencia del compromiso con el mundo de la inmigración, asumiendo sus causas y proyectos de liberación y participando con aquellas organizaciones que trabajan por sus derechos.

En este momento mantenemos una opción clara por ellos y tratamos de ser vecinas comprometidas con sus problemas. Nuestro trato es familiar y de acogida. Favorecemos que vengan a nuestra casa; procuramos hacer también de puente con otros vecinos para su mejor acogida y les ayudamos a buscar trabajo y piso. Cuando vamos a sus casas a visitarles siempre nos interpela su hospitalidad, su interés por nosotras y nuestras familias, su alegría y cariño con el que nos reciben tanto los adultos como los niños.

Reflexiones que nos hacemos desde nuestros encuentros con ellos y ellas

La realidad de la inmigración cuestiona nuestra vida, interpela nuestra mentalidad a veces cerrada y egoísta. Nos abre el oído para escuchar las necesidades de nuestros hermanos y hermanas que viven en situación de pobreza.

Su realidad sacude nuestro vivir y nos llama a compartir con ellos los bienes culturales, materiales y humanos que, aunque son para todos, siguen estando en manos de una minoría.

Los inmigrantes nos dan la oportunidad de vivir una solidaridad internacional, sin paternalismos, pues estamos convencidas que es una cuestión de justicia que los bienes destinados a todos han de ser para todos.

La presencia de estos hermanos y hermanas en nuestro país despierta en nosotras el sentido de una relación igualitaria, acogiendo las diferencias culturales. Y también nos llama a salir de nuestros pequeños espacios, de nuestros esquemas fijos y formas de actuar.

Retos que se nos plantean

Apostar por una sociedad multicultural y ecuménica desde todos los lugares donde estamos comprometidas, y especialmente en nuestra tarea educativa.

Comprometernos a formarnos y a renovar constantemente nuestro análisis de la realidad socioeconómica y política.

Potenciar las asociaciones de los propios inmigrantes.

Vivir un estilo de vida sencillo y no crearnos necesidades, en austeridad, para no distanciarnos cada vez más de ellos.

Mantener una resistencia activa de lucha y esperanza contra las injusticias y atentados a su dignidad y derechos, colaborando con todos los grupos y redes que están en la línea de la solidaridad, de denuncia y apoyo a este colectivo.

  Así dice el Señor: Practicad la justicia y el derecho,librad al oprimido del opresor,54 pag 6

 no explotéis al inmigrante, al huérfano y a la viuda,

no derraméis sangre inocente en este lugar (Jeremías 22,3).

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