LA CONCIENCIA DE CIUDADANÍA

Luz Hernáez Hierro

Comunidad Emaús. Logroño

Desahogos personales

             Opinar sobre la conciencia de ciudadanía,  la manera de ejercerla o la de hacer dejación de la misma y sobre el posible peligro de que se pretenda usurpar su legítimo y necesario ejercicio ha supuesto para mí hacer una pausada reflexión que me ha llevado a tener que puntualizar unas cuestiones previas sobre las que se asientan las opiniones que voy expresar.

            Formo parte de los millones de actuales ciudadanos y ciudadanas de este país que nacimos, crecimos, amamos y tomamos decisiones vitales dentro de un régimen político en el que no éramos ciudadanos. No podíamos expresar nuestra opinión, no podíamos reunirnos, no podíamos asociarnos y, lo que aún es más terrible, “sutilmente” se nos trató de convencer de que el que nuestra sociedad funcionara sin libertades era lo bueno y lo necesario..

Tomando la definición de ciudadanía del sociólogo B. Turner “como un conjunto de prácticas que definen a una persona como miembro competente de una sociedad”, a muchos españoles y españolas se nos ha hurtado, yo lo siento así, el ser ciudadanos, el  haber podido  participar en el quehacer social y practicar la responsabilidad cívica, política y social desde nuestra juventud. Ahora todo ha cambiado. Somos ciudadanos y ciudadanas.

 Ser ciudadano

             La condición de ciudadano requiere pertenecer a una sociedad organizada en democracia. El estatus de ciudadano no es una condición intrínseca de la persona. Para el sociólogo Salvador Giner es “el mayor logro de la civilización moderna” y “el espinazo del orden social democrático de la modernidad”.

En el año 1978 se aprobó en España nuestra actual Constitución, y nuestro país se constituye, desde esa fecha, en un Estado social y democrático de Derecho; los españoles y españolas somos, por fin, ciudadanos de pleno derecho. 

            Ser ciudadano supone asumir y desarrollar un conjunto de derechos y deberes para conseguir una convivencia libre, humana y solidaria.

            De entre los derechos de ciudadanía cabe destacar el derecho a participar en los asuntos públicos, el derecho a construir la sociedad.

El artículo 23 de la Carta Magna expresa cómo y en qué se puede participar: “Los ciudadanos  tienen el derecho de participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal. Asimismo, tienen derecho a acceder en condiciones de igualdad a las funciones y cargos públicos, con los requisitos que señalan las leyes”.

Se desprende de eso que la participación en los asuntos públicos puede tener distintos grados: desde quienes participan únicamente en las elecciones u otras consultas populares propias de toda democracia, pasando por quienes participan en la esfera pública para mejorar las condiciones de la vida democrática, hasta quienes participan directamente en cargos de gobierno u oposición.

 Sentirse ciudadano

       Ciertamente es importante vivir en un país democrático en el que las leyes reconozcan y salvaguarden los derechos de ciudadanía, pero esto no es suficiente para estar en la sociedad de manera plena.

Ser ciudadano o ciudadana activos supone tomar la  decisión personal de cómo ejercer nuestra ciudadanía, pues de ello se deriva ser o no protagonista del desarrollo de la vida de nuestras ciudades y nuestros pueblos o sólo de opinar cada cuatro años, más o menos, y dejar en otras manos la vida política común.

Sentirse ciudadano es tener la convicción de que la participación es importante, cada opinión necesaria y cada acción imprescindible.

 Ejercer la ciudadanía

 Ejercer la ciudadanía no es fácil; participar en los asuntos públicos requiere, entre otras cosas, salir de la comodidad, asumir ser protagonista del desarrollo de la sociedad, formarse y cultivar una actitud solidaria, responsable, generosa,  social.  Requiere sentirse ciudadano.

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Ejercer la ciudadanía exige agruparse, pues es la manera más eficaz de trasladar las opiniones ciudadanas y de presentar sus exigencias a los gobernantes. Compartir objetivos anima, y  con otras personas es más fácil mantenerse en el compromiso.

  Esto requiere esfuerzo, pero es imprescindible para construir una democracia participativa. Su ejercicio es enriquecedor y resulta apasionante.

            Para ejercer la ciudadanía es necesario que existan cauces formales a través de los cuales se haga llegar la opinión pública a los gobernantes. En estos momentos esos cauces existen: consejos sociales, sectoriales y ciudadanos, reglamentos de participación, foros, observatorios…

Se constata, no obstante, que se ha perdido el interés por asistir a las reuniones de estos órganos de participación, posiblemente por la composición no paritaria de estos cauces -hay más componentes de la administración que de los ciudadanos-, por el poco tiempo que media entre la citación de sus componentes y el día de la reunión, por la amplitud y la  complejidad de los temas que se tratan y, sobre todo, por su carácter no vinculante.

Construir la sociedad de la ciudadanía

 Construir una democracia participativa es tarea compleja y muy importante. En los primeros años de la democracia la participación ciudadana era más visible, más numerosa y más reivindicativa. Posteriormente, muchos líderes cívicos trasladaron su quehacer social al ámbito político, y ahora la participación de los jóvenes es escasa.

Se observa en ocasiones en los ciudadanos  cierto desencanto, apatía, desgana e incluso temor a participar, a expresarse y a ejercer derechos. ¿Qué está pasando?.

¿Podría ser porque en los últimos años el funcionamiento de los órganos formales de participación suscita serias dudas sobre el interés real y auténtico de los gobernantes en la participación real de la ciudadanía? Se dice querer la participación, pero no se propicia demasiado; a veces, incluso, se frena y  en ocasiones se “amenaza” con retirar ayudas si no se piensa como quien gobierna.

¿Tendrá algo que ver la “cautela” que muestran algunas asociaciones con la dependencia económica de las mismas con respecto a la Administración, al haberse transformado muchas de ellas en prestadoras de servicios?. Callan o “hablan bajito”, quizás porque necesitan ese apoyo económico para su supervivencia.

Posiblemente se ha perdido la convicción de que son los poderes públicos los que tienen que dar respuesta a las necesidades ciudadanas, y quizás se ha olvidado que los políticos son elegidos por los ciudadanos para gestionar sus recursos y para responder a sus necesidades.

No hay que olvidar que la democracia es el gobierno de los ciudadanos.  Una democracia participativa se construye con la ciudadanía y ninguna persona responsable debe hacer dejación de este derecho. No son pocas, aunque tampoco muchas, las personas comprometidas ya en esta tarea. ¿TE ANIMAS TÚ TAMBIÉN?.

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