Hevia y Mariángeles: al cielo desde Asturias

53 pg 27bNacho Alonso

En representación de las Comunidades de Gijón, quiero honrar, desde estas páginas, la memoria de dos personas, muy queridas por nosotros y nosotras que, en un breve espacio de tiempo, nos dejaron, al final del año pasado.53 pg 27a

 

El 6 de noviembre falleció Manuel Hevia Carriles, seguramente más conocido por los lectores de esta revista, en la que fue entrevistado hace apenas 2 años y a la que aportó alguna colaboración más.

Manolo era un luchador nato, desde el sindicato, desde el movimiento vecinal, desde la política, desde la HOAC.  Esa era la expresión de su fe en la práctica, pues como él mismo decía, frecuentemente su convicción cristiana le exigía el compromiso social y la defensa de la justicia. De mentalidad abierta y progresista, siempre se sintió cristiano de base, crítico con la jerarquía y posicionado siempre en contra de los abusos de poder, aunque estos procediesen de sectores eclesiásticos.

Su espíritu luchador le llevo a pelear hasta el último momento contra la enfermedad, que al final pudo con él. Aquella figura menuda y enérgica ya no estará entre nosotros, pero nos deja mucho bagaje, mucho ejemplo que seguir: su integridad como persona, su sensibilidad ante las injusticias, sus análisis atinados de los acontecimientos, su humor y fina ironía, su afectuosidad. Y, por encima de todo, nos queda el testimonio de su fe y su comprometida manera de llevarla a la práctica.

Sin que tuviéramos tiempo de sobreponernos al fallecimiento de Hevia, el 7 de diciembre nos quedamos sin Maria Angeles Urquía, víctima de una rápida enfermedad.

Mariángeles, que pasó en Francia su infancia y primera juventud, debido al exilio de sus padres, nació a la acción y el compromiso desde su militancia sindicalista en la CNT. Su ideología anarquista la compaginó desde siempre con un fuerte compromiso cristiano. Esta combinación hizo que estuviera siempre dispuesta a defender las causas de los más débiles. Desde el sindicato, su profesión de enseñante y su pertenencia a grupos cristianos, luchó por una sociedad igualitaria y fraterna, comprometiéndose en los tiempos difíciles de la dictadura a favor de la democracia y de la libertad y continuando, luego, inmersa en todas las causas justas, hacia las que era empujada por su gran sensibilidad. Echaremos de menos su bondad amable, sus sensatas aportaciones y la disponibilidad que mostraba para colaborar en todas las actividades que nuestros grupos llevan a cabo.

Los miembros de nuestras comunidades nos sentimos orgullosos de haber gozado de la amistad de estas dos queridas personas y de haber podido compartir con ellos la misma fe que fue el motor de su vida: la creencia en Jesús, en su Resurrección y en su mensaje de liberación.

Personas como ellos nos reafirman en la creencia de que el Reino de Dios es posible, que el “venga a nosotros tu Reino” de la oración por excelencia, se hará realidad algún día, pues el mundo se alivia cuando es habitado por personas como Mariángeles y Hevia.

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