GENIO Y FIGURA: COOPERANDO HASTA EL FINAL

Antonio Zugasti

 Muchos políticos andan dedicados a alarmarnos con lo que ellos consideran un grave problema social. Resulta que las personas mayores, muchas personas mayores, no sólo las que gozan de un suculento plan de pensiones, sino curritos de lo más corriente, vivimos muchos años. Además no se otea en el horizonte ninguna epidemia que pueda paliarlo –la gripe A fue un verdadero fiasco–, así es que el problema más bien tiende a agudizarse.

El caso es que el mundo de las finanzas, las compañías de seguros y los políticos se muestran muy preocupados porque los mayores nos resistimos a morirnos en el momento oportuno para que cuadren sus cuentas. Para ese mundo de las finanzas somos unos subversivos. Unos subversivos que queremos vivir, y vivir dignamente, cuando ya no producimos nada que pueda venderse. “Así el país no puede ser competitivo. Vamos a la ruina”.

Y hay más. Algunos pretendemos incluso no sólo percibir una pensión, sino vivir de una forma alternativa a la mentalidad y los modelos que ellos nos proponen. Un grupo de personas, en general gente con una larga trayectoria en actividades sociales de todo tipo, llegados o próximos a la jubilación, nos planteamos hace unos cuantos años cómo podíamos hacer frente a los problemas que se fueran presentando con la edad y la merma de facultades, de una forma coherente con los valores en los que siempre hemos pretendido inspirarnos.

Frente a la mentalidad que busca una solución individual y pone la competencia como la gran herramienta para conseguirlo todo, pensamos que, por el contrario, es la cooperación la que nos ofrece la mejor solución para resolver los problemas que la vida nos presenta. No nos tragamos el anzuelo que nos lanza continuamente la publicidad asegurándonos que el bienestar y la felicidad nos la van a proporcionar todos los chismes, las comodidades y la abundancia material que podamos alcanzar. Por el contrario estamos convencidos que el elemento más esencial para conseguir una vida satisfactoria y dichosa son unas relaciones humanas afectuosas y ricas. Frente al sueño de una vida burguesa, pasiva, confiados en que el dinero nos proporcionará todo lo que necesitemos, aspiramos al ideal de una vida todo lo activa que nos permitan nuestras facultades, seguros de que eso contribuye a mantener en las mejores condiciones el cuerpo y el espíritu, lo que nos proporcionará una vejez agradable y en la que continúe nuestro enriquecimiento humano.

Todo esto nos llevó hace casi ocho años a formar una cooperativa, TRABENSOL, TRABajadores EN SOLidaridad, con la que pretendíamos materializar nuestras aspiraciones: levantar un Centro de Convivencia en el cual, como dicen nuestros Principios Básicos:

“buscar en común una forma satisfactoria de pasar los últimos años de la vida… por últimos años no entendemos la etapa estrictamente final de la existencia, en la cual la edad o la enfermedad van deteriorando de tal manera a la persona que apenas puede valerse por sí misma y precisa una fuerte asistencia para atender a sus necesidades básicas.

Por últimos años de la vida entendemos una etapa, actualmente bastante amplia, en que las personas han llegado, o están llegando, al final de su vida laboral, los hijos se han independizado y, al mismo tiempo, nos damos cuenta de que nuestras capacidades para actuar en nuestro entorno se van modificando. Esto da lugar a plantearnos la conveniencia de unas profundas modificaciones en nuestras condiciones de vida para adaptarnos mejor a las nuevas circunstancias.

Pensamos que una forma adecuada de hacerlo es poniendo en común muchos aspectos de nuestra vida con otras personas que están en nuestras mismas circunstancias y tienen fundamentalmente el mismo modo de pensar.”

Materializar este proyecto no ha sido fácil. Han sido años gastados en una búsqueda agotadora de un terreno apto para nuestro objetivo y con unas condiciones asequibles. Por fin hemos conseguido uno en Torremocha de Jarama que reúne las características que buscábamos. Confiamos en comenzar la construcción a final de la primavera. Será un edificio con un diseño bioclimático donde se reducirá al mínimo el gasto de energía.

Cada socio de la cooperativa dispondrá para su uso privado de un pequeño apartamento que asegure el grado de intimidad que desee, y el Centro dispondrá de una serie de servicios y espacios comunes que esperamos sean el ámbito de una convivencia rica y satisfactoria. El apoyo mutuo y el servicio amistoso nos ayudarán a superar satisfactoriamente las pequeñas dificultades de cada día. Y si es necesario por las condiciones de la persona, la cooperativa se hará cargo con personal contratado de la atención que cada uno precise. Aspiramos a conseguir que el nombre de nuestra cooperativa sea una realidad viva: Trabajadores en Solidaridad.

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