ESPIRITUALIDAD IGNACIANA CON EMPLEADAS DE HOGAR

                                                                                    Alberto Guerrero Jesuita obrero de Valencia

Es propio del discernimiento ignaciano discernir al servicio de qué o quién actuamos, sin caer en el infantilismo de la mera buena voluntad. Como decía Casaldáliga: “si doy limosna a los pobres me llaman santo benefactor; si pregunto por qué son pobres y quiénes les mantienen empobrecidos a esa gente…, me llaman comunista”.

Un criterio ignaciano es dedicarse a quien nadie se dedica, lo que supone jesuíticamente hacerlo desde la perspectiva de las trabajadoras del hogar, de sus justos intereses, su causa y desde sus organizaciones propias para defender sus derechos y su dignidad.

Lo propio de la acción social ignaciana no sólo es samaritana en el sentido de ayudar al que me sale en el camino, sino también se siente afectada por el conjunto de atracados en todos los caminos, aunque eso requiera incidencia política, pues supone incidir en las causas y para ello presionar no violentamente a los causantes. Dado que pocas veces los asaltadores en los caminos de la historia, explotadores, abusadores y opresores dejan de hacerlo a buenas y por ética, sino por presión, como un mal menor. Eso requiere fuertes organizaciones sociales de los propios afectados, y personas para servir, anunciadores de la fe que hace justicia que debemos transmitir la fuerza, recibida como un don y una gracia inmerecida, de ese Dios liberador y dignificador que se encuentra en la defensa de los empobrecidos por aquello que ya María cantaba y se alegraba de un dios que derriba a los poderosos de su trono y encumbra a los humildes.

Mi ser –religioso jesuita obrero u obrero sacerdote–, mi acción social, mi modo de proceder de jesuita pretende en mi relación con las empleadas de hogar estar como uno más “sabiéndome que nunca seré uno de ellas”

1. Mostrarme cercano, como uno más. Mi trabajo manual me posibilita ser visto como uno como ellas, un currante más, peón especialista aunque con bastante experiencia sindical. Y formación diversa.

2. Mi militancia en el sindicato, me posibilita que me vean como un sindicalista que despierta confianza, no solo por ser sindicalista de toda la vida, sino por estar a su lado.

3. Lo más ignaciano es dejarse afectar. Mi modo de orar, contemplativo en la acción transformadora, y la lucha por los pobres contra los causantes del sufrimiento de los empobrecidos es compleja y tensa… pero yo la vivo con alegría y plena de sentido, aunque a veces no se consiga nada, al menos los pobres en mi sacerdocio obrero han visto que si en un obrero solidario compañero puede haber un cura y un religioso jesuita también es posible que haya un Dios solidario con los pobres como ella. Y descubra que si además ese cura jesuita, ¡nada menos que jesuita!, está enviado por la orden a acompañar y defender su causa es que realmente ella y su causa deben valer mucho. Pese a la insignificancia de mi propia persona enviada.

 Lógicamente defender su causa y organizarse, denunciar, provoca que los empleadores injustos o los vendimiadores de la primera hora protesten y persigan a los que les quitan su tranquilidad, su estabilidad y su religión mantenedora de su sistema.

A modo de conclusión.

Como jesuita, pienso que el criterio ignaciano es trabajar por lo pobres, con los pobres, y en mi caso como los pobres. Como un trabajador manual –mecánico– como un peón especialista más. No solo para ayudar y servir, sino para defender su causa. En sus propias organizaciones.

Eso pasa, para mí, que me siento afectado y me siento llamado a organizar a las propias trabajadoras en sus organizaciones propias, para defender sus derechos laborales y eso está mediado hoy por hoy por los sindicatos. A no ser que alguien me muestre objetivamente otras organizaciones referentes más eficaces para exigir las leyes laborales y mejorarlas, empoderando a los oprimidos.

 Busquemos en acción social espacios de discernimiento no solo para hacer cosas sino para priorizar qué debemos hacer entre las cosas buenas posibles. En esta tarea descubriremos el Buen Espíritu en su llamada que cuenta con nosotros, a pesar de no ser merecedores de ello.


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