Entrevista: Manmen Castellanos

Por Luis Pernía (CCP Antequera)

Espiritualidad y acogida

“Para mí la espiritualidad de la acogida reside en que en cada joven ex tutelado que duerme en la calle, en cada familia que se queda sin casa, en cada niño y niña que necesita un apoyo en el cole… está la llamada de Jesús a seguirle, a acoger a todos esos pequeños y pequeñas y ponerlos entre nosotros.”

 “Mis hijos y mi hija tienen la gran fortuna de estudiar en un colegio público al que asisten estudiantes de más de 50 nacionalidades diferentes entre los 200 niños y niñas del colegio; por ello, ven como algo natural que al extranjero no se le puede hacer año.”

Carmen Castellanos Paredes carmenparedes81@gmail.com es una de esas mujeres que tienen claro eso que dice Hellen Keller: “Nunca se debe gatear cuando se tiene el impulso de volar”. Natural de Archidona (Málaga), ha sido durante varios años presidenta de “Andalucía Acoge”. Licenciada en Económicas, ejerce de técnica en el equipo actual de “Málaga Acoge”. Madre de cuatro hijos, está muy implicada en el Colegio Público “Virgen de Gracia” donde se educan. Mujer valiente y solidaria, concilia su vida familiar con un trabajo permanente por las personas migrantes. Rebelde e inconformista vive la fe  en comunidad primero en las Comunidades de Base y desde hace algunos años, en las Comunidades de Vida Cristiana (CVX). 

 ¿Qué es para ti espiritualidad? ¿Cómo la entiendes?

Para mí, y más en el momento en el hacemos esta entrevista, después de casi tres meses de confinamiento con cuatro niños pequeños y teletrabajando, es tener presente a Dios en cada momento del día, yendo a nuestro interior y a lo más profundo de nuestro ser en cada situación diaria que nos encontramos. Entender que en cada segundo de nuestras vidas hay una “Presencia” en mayúsculas que nos acompaña, y esa presencia está dentro de mí y en cada ser que me rodea. 

Tu vida está polarizada hacia la acogida ¿Qué sería para ti una espiritualidad            de acogida?

En la línea de lo que comentaba en la pregunta anterior, si encontramos a Dios Padre/Madre presente en cada persona que nos rodea, no podemos hacer otra cosa que acogerla. Dios nos llama a recibirla en nuestras casas, en nuestros corazones y, al fin y al cabo, en nuestras vidas. Para mí la espiritualidad de la acogida reside en que en cada joven extutelado que duerme en la calle, en cada familia que se queda sin casa, en cada niño y niña que necesita un apoyo en el cole… está la llamada de Jesús a seguirle, a acoger a todos esos pequeños y pequeñas y ponerlos entre nosotros. El mensaje de Jesús era muy claro: “Quien no acoge a estos pequeños no me acoge a mí”.

¿Cómo explicarías la fe que ha dado sentido a tu vida o qué te dice a estas alturas de tu vida el seguimiento de Jesús de Nazaret?

Para mí, Jesús ha sido ese ejemplo a seguir en la vida, ese decirnos Dios: “Me he hecho uno como vosotros para que sepáis qué es lo realmente importante en la vida y lo fundamental”. Y, sobre todo, lo es ese Jesús de Nazaret, el de la vida oculta de esos 30 años que nadie conoce y que convivió como uno de tantos. Ese ser semilla de Dios en el día a día, en lo cotidiano. 

 En tu trabajo pones un énfasis grande en “stop rumores”, referido a las personas migrantes, ¿Cuáles son las maneras o formas que has encontrado de “deshumanizar al otro”?

Existen muchas maneras de deshumanizar a los otros, pero creo que una de las peores es la ignorancia, el hacer como que una parte de nuestros vecinos y vecinas no existen, ignorando su existencia y los problemas que puedan tener           

 ¿Qué son para ti las fronteras y las leyes de extranjería? 

Son grandes fuentes de sufrimiento para cientos de miles y millones de personas. Cuando estudiaba Empresariales, me decían que la ley está al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la ley; pues creo que en este caso la premisa no se cumple; es una ley que sirve para hacer sufrir a muchos hombres y mujeres. Esta pandemia nos ha enseñado que las fronteras, al fin y al cabo, tampoco son tan fundamentales, que somos vulnerables por muchos más factores, y, sin embargo, creo que no lo aprenderemos y seguiremos haciendo sufrir a los demás con este tipo de leyes.

 Las migraciones van seguir como el día a la noche ¿Crees que la actual beligerancia contra las personas migrantes es una crisis inventada?

Totalmente. En realidad, es una cortina de humo, es una cuestión de encontrar culpables. Al final, a lo largo de la historia ha habido muchas ocasiones en las que había que encontrar un chivo expiatorio y esto es más de lo mismo. En realidad, la cuestión sería: si tenemos recursos insuficientes, reclamemos recursos para todos y todas; pero es más cómodo que la culpa sea del que viene de fuera, del extraño, del desconocido. 

 ¿Cómo les explicarías a tus hijos aquello del Éxodo (22,20): “No maltratarás al extranjero ni lo oprimirás”?

Mis hijos y mi hija tienen la gran fortuna de estudiar en un colegio público al que asisten estudiantes de más de 50 nacionalidades diferentes entre los 200 niños y niñas del colegio; por ello, ven como algo natural que al extranjero no se le puede hacer daño. Cuando ven noticias sobre la valla de Ceuta o Melilla, no entienden cómo es posible que unos nos hagamos daño a otros, y cuando les dices que hay leyes que les impiden venir, siempre surge la misma pregunta: “Mi amiga …. o mi amigo …. ¿no podrían estar aquí?” No lo conciben, quizás por lo que nos han escuchado desde pequeños y pequeña o porque viven en un contexto de interculturalidad real. De todas formas, les diría que no se debe oprimir ni maltratar a nadie, sea de donde sea; las personas por sí mismas tienen que ser respetadas, todas ellas, simplemente por serlo. 

¿Qué son para ti las devoluciones en caliente y las muertes en el Estrecho?

Son grandes incoherencias de la Europa de los Derechos Humanos en la que vivimos. Nos llamamos y nos creemos ser un continente desarrollado y yo me pregunto cuando vemos estas situaciones: ¿desarrollado en qué? Los propios jueces de nuestra Unión Europea declaran legales las devoluciones en caliente,  les negamos a esas personas un derecho a la defensa, una solicitud de asilo,… los tratamos como si fueran personas de segunda. Y las muertes en el Estrecho creo que son la gran vergüenza de nuestra Europa; vemos cómo mueren miles de personas y no sólo no hacemos nada, sino que con las normativas que tenemos forzamos que sigan muriendo más y más. 

 Después de tu recorrido tantos años por la causa pro inmigrantes, ¿por dónde crees que deben orientarse las políticas migratorias?

Creo que deberían centrarse bastante más en trabajar la convivencia, el respeto mutuo, el compartir en barrios, ciudades y pueblos… que en controlar fronteras y utilizar a las personas inmigrantes en función de nuestras necesidades (ahora que necesitamos médicos y quien recoja las frutas, damos papeles; pero después tenemos leyes que dejan a muchas personas en la irregularidad y sin ninguna posibilidad). Creo que es necesario ir a lo más básico, a la convivencia en los barrios, a que todos y todas nos sintamos parte del mismo colegio, de la misma asociación de vecinos, de la misma asociación cultural o, por qué no, de la misma cofradía; es decir, trabajar para que todos y todas los que vivimos en nuestro país tengamos los mismos derechos y deberes, y tener derecho a la diferencia desde la igualdad de derechos. Para eso, desde las políticas migratorias tenemos que habilitar caminos seguros, que la gente no se tenga que subir en una patera o atravesar un desierto poniendo en riesgo sus vidas.

 ¿Qué sugerirías para que los inmigrantes fueran personas no con algún derecho sino ciudadanos de hecho?

Hay algo básico y fundamental, y es el derecho al voto en función de dónde vives y no de dónde has nacido o de si en tu país los españoles y españolas pueden o no votar. En el sistema democrático en el que vivimos, que seguramente es mejorable, el voto es la manera por la que las personas decidimos quiénes nos gobiernan y marcan las reglas del juego; por ello, creo que es fundamental que todas las personas que viven en un país tengan ese derecho (“Aquí vivo, aquí voto”).

Además de eso, que es un aspecto probablemente muy formal pero con una enorme carga simbólica, tenemos que hacer consciente a la gente de que tienen que participar en todos los espacios del día a día: AMPA del colegio, asociación de vecinos del barrio, comunidades de propietarios, asociaciones deportivas… La política no sólo se hace en el Congreso, también en las asociaciones y grupos en los que participamos en nuestro día a día. 

 Manmen, en tu ámbito de trabajo entra también el mundo de los menores migrantes. Cuéntame algo de ello.

Tanto para mi Asociación en general como para mí en particular, la situación de esa infancia en movimiento me está interpelando mucho. Son los grandes olvidados y diría que en algunos sectores son “odiados o marginados”, se les criminaliza y se les culpa de todo, cuando en realidad son las grandes víctimas de este sistema. Es muy triste pensar que el día que cumples los 18 años, como regalo, tengas una maleta y una puerta abierta para que te marches a la calle. Como madre, me toca especialmente el corazón; cada vez que hablo con ellos, pienso cómo me sentiría si mis hijos se vieran en esa situación el día de mañana, cómo me gustaría que les trataran. Nuestro sistema los manda a la calle sin herramientas, sin conocimientos, sin formación y, lo que es peor, en muchos casos sin ganas de seguir luchando.  Tienen toda mi admiración y están siendo grandes maestros y maestras en estos últimos tiempos en mi trabajo, además de darle más sentido que nunca a lo que hago; han vuelto a hacer brotar de mi boca el lema de “Protesta, propuesta y apuesta”. Tenemos que dar la cara por ellos, ponerles voz y conseguir que se les escuche. 

 La ONG “Entreculturas” destacaba no hace mucho la especial situación de las mujeres y  niñas: «A la dureza inherente a la situación, se une la discriminación de género y la amenaza de sufrir abusos sexuales o maltrato». ¿Cómo lo ves tú desde tu trabajo?

 Llevamos años diciéndolo: las mujeres inmigrantes son doblemente discriminadas, por ser inmigrantes y por ser mujeres; en esta época de pandemia a muchas de nosotras nos está tocando hacer triples jornadas laborales (trabajo, formación de los hijos, casa…); pero es que ellas en muchos casos carecen de redes de apoyo, de esa amiga con la que poder hablar un rato, de esa hermana cercana. Muchas de mis compañeras están escuchando historias muy duras de soledad y nos va tocar escuchar, escuchar y escuchar…, porque en muchos casos lo que más necesitan es eso, una igual que las entienda y con la que puedan sentir que no están solas. Hoy más que nunca la sororidad se hace necesaria.

El cierre temporal de todos los  CIE del Estado español marca un hito histórico: es la primera vez que sucede en sus 35 años de funcionamiento. Danos tu opinión.

Sentí una profunda alegría y satisfacción el día en que me enteré que se cerraba el CIE de Capuchinos en Málaga, un lugar de sufrimiento para las personas. Este cierre, aunque sea sólo temporal, es una alegría a medias; volverán a abrir sus puertas y seguirán siendo lo que siempre han sido, “lugares para generar sufrimiento”; no son más que eso. Esas cárceles encubiertas que se extienden por toda la Unión Europea, en mi opinión, son la gran vergüenza de nuestros países. Cuando has conocido casos y más casos de sufrimiento entre sus paredes, no puedes más que desear desde lo más profundo de tu corazón que se cierren todos, absolutamente todos, pero parece que eso está muy lejos; de hecho, están hablando de abrir un megaCIE en Algeciras en breve. 

 ¿Cuáles son para ti los retos más grandes que se nos plantean después de la pandemia en el ámbito de la acogida a las personas migrantes?

Creo que uno de los mayores retos que tenemos de ahora  es hacer frente a las situaciones  graves que nos van a ir llegando de las personas migrantes, sin mirar de dónde vengan, qué nacionalidad tengan o su situación administrativa. 

Otro gran reto va a ser, más que nunca, reivindicar a las administraciones que se hagan cargo de sus obligaciones, pero sin olvidar el compromiso que como ciudadanos y ciudadanas tenemos con nuestros vecinos y vecinas. Al fin y al cabo, eso: PROTESTA, PROPUESTA Y APUESTA, que ya comentaba más arriba. 

Y por último, creo que tendremos que preparar y educar a nuestros hijos e hijas para que sean, ante todo, buenas personas, que no piensen sólo en su bienestar sino en el de cada una de las personas que los rodean en el día a día.

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