Entre señas de identidad y retos

Luis Pernía Ibáñez (CCP Antequera)

 «En un mundo de ganadores y perdedores los perdedores no desaparecen, simplemente buscan donde ir»

 Aunque John Rawls afirmaba que para entender un mundo más justo y equilibrado era necesario cubrirse de un «velo de ignorancia», no podemos obviar nuestro contacto con la inmigración durante más de 30 años tras la gran preocupación por el qué podemos hacer y la evidencia de la complejidad de este fenómeno, su naturaleza multidisciplinar, su reciente irrupción en nuestro país, la poca visualización de sus aspectos positivos y su enfoque casi exclusivamente mercantil y policial, permitiéndonos, con humildad, dibujar algunas líneas maestras si no retos con los que interpela la inmigración. Porque, queramos o no, en el fondo es un drama humano tanto en la orilla del ellos, como en la orilla del nosotros, con el que nos tenemos que enfrentar.

 1. La inmigración va a continuar.

La inmigración seguirá como el día sigue a la noche, por varias y profundas razones. La primera es el paradigma de las diferencias entre el Norte y el Sur; solamente en el contexto mediterráneo la diferencia entre la orilla norte con relación a la orilla sur es de 90 puntos en cuanto al PNB. La segunda buena razón es que las fronteras son abordables; todas las fronteras, menos las de la mente, porque bien por el método legal del «turista» que utiliza su visado, bien por las tramas organizadas que escamotean y sortean la vigilancia policial, la porosidad fronteriza es un hecho. La tercera razón es que el mercado laboral de los países del Norte necesita a todas luces de personas que emigran, desde sectores legales que no pueden funcionar sin mano de obra barata, hasta la creciente economía sumergida, alimentada casi exclusivamente por trabajadores foráneos. La cuarta razón se fundamenta en el sentido común; cuando la globalización financiera avanza de forma imparable por el planeta, el capital comercial (bienes y servicios) y productivo (mano de obra y materias primas) se mueven con trabas; mas la propia lógica globalizadora empuja, a pesar de las leyes de extranjería, a la movilidad de la mano de obra. A medida que desaparecen las fronteras económicas, se desbordan los flujos de las migraciones.

 2. La inmigración es un fenómeno natural, no un problema.

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La emigración es un fenómeno multifacético o multidisciplinar. No solo motivado por el aspecto económico, sino en el que intervienen otros muchos factores. Pero se presenta como problema. Ahí están la patronal y los gobiernos europeos, que con la anuencia de los medios de comunicación, interiorizan en la población que Europa es una fortaleza amenazada por avalanchas de inmigrantes, dispuestos a entrar para usurpar las ventajas sociales de nuestro sistema de protección social y desplazar al paro a los nativos. Un enfoque subliminar, entre líneas, en todas las informaciones que se refieren a la inmigración, para legitimar socialmente las legislaciones discriminatorias, cuyo objetivo es servir al mercado laboral puro y duro e impedir una emigración legal.

 3. El reto de la interculturalidad.

 La diáspora del homo sapiens, iniciada hace 11.300 siglos, se extendió por Africa y Eurasia, atravesó el estrecho de Bähring hace 100.000 años, llegó a Australia y Nueva Guinea hace 40.000 años y finalmente pobló las islas de la Polinesia varios miles de años antes de nuestra era. En esta gran migración van a cristalizar las diferencias físicas de tallas, colores, formas de los ojos o de nariz, las diferenciaciones de culturas y lenguajes hasta hacerse ininteligibles unos para otros, creencias y mitos singulares, ritos, danzas, e infinidad de expresiones y figuraciones del amor, la ternura, la amistad, la cólera y el odio.

 A pesar de este viaje diacrónico que nos permite damos cuenta que somos hijos del intercambio, del mestizaje e infinitas mezclas, como siguiendo una unidad matriz del género humano, nos queda, sin embargo, la apreciación de que las migraciones modernas plantean una estrategia diferente y constituyen un proyecto distinto, de tal manera que podemos hablar de que la comunicación intercultural es mas que nunca una complicación de la comunicación en general, ya que ésta se hace aún más compleja al incluir el parámetro de la diversidad de origen o pertenencia. Efectivamente, la propuesta de una relación intercultural, tal como están las cosas, es dificil y costosa, si no imposible, porque estamos sumidos en la burbuja de etnocentrismo, prejuicios y handicaps ideológicos, que se constatan nada mas bajar la escalera.

 La comunicación intercultural se queda solo en una meta utópica que intenta comprender al otro en lo que le identifica, lo que le da significado y afecta profundamente. Una meta utópica, que a pesar de todo, como dice Bertold Brech, nos ayuda a caminar.

 4. El test de la ciudadanía.

 El marco sectorial de la inmigración ha sido desbordado claramente, y todo el mundo percibe el fenómeno como algo estructural de nuestra sociedad. Este punto de vista exige reconsiderar no pocas categorías de nuestra constitución jurídica, social y política, especialmente el estatuto de ciudadanía.

 Como indica Javier de Lucas «la ciudadanía es un sistema formal, pero también un vínculo de identidad y, sobretodo, un título de poder». Es sentirse miembro de la comunidad política, que supone la titularidad de soberanía y la atribución de derechos que van más de los derechos humanos fundamentales.

El debate sobre la inmigración se cuece en este escenario de la validez o no de la democracia, del acceso y distribución del poder, sobretodo por parte de quienes aparecen como diferentes. Si la ciudadanía se convierte en un elemento de exclusión, en algo especial, incompatible con la legitimidad democrática, en cuyo núcleo está la universalidad de los derechos humanos, es evidente que hay que discutirla y transformarla. «Las fronteras ya no sirven para poner límites a la ciudadanía», dice Ramonet, y tenemos que preguntamos sin tapujos ¿Qué es ser ciudadano en el siglo XXI?

5. Cómo combatir el racismo?

 Cuando el electorado francés en la primavera del 2002, dio luz verde a Le Pen con 20% de los votos que le permitía pasar a la segunda vuelta, no solo Francia, sino toda Europa se estremeció ante el resurgir del fascismo. ¿Otra vez los viejos fantasmas de la xenofobia y del racismo? España no es menos racista que el resto de las sociedades europeas. Pero como dicen Nair y Goytisolo: «la sociedad española es tanto como ellas, con su propio tono, sus fobias tradicionales, sus miedos y fantasmas». Si hasta hora era el gitano el chivo expiatorio de nuestras miserias, ahora lo empieza a ser el sudaca o el moro. Ahí está el último barómetro del CIS en donde la inmigración sigue apareciendo el tercer problema que más preocupa a los españoles, retroalimentado del miedo al paro, la inseguridad económica, la competencia en el mercado de trabajo, el color, el sexo, la cultura, el nombre y la religión.

 6. La inseguridad son los otros.

Hemos acabado dando la razón a Sartre cuando hablaba de que «el infierno son los otros». Porque nosotros y nuestras sociedades vivimos a caballo del miedo al diferente, al otro, como disputador de nuestro precario trabajo y bajo la presunta condición de agresor de nuestra identidad individual y colectiva, que nos roba nuestro futuro. Temor que se hace patente cuando nos cruzamos en la calle con una banda de jóvenes marginados, o el sobresalto al volver por la tarde a casa y encontramos en la calle solitaria con gente de color, o la impresión al contemplar un grupo de mujeres magrebíes que vienen de la compra ataviadas según su costumbre, o la zozobra, en fin, al escuchar en lengua árabe una discusión en la calle.

 Este el «infierno son los otros» viene a relacionarse con la delincuencia desde dos enfoques. Por un lado es el resurgir del nacional- integrism o, en todo el entorno europeo, con el denominador común de atribuir la inseguridad física a la persona inmigrante, mezclar el terrorismo, ese sucedáneo de las actuales políticas desde el 11 de septiembre, con la inmigración. Y, por otro, vincular, sin rubor, el aumento de la inmigración con el aumento de la delincuencia.

 7. Estigmatización del Islam

 Desde finales de octubre del 2001, el mundo está viviendo una situación de conflicto. No de guerra, pues esta supone una declaración oficial y la neta identificación de contendientes. Algunos la califican de «cruzada» antiterrorista mostrando con ello cúan poco hemos evolucionado desde la Edad Media hasta hoy. Quizá la mejor descripción de nuestro momento es que estamos ante una amenaza de mundializar situaciones como la de Israel o los palestinos, convirtiendo a todo el mundo en una especie de Oriente Medio, una especie de Balcanes globalizado o una gran Cachemira. Es decir, rehenes de situaciones locales o de personas en situación límite trasladadas a un ámbito planetario .

 Las religiones intervienen en el conflicto, porque ellas se expresan siempre de manera cultural. El enfrentamiento del momento actual es de un conflicto entre el Islam como cultura, y el Occidente desarrollado, entendido también como cultura. Pero un enfrentamiento donde hay más desesperación que religión, ya que en el sustrato de estas culturas se encuentra la asimetría de un Occidente desarrollado y un mundo musulmán emergente, donde la mayoría de los 52 países, en que se ubica, se encuentran en la esfera del llamado Tercer Mundo.

 8. Ascenso político de la extrema derecha

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Un titulo mejor podría ser «la crisis de nuestra sociedad», pero para mejor entendernos hay que ser recurrentes con el éxito de Le Pen, que ha venido a ser en palabras de Lionel Jospin «la descarga de un rayo». Efectivamente los resultados de las elecciones francesas, como las precedentes de Alemania (2005), Holanda (2006), Polonia (2005), Portugal (2006), y Francia (2007) no solo confirman la crisis de las sociedades europeas, sino que también ponen de relieve el ascenso de la ultraderecha xenófoba con la bandera de la preferencia nacional. Ascenso con la anuencia de gente que ha dejado de creer en el sistema; de los jóvenes que no son escuchados, de las clases medias-bajas sin expectativas y los trabajadores industriales, abocados al ostracismo y al desempleo.

 Pero la verdad de esta crisis es que se han elegido los inmigrantes como chivo expiatorio, al que hay que despeñar, como en el relato bíblico, por el precipicio, para redimir a la sociedad de sus males. Sí, los inmigrantes, parecen ser los causantes de la delincuencia, de la falta de trabajo y todo tipo de inseguridades, cabe preguntarse ¿Acaso lo será esa mujer de color que limpia la baba al anciano francés, arrinconado por su familia? ¿Los incontables inmigrantes que cuidan a personas inválidas, mayores o con Alzheimer? ¿Los obreros magrebíes que bajan diariamente a las cloacas de París para limpiarlas?

 9. La presión fronteriza en las aguas de Canarias.

La presión fronteriza Ceuta y Melilla desde hace tres años se ha trasladado a las aguas de Canarias, donde la llegada de cayucos en septiembre de 2006 no solo ha cambiado la política migratoria de PSOE 180ª grados volviendo en palabras de Vicepresidenta del Gobierno a la política «tradicional», sino que, con el soporte mediático, ha creado una alarma social ante la nueva frontera que significan las brumosas aguas saharianas, urgiendo a toda consta más dinero para el plan Frontex y el traslado de la frontera a terceros países.

 A modo de conclusión.

La emigración supondrá, seguramente, una de las señas de identidad del presente siglo, agente y promotora de cambios sociales, con el viento a favor de un mundo globalizado donde todo se mueve y se interrelaciona. En cualquier caso, el dibujo de estas líneas invita a una constante reflexión, entendiendo que las migraciones de ahora se definen cada vez menos como simple desplazamiento geográfico y cada vez más como toma de conciencia entre la realpolitk y evidencias, como interpelación entre identidad y alteridad y sobretodo como anticipo y «vanguardia de los tiempos futuros».

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