EMPLEO DOMÉSTICO

Luis Pernía Ibáñez (CCP Antequera)

 Si la realidad depende del punto de vista con el que se mire, son necesarias miradas que nos ayuden a ver, reconocer y hacer visible lo que durante siglos se apartó de la mirada colectiva. A. F. Ocón

 La mujer no nace, se hace, dice Simone de Beauvoir apelando al difícil camino que ha marcado a la mujer nuestra cultura patriarcal. Hacer surgir los valores femeninos es una tarea ardua, especialmente los que tienen relación con la política. Pues bien, en este rincón de experiencias por una dignificación de la política cabe traer a primer plano la experiencia de las mujeres del servicio doméstico en su interés en hacerse ver. Justamente en hacerse ver. Porque como dice Celia Amor, “conceptualizar es hacer política” siendo la palabra clave “visualizarse” o hacerse ver. Un anhelo que nace de su invisibilidad secular y del sistemático olvido de sus derechos en el ámbito laboral.

En este sentido cabe recordar a las más de 4.000 mujeres que se manifestaron en Granada el primer domingo de diciembre de 2009 reivindicando los derechos laborales de las mujeres del servicio doméstico, en el momento álgido de las Jornadas Feministas Estatales. Pero no fue noticia. Las organizadoras de “Granada, 30 años después” pusieron de manifiesto su indignación cuando, como dice Maruja Torres, “ningún medio de comunicación, ni hablado ni escrito ni visual mímico ni siquiera bizco, se dignó cubrir la demostración callejera”. Por lo visto alguna le había dicho: “Estas cosas hay que visualizarlas en bolas. En pelota picada. En cueros”. De haberlo hecho, no habrían faltado cámaras en torno, a la sazón. Lo que es evidente es la caída de interés del público en este terreno de tanta cercanía como es el cuidado de ancianos y enfermos y las tareas del hogar. Cuatro mil mujeres cargadas de razón y de razones que no son noticia. Algo habrá pasado, algo habremos hecho mal “los abajo firmantes” para que, tanto en política como en periodismo como en calidad moral de vida, nos hayamos ido bastante al carajo.

Pero la verdad de las mujeres del empleo doméstico sigue. En este sentido deben recordarse los kilómetros recorridos y las numerosas visitas de un grupo de mujeres de Málaga del ámbito de las ONG para conjurar un estatus mínimo para las trabajadoras del hogar. Recuerdo a Betty y sus amigas preguntado a las mujeres del servicio doméstico: ¿Tienes contrato? ¿Verbal o escrito? El contrato puede ser verbal o escrito, pero es preferible tenerlo por escrito. ¿Cuántas horas trabajas? La jornada de trabajo será de 40 horas semanales. Lo que exceda de 40 horas semanales, serán consideradas como horas extras, y se pagarán aparte. Y a las empleadoras se dirigían con otras preguntas: ¿Realizas contrato? ¿Verbal o escrito? ¿Cumples con los derechos de la trabajadora? ¿La jornada de tu trabajadora es de 40 horas semanales? ¿Le pagas las horas extras?¿Tu trabajadora excede las 9 horas diarias de trabajo como horas extras? ¿Trabaja más de 9 horas diarias? El horario no puede superar 9 horas diarias.

Eran conscientes que, elevado el empleo doméstico a la categoría de empleo emergente y, por lo tanto, a nuevo yacimiento de empleo, tras siglos de recorrido laboral sigue sin contar con una normativa laboral que califique a esta ocupación como sector de pleno derecho. En lo relativo a la normativa laboral, esta ocupación, considerada como “relación laboral especial”, cuenta con dos normativas específicas redactadas hace casi 20 y 40 años, que contienen graves discriminaciones como indemnizaciones impropias, el cobro de la incapacidad laboral atrasado, se permite el contrato verbal, no se exigen nóminas, no tienen derecho a desempleo y no cuentan con convenio colectivo, entre otras.

Pero más allá de una tabla salarial y de un status laboral mínimo estas mujeres que durante el 2009 y lo que va de 2010 han pateado la ciudad de arriba abajo han puesto de manifiesto un debate público sobre la dignidad del trabajo doméstico llevado a cabo fundamentalmente por mujeres, y en la mayoría de los casos mujeres inmigrantes. La importancia y la dignidad de un trabajo infravalorado. Precisamente cuando uno de esos problemas comunes que compartimos en mayor o menor medida es el envejecimiento de la población, el incremento de las dependencias transitorias o permanentes, las graves dificultades para conciliar la vida laboral, familiar y personal y la insuficiencia de recursos públicos o privados especializados en los cuidados tales como guarderías, centros de día, residencias para mayores, ludotecas u otros servicios familiares de los que actualmente provee el empleo doméstico. En este sentido estas mujeres han propuesto que el tema a estudiar en las próximas Jornadas de inmigración que organiza la Plataforma de Solidaridad con los Inmigrantes sea el empleo doméstico.

Un debate que pone en evidencia las imposturas laborales y políticas de nuestra sociedad patriarcal. O mejor dada la deriva, ni patriarcal ni machista, sino subpatriarcal y submachista –aunque se quiera post patriarcal y post machista– que ha adquirido nuestra sociedad y la alarmante reacción conservadora. O la hipocresía de entender el servicio doméstico como “una relación laboral especial”.

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